El Partido Republicano entra en pánico y su líder en el Congreso abandona a Donald Trump

Paul Ryan. / RR SS
Paul Ryan. / RR SS

El republicano Paul Ryan dejará de hacer campaña por su candidato a la Casa Blanca, si bien por ahora no le retira su voto. Trump, por su parte, pide a su colega de partido que deje de perder el tiempo luchando contra su candidatura frente a la de Hillary Clinton, que sigue por delante en los sondeos.

El Partido Republicano entra en pánico y su líder en el Congreso abandona a Donald Trump

El Partido Republicano entra en pánico y teme perder el control del Congreso. Tanto es así que el propio líder de los republicanos en el Congreso, Paul Ryan, decidió abandonar a Donald Trump. Dejará de hacer campaña, si bien por ahora no le retira su voto. O muere o se retira. El destino de Donald Trump tiene en vilo a su partido, el republicano, en absoluto estado de pánico, agravado con cada palabra y acción de quien les representará en los comicios del 8 de noviembre. A 29 días para el gran evento, el Partido Republicano ya no sólo se preocupa por cuáles sean los resultados de las votaciones -en las que de hecho temen que su candidato sea el ganador- sino en el polvo radioactivo que podría llevar a mutaciones en el Congreso, integrado por el Senado y la Cámara de Representantes.

Tras el último escándalo de Trump -ese dichoso vídeo en el que se le ve haciendo comentarios machistas y misóginos- la situación ha tomado un camino sin retorno. Se llegó a rumorar a que se retiraría tras el bombardeo sufrido, pero nada más lejos de la realidad. Se presentó al debate de CNN en San Luis, Missuri y lo hizo esquivando cada referencia al material audiovisual. "¡Basta! Donald Trump no debería ser presidente. Debería retirarse", escribió Condoleezza Rice, secretaria de Estado en la administración de George W. Bush. Rice se ha ganado el respeto de la militancia conservadora y sus palabras dejan en evidencia el sentir del partido. La pobre imagen de su representante, unida a la casi igualmente pobre de Hillary Clinton, hace temer a todos en el Gran Viejo Partido (GOP, por sus siglas en inglés) que muchos de los que estaban indecisos hayan decidido no ir a votar, decisión que prácticamente sentenciaría esos no votos en favor de Clinton, que es quien hoy por hoy encabeza las encuestas. A Rice se han unido otras importantes figuras de la agrupación, como el actor y exgobernador de California, Arnold Schwarzenegger. "He sido un orgulloso republicano desde que llegué a América en 1968 (...), pero hay una etiqueta por encima de la de republicano: estadounidense, y quiero recordar a mis compañeros republicanos que no solo es aceptable elegir al país por encima del partido; es vuestro deber", comentó el austríaco, quien junto a John McCain, candidato republicano en 2008, han sido los más recientes en darle la espalda a Trump.

La cuestión es que sus números y su imagen entre el público han dejado ir balas perdidas también al partido. Sus acciones podría perjudicar directamente al partido, que controla cómodamente la Cámara de Representantes y el Senado, aunque esta última por apenas unos cuantos escaños. Con muchos de sus líderes y más importantes seguidores abandonando la nave, los altos mandos del partido temen no sólo ver a una de sus grandes némesis en la Casa Blanca, sino que encima arriesgarse a perder el imponente control que mantienen tanto en la Cámara Alta como la Baja.

Recientemente el presidente del Comité Nacional Republicano (CNR), Reince Preibus, ordenó que se cancelara toda la publicidad de Donald Trump que fuera a nombre del partido. A la vez, Preibus pidió que todos los fondos recaudados para su candidato presidencial se destinaran, en cambio, para las campañas de los senadores. El titular de la máxima autoridad del partido dando la cuchillada a Trump refleja que la situación del GOP ha llegado a su cúspide. El partido entero prácticamente ha tirado la toalla y tan sólo Rudolph Giuliani, exalcalde de Nueva York, le da un poco de cariño.

Del otro lado viene pisando fuerte Hillary Clinton. La exprimera dama es una de las figuras más odiadas en los campamentos conservadores y la sola idea de tenerla como presidenta causará no pocas pesadillas en los republicanos. Sin embargo, visto el temor que sienten a su propio representante, parece que han logrado vencer el orgullo y resignarse a que es mejor darle la Casa Blanca a una persona de historial sucio y moral dudosa antes de a un hombre que no tiene estribos, diplomacia ni sentido común. Las encuestas le dan un 47.5% de los votos a Clinton contra un 42.9% al hombre de las bienes raíces. Muy lejos queda Gary Johnson, del Partido Libertario, con un porcentaje que no alcanza ni el 0.5%. @hmorales_gt

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