Pablo Arangüena, un político ejemplar al que teme la corrupción financiera

Pablo Arangüena, abogado.
Pablo Arangüena, abogado.

De una denuncia de este abogado coruñés surgió el proceso por el cual han sido imputados recientemente otros cuatro altos cargos de Novacaixagalicia, y ya suman nueve.

Pablo Arangüena, un político ejemplar al que teme la corrupción financiera

Pablo Arangüena es un joven abogado coruñés, militante socialista, de aspecto inglés ochentero, con un aire entre el personaje de Sherlock Holmes por su retórica y el del Inspector Gadget por su inseparable gabardina en los días lluviosos, en ocasiones despistado pero con buen verbo cuando se lanza a hablar, y que hace años pudo haber "sacrificado" su profesión -como muchos otros "jóvenes socialistas" hicieron en su día- por vivir del cuento político a costa de las arcas públicas. Cuento feliz mientras dura pero que torna en desgracia cuando el pueblo decide que no te quiere ver más en su administración y te echa sin piedad de ayuntamientos, diputaciones, parlamentos autonómicos y Cortes Generales, para devolverte a la dura realidad de la calle, esa que en la mayoría de los casos se te había olvidado mientras en el membrete de tu correspondencia figuraba un trato del estilo: Excmo. Sr. Alcalde, Sra. Concejala, Sr. Diputado, Sra. Vicepresidenta...

Afortunadamente, Pablo Arangüena, firme partidario del ideal desgraciadamente tan escaso de que "la política no es ni un trabajo ni un oficio, sino una dedicación temporal y complementaria", rechazó la idea de tirar por tierra su carrera y años de su profesión, y decidió continuar creciendo laboralmente. Cuestión gracias a la cual está logrando servir a los intereses de Galicia más de lo que cualquier político está haciendo hoy en día.

De una denuncia suya ha surgido todo el proceso judicial que hace un par de días anunció la imputación de otros cuatro altos cargos de Novacaixagalicia. Ha sido la única persona dentro de la política que se ha atrevido a utilizar las armas jurídicas, algo que él conoce a la perfección, para realizar algo que la sociedad viene clamando desde el inicio de esta crisis económica: sentar en un banquillo a los principales responsables, esto es, a los directivos de entidades financieras. Da igual el motivo: la estafa de las participaciones preferentes, la estafa de las jubilaciones millonarias... cualquier excusa es buena y coherente ya que sumadas forman parte del “todo” que constituye la principal causa de la crisis: la avaricia del poder financiero.

Y todo esto Pablo Arangüena lo hizo, eso sí, manteniendo viva su participación política. Optó hace dos años a formar parte de la candidatura socialista al Senado por la provincia de A Coruña. Pero aún habiendo ganado la elección democráticamente en su agrupación local, una de esas típicas maniobras de "ahora me ves, ahora no me ves" orquestada en la dirección provincial del partido, entonces encabezada por el hoy imputado Salvador Fernández Moreda, sustituyó a Pablo Arangüena por el ex-alcalde coruñés Javier Losada, quien venía de perder las elecciones municipales meses antes, alegando que este último podría tener “mayor tirón” que el abogado entre los votantes de la provincia. El senador socialista perdió en esas elecciones más de 80.000 votos. La tercera parte de los que había conseguido él mismo en las anteriores elecciones generales.

A Pablo, tras haberlo sustituido por Javier Losada, le ofrecieron la opción de ocupar otros puestos en las listas. Pero él rechazó esos jugosos premios de consolación sin hacer mucho ruido ni optar por otras vías para resolver la injusticia a la que había sido sometido por la oligarquía del partido, porque al fin y al cabo "la política no es ni un trabajo ni un oficio, sino una dedicación temporal y complementaria", y el tiempo y la ciudadanía electora acaban poniendo a cada cual donde se merece.

Como compañero de partido, conozco bien a Pablo Arangüena. Dentro de lo político hemos tenido nuestras diferencias. Hemos discutido mucho y en ocasiones muy acaloradamente por distintos motivos. Unas veces tuve yo la razón, y otras las tuvo él. Unas veces nos hemos enfrentado a nivel orgánico, y otras hemos compartido proyecto. Probablemente hasta nos hemos llamado de todo. Pero en otras ocasiones, como cuando algunas personas quisimos forzar un proceso de primarias para elegir al candidato del PSdeG-PSOE en las pasadas elecciones autonómicas gallegas, pude contar con su solidaridad desinteresada y asesoramiento en temas orgánicos. Y en conocimiento puedo decir que es de las personas cuyo objetivo es “limpiar y dignificar la política”. Como demuestra su participación en la corriente interna “En Positivo”, apoyada hasta su fallecimiento por el histórico socialista gallego Ceferino Díaz.

Fuera del ámbito político puedo decir que es de las personas con las que gusta compartir momentos. Como buen gallego es amante de la buena gastronomía y de la naturaleza. Y sobre todo una persona tremendamente solidaria, que si te puede ayudar, te ayuda, si la cuestión es luchar por una causa justa.

Si todos los políticos tuviesen el mismo empeño y valentía que Pablo Arangüena en realizar lo que la sociedad les clama a gritos, y poner ante la justicia a quienes son los principales responsables del problema económico que estamos viviendo, en lugar de cubrirse unos a otros como desafortunadamente hacen, estoy seguro que otro gallo nos cantaría... 

Pablo Arangüena, un político ejemplar al que teme la corrupción financiera
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