La ofensiva de Trump contra España por el gasto en defensa: ¿presión o castigo?
Donald Trump ha vuelto a convertir a España en blanco de sus ataques. El presidente estadounidense, que ha impuesto como objetivo para los aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) un gasto militar equivalente al 5 % del PIB, no ha dejado pasar la oportunidad de señalar públicamente al Gobierno de Pedro Sánchez como el único que se resiste abiertamente a ese compromiso. En una rueda de prensa improvisada en la Casa Blanca, Trump redobló su presión sobre Madrid, reiterando que España “acabará cumpliendo, garantizado”, después de que esta semana en la cumbre de la Alianza Atlántica haya dejado caer una posible represalia comercial con la duplicación de aranceles a los productos españoles.
La tensión con España se enmarca dentro de una estrategia de confrontación más amplia de Trump con los países que considera que no están asumiendo su “parte justa” en la defensa colectiva. Pero en el caso español, el choque adquiere un cariz particular: se trata del único país que, aunque firmó la declaración conjunta de la cumbre de la OTAN en La Haya, se ha negado a asumir el gasto del 5 % del PIB. La posición del Ejecutivo español, que defiende un gasto del 2,1 % como suficiente para alcanzar los objetivos operativos pactados con la Alianza, ha irritado profundamente a Washington.
El presidente, que ha convertido el cumplimiento del gasto militar en un test de lealtad con la OTAN bajo su liderazgo, considera que España “intenta ir de gorra”. No es la primera vez que emplea ese lenguaje despectivo para referirse a aliados que, a su juicio, se benefician del paraguas militar estadounidense sin pagar lo que les corresponde. Esta semana, Trump ha amenazado también con represalias comerciales a Canadá, rompiendo las negociaciones arancelarias por un “impuesto digital” similar a la que impone la Unión Europea.
El contexto es crucial. Trump está inmerso en una ofensiva de presión económica con una doble finalidad: por un lado, consolidar su imagen de líder fuerte que exige responsabilidades a sus socios; por otro, recaudar ingresos mediante aranceles, que él mismo ha presentado como una fuente de financiación para el gasto interno estadounidense. En este marco, España se ha convertido en un chivo expiatorio ideal: un país que históricamente ha estado por debajo de los objetivos de gasto en defensa y que ahora pretende cumplirlos de forma gradual, y no bajo la presión inmediata de Washington.
El pulso entre Sánchez y Trump
Moncloa, por su parte, ha jugado una arriesgada partida política. Al antagonizar con Trump durante la cumbre de la OTAN, el Gobierno de Sánchez buscaba desviar la atención mediática de la escena política interna, marcada por la corrupción y las tensiones parlamentarias. La apuesta era clara: convertir el desacuerdo con EE UU en una batalla de principios, donde España defiende un modelo de defensa racional, proporcional y soberano. Sin embargo, esta estrategia puede tener un coste elevado si Trump insiste en utilizar los aranceles como herramienta de castigo.
El propio presidente estadounidense lo ha dejado entrever: si España no paga por su defensa, lo hará “a través del comercio”. Y en su relato, no hay matices sobre compromisos plurianuales ni sobre cláusulas de revisión. La lógica es binaria: o se cumple el 5 % ya, o se pagan las consecuencias. El problema es que ni España —ni buena parte de la OTAN— contempla de forma realista ese objetivo a corto plazo. De hecho, incluso dentro del compromiso firmado en La Haya, se contempla que hasta un 1,5 % de ese 5 % no sea estrictamente inversión militar directa, lo que deja amplio margen para interpretaciones flexibles.
Lo que preocupa en Madrid es que Trump, conocido por su obstinación, no deje pasar esta afrenta. Su historial demuestra que cuando un tema se convierte en una obsesión personal, lo explota durante meses o incluso años. Aunque España haya ganado tiempo con una declaración ambigua y sin compromisos vinculantes a corto plazo, nada garantiza que el presidente estadounidense no continúe agitando este asunto como parte de su visión de la política exterior. @mundiario