Monedero abandona la primera línea del partido para diluirse entre la plebe

Juan Carlos Monedero.
Juan Carlos Monedero.

Algunos analistas aprecian hartazgo o depuración. Este autor advierte un movimiento táctico calculado. Sobre todo por la inmediatez del debate electoral y el pretendido lastre que arrastra.

Monedero abandona la primera línea del partido para diluirse entre la plebe

Algunos analistas aprecian hartazgo o depuración. Este autor advierte un movimiento táctico calculado. Sobre todo por la inmediatez del debate electoral y el pretendido lastre que arrastra.

Observaciones sobre los entresijos políticos de la semana (I). Comienzo mayo con esta cabecera común. En ella centraré mis acotaciones políticas, al menos, hasta las elecciones municipales y autonómicas. El objetivo que me propongo es diseccionar, desde mi punto de vista, dichos y hechos efectuados por prebostes -con mayor o menor transcendencia- de la vida nacional. No tienen por qué estar ligados a partido alguno. Pueden constituir otros entornos cuyas resoluciones afecten de manera notable al ciudadano. Supone una fórmula particular de síntesis semanal (elemento clave) de la crónica política. 

Un hecho mediático, que no social ni mucho menos sustantivo, lleva días abriendo telediarios y alimentando tertulias. Sorprendentemente, Juan Carlos Monedero abandona la primera línea del partido para diluirse entre la plebe. Renuncia al vínculo universitario y se acosta a quienes, con toda probabilidad, otros líderes juzgarían lumpen. Algunos analistas aprecian hartazgo o depuración. Al contrario, yo advierto un movimiento táctico muy calculado. Sobre todo por la inmediatez del debate electoral y el pretendido lastre que arrastra. Si bien su proximidad al régimen venezolano, desde tiempo atrás, y la extraordinaria minuta asesora -factor de sospechas- no se ciñen a él en exclusiva. Existen reseñas y documentos gráficos por los que Pablo Iglesias, junto a otros destacados miembros de Podemos, adjudicó lisonjas o pautas diversas a los gerifaltes de aquel país. Alguno, además, presenta oscuras relaciones con la moral pública.

Ocurre que, como ya enunciara meses atrás, Podemos se nutre de un voto inestable y volátil. Ofreciendo el cielo como botín de conquista, su techo no llega al millón y medio. Con galas socialdemócratas, moderadas, pierden un millón de extremistas y ganan un millón de crédulos. Es decir, mantienen un equilibrio traumático, una quimera adosada absurdamente a su realidad gratuita, pueril. Pero es que no hay más. Ciudadanos, PSOE e IU, ocuparán el espacio al que ellos renunciaron de primeras. Ahora, pese al señor Monedero, ya es tarde. Contra la inescrutable dinámica social no cuentan arrogancias ni vanidades.

Aparecieron, asimismo, revelaciones que invitaban al déjà vu. Que Federico Trillo y Martínez Pujalte, ambos diputados, cobraran sustanciosos emolumentos por asesorar a la misma empresa, genera recelo -hasta indignación- aunque tal actividad fuera legal. El error consiste en creer que el político queda redimido de mancha si cumple la ley, obviando el ejemplo ético. Es un escenario tan curioso que se va agravando de forma proporcional a los esfuerzos por invocar su honorabilidad. Todavía peor cuando la clase política (casta para otros, cada vez menos cristalinos) se encuentra ayuna de crédito. Vana es la confesión e inexistente el indulto ciudadano. Políticos y memoria son divergentes. Se acuerdan de Santa Bárbara solo cuando truena. Compensa semejante coyuntura el olvido contumaz que cultiva el pueblo español.

La anécdota imprevista vino de Susana Díaz. Olvidado el viejo ábaco que la llevó al yerro electoral -en un cálculo ingenuo- avista la segunda vuelta como tratamiento saludable y lenitivo. Podemos y Ciudadanos le causan terribles molestias, hondos sufrimientos. A ninguno le conviene atarse a un partido que transpira fracaso por todos los poros de su piel. Ni siquiera les satisface el sacrificio del señor Griñán, en el ara, para congraciarse con quien redima la investidura. Podemos, a la vez, pudiera encarnar un Caballo de Troya mortal, concluyente. Mi ardor solidario me incita a concebir pena por la señora Diáz. Pobre, siente el declive nacional antes de disfrutar el albor andaluz.

Pedro Sánchez o el PSOE, que tanto monta, no se cansa de desplegar una estulticia innecesaria. Ahora va y declara que hará pactos con todos, excepto el PP y Bildu. ¿Qué oportuno e inteligente estratega rumió semejante barbaridad? Omiten en qué caverna salvaguardan su doctrina, arteramente antitética. Caminan rectos hacia el estadio testimonial. Reclamamos menos insensateces y más propuestas que conduzcan, por fin, a ambas siglas mayoritarias a una eficaz Política de Estado.

El PP pelea con empeño para conquistar un trofeo muy reñido: el cetro del desatino. Llevan meses blandiendo una bonanza económica que nadie, salvo ellos, avista. Es incontestable el exiguo aumento del empleo, del PIB, la alegría suicida del consumidor, etc. ¿Alguien ha estimado cuánto va a incrementarse la deuda pública y los impuestos a partir del próximo año? ¿Observan que todas las obras, paradas durante tres años, se encuentran en plena vorágine? Digo, afirmo, que no es oro todo lo que reluce. Me recuerda el debate Solbes-Pizarro -sin dichos personajes- con los papeles cambiados. Entre tanto el PSOE gasta su munición en la rancia amnistía fiscal. ¡Qué poca creatividad! De pena.

Salvo de esta aridez, únicamente en parte, a Ciudadanos e IU. Aquel tiene un discurso moderado, pragmático, eficaz. Debe, no obstante, mostrar una infraestructura firme porque, hasta el momento, el peso lo lleva Albert Rivera. Nunca puede gobernar un partido que ofrezca tan escuálida representación. Deja al descubierto verdadero tufo de cesarismo, aún no usufructuado por los rivales, que choca o desmerece en un sistema democrático, incluso a fuer de formal. Con pequeños retoques constituye vigorosa alternativa de gobierno. Izquierda Unida puede desaparecer, a poco, en la confusión o revitalizarse si encuentra pronto el camino correcto. Es el espacio de la izquierda belicosa pero demócrata. Tiene un trabajo urgente y delicado.

Dentro del maremágnum lamentable vivido esta semana, y que alcanzó el clímax con las declaraciones del ministro Catalá, destacaremos una isla de elogio y bien hacer: la impecable respuesta del gobierno ante la catástrofe de Nepal.

        

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