El legado político de Berlusconi en Forza Italia y el futuro del partido en el aire
El partido de centroderecha que fundó hace 30 años se queda sin sucesor inmediato, y su destino podría complicarle las cosas al Gobierno de coalición de Meloni.
La figura de Silvio Berlusconi, fallecido este lunes a los 86 años tras luchar contra una leucemia crónica, es la de un político influyente que ha marcado la historia de la Italia de la posguerra al estar al frente del Gobierno italiano en unas tres ocasiones. El magnate es un empresario de éxito, peso pesado en el mundo del fútbol, fundador de un imperio mediático y que ha saturado la escena pública con su personalidad desbordante y los excesos de la vida privada que han cubierto los titulares de la prensa durante décadas.
Pero la influencia política de Berlusconi es innegable, especialmente cuando se trataba del fundador de Forza Italia, un partido creado en la década de los 90, que alcanzó el dominio del espacio de la centroderecha liberal y que se vio sumergido en el declive electoral. Berlusconi se resistía a nombrar a un sucesor político, que fuera capaz de extender la vida útil de su partido y completara una transición para desvincularlo de la figura del magnate, incluso cuando su edad avanzaba y su salud se veía comprometida.
El destino de Forza Italia está en el aire, pero debe continuar por el bien de la estabilidad italiana, pues representa todavía un pilar fundamental de la política al ser la tercera pata del Gobierno de coalición con dos formaciones de ultraderecha de la primera ministra Giorgia Meloni. Ahora es una cuestión desconocida si la formación tendrá futuro sin Berlusconi, o si alguien tiene la intención de dar el paso al frente para salvar el proyecto. Aun así, no hay certeza de que el que coja las riendas del partido consiga continuar con el legado.
Berlusconi se abrió paso en la escena pública italiana a través del mundo de los negocios, pero en 1993 fundó Forza Italia, como uno de sus muchos frentes de poder que vendrían de la mano con su emporio mediático. La transformación al mundo de la política se consumó cuando su partido comenzó a disfrutar de gran apoyo electoral, para adaptarse a los distintos contextos del momento, alianzas y refundaciones con el paso de los años.
El objetivo de Berlusconi se consolidó con creces, el éxito de su partido le llevó a estar frente al Ejecutivo italiano durante al menos tres periodos. Pero todo tuvo su final con la imputación por fraude fiscal y sobornos que lo abocaron a una sonada dimisión en 2011, después de su largo historial de controversias y excesos. La renuncia de Berlusconi coincidió con el apogeo del Movimiento 5 Estrellas, y entonces el magnate se dedicó a mantener con vida a un partido que se desangraba en cada elección.
Ahora la comandancia del partido es incierta. La formación tiene facciones que llevan años enfrentándose entre sí para obtener el beneplácito de Berlusconi para tomar decisiones. Por un lado, de buenas a primeras emerge el nombre de Antonio Tajani, actual coordinador de Forza Italia y vicepresidente del Gobierno y ministro de Asuntos Exteriores. Se trata de uno de los hombres de máxima confianza en el entorno de Berlusconi, pero ha perdido algo de peso interno en las disputas entre sus propias filas.
La otra opción obvia sobre la mesa sería mirar hacia la vida privada de Berlusconi, especialmente a su última pareja, la también diputada de Forza Italia Marta Fascina, de apenas 33 años, que había comenzado a darle forma a la cúpula del partido y se ha convertido en pilar de las decisiones políticas, incluso ha logrado desplazar a figuras fuertes y beneficiar a los que siguen su línea de acción. @mundiario




