El largo viaje del tiránico 'ordeno y mando' al 'ordeño y mando' teñido de democracia

El inconfundible gesto de manos de Merkel
El inconfundible gesto de manos de Merkel.

Los Estados de Derecho se han convertido en establos de vacas fiscales humanas, ay, que pastan en bucólicos decorados democráticos de cartón piedra. Un análisis alternativo.

El largo viaje del tiránico 'ordeno y mando' al 'ordeño y mando' teñido de democracia

Te miras al espejo, vísperas de primavera de 2014, y no se refleja el rostro de un ser humano, sino la mirada perdida, sumisa y resignada de una “vaca lechera”. No es la paradigmática y estremecedora metamorfosis de Kafka, aunque algunos de ustedes se hagan ilusiones y pajas mentales sobre insondables enigmas endógenos del homo sapiens. Sólo es la bucólica radiografía de una cabeza de ganado, entre siete mil millones que conforman la cabaña de “un mundo feliz” Huxleysiano, cuya única aportación a la evolución de las especies ha sido caminar sobre dos patas, ¡hale hop!, en vez de seguir haciéndolo sobre cuatro.

¡Tanta filosofía griega, tanto imperio romano, tanto Espartaco, tanto Renacimiento, tanta guillotina, tanta Ilustración, tanta revolución de octubre, tanta alfabetización, tanto informe Pisa, tanta Declaración de los Derechos Humanos, tanto Mayo francés, tanta Civilización, tanto cuento democrático, para acabar reduciéndolo todo a las cuentas de la lechera! Esa lechera de toda la vida que, en Europa, circunstancialmente, se llama en la actualidad Ángela Merkel. Para este viaje colectivo de la humanidad, no hacían falta alforjas. Para convertir eso que llaman rimbombantemente Estados de Derecho, en meros establos de millones de contribuyentes a los que ordeñan todos los días de sus vidas, no hacía falta este aparatoso y costoso decorado de cartón piedra Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Pero, claro, si la vaca lechera propiamente dicha se ha demostrado que responde favorablemente a los relajantes estímulos de un “hilo musical”, ¿por qué no aplicar la música celestial de la democracia a la “vaca fiscal” humana?

Rebaños humanos, ministros capataces y presidentes rancheros

¡Reconozcámoslo con humildad, señores! Nos pone cachondos que nos llamen ciudadanos, aunque en la intimidad nos embarguen serias dudas sobre nuestra naturaleza. Nos venimos arriba cuando nos proclaman el pueblo soberano, je, perdona que  me dé la risa, aunque nuestra autoestima colectiva lleve años, décadas, siglos por los suelos. Llamamos Ministros de Hacienda a tipos como Cristóbal Montoro, que en el lejano Oeste de las pelis sería simplemente el rudo y sumiso capataz de uno de aquellos ranchos tipo La Ponderosa (siete caballos vienen de Bonanza, ¿te das cuen…?) Llamamos Presidentes del Gobierno a tipos como Mariano Rajoy, que en realidad sólo hace el hierático papel del venerable Ben Cartwirght, ¿recuerdas?, con sus empalagosos hijos reencarnados en Jorgito Moragas y Alvarito Nadal,  siguiendo a rajatabla el guión establecido por Bruselas. Llamamos inspectores de Hacienda (1.800 en toda España) a rústicos vaqueros que vigilan el ganado de dos patas, que devuelven al buen redil a decenas de miles de anónimas e inofensivas vaquillas descarriadas y casi nunca pillan a los grandes “cuatreros” de leyenda urbana, con nombre propio y alguna que otra cuenta en Suiza. Y, bueno, llamamos Agencia Tributaria, a un modelo innovador de ordeño humano en serie, en masa, indiscriminado, despersonalizado, desalmado, que representa, en el ámbito de la explotación fiscal humana, el mismo hito que la máquina de ordeño de Colvin incorporada a la explotación láctea del planeta Tierra: extrae hasta la última gota de leche de las cabezas de ganado marcadas por los hierros de las distintas ganaderías domesticadas nacionales.

Hemos pasado del “temor a Dios” al temor al Fisco

Esa es la cuestión, ladys and gentlemen. La Iglesia, como todo el mundo sabe, prevaleció en la historia fomentando el infalible “temor a Dios”. Y el oligárquico Poder actual, encubierto bajo sacrosantas sotanas democráticas, pretende prevalecer fomentando el “Temor al Fisco”. Yo, porque no mando en el Vaticano, sino le interponía una demanda a todos los Estados que no han respetado su copyright. No, de verdad. Han hecho de Hacienda un plagio artificial de Dios que, a los ojos del indefenso común de los mortales, todo lo ve, todo lo puede, está en todas partes y puede condenarnos al infierno en el más acá, sin necesidad de esperar siquiera a que lleguemos al más allá. Un Dios recaudador, injusto, desproporcionado, en torno al cual han desarrollado una perversa religión seglar en la que no existe el perdón, no te salvan los actos de contrición, se persigue a los pecadores veniales hasta el último euro de supervivencia y se van de rositas sonoros y sonados pecadores mortales del IBEX 35 y sucedáneos, escribas, fariseos y mercaderes del Templo de eso que llamamos democracia, a los que ningún Mesías se atreve a expulsar a latigazos.

Conmigo que no cuenten los Montoros, los sumos sacerdotes de la cosa, para tragarme sus cuentos y sus cuentas. Si no saben lo que le están haciendo a tantos centenares de millones de indefensos y acorralados seres humanos, es que son gilipollas. Y, si lo saben, pueden imaginarse lo que pienso de sus madres, aunque no ponga en duda que sean unas santas. A los ciudadanos ejemplares, esos fieles devotos que practican la catequesis fiscal en las tertulias, durante los cafelitos, que les den por donde la espalda pierde su noble nombre ¡Menuda banda de cínicos, oye! Los que cotizan apelando a la conciencia ciudadana, lo hacen porque tienen más miedo que vergüenza. Y los sepulcros blanqueados que se rasgan las vestiduras ante los evasores, son paradigmas de la envidia nacional que nos corroe cuando alguien hace lo que estamos deseando hacer nosotros.

Menos expertos en recaudación y más expertos en redistribución

Claro que el hermoso concepto de la recaudación justa, como piedra filosofal de una redistribución equitativa, va a misa. Sacudiría, incluida la de un servidor, las conciencias fiscales más escépticas de la fauna hispana. ¿Dónde hay que firmar, Cristóbal, tío? Pero con hechos, ¿eh?, y no con sermones de la montaña de voces populares, socialistas, terdocomunistas, de izquierdas plurales, de patronales, de centrales sindicales, que predican en las tribunas y luego hacen el recuento de su trigo personal, cuantioso e intransferible en la clandestinidad de sus sedes y sus escaños. Lo importante de una política fiscal sana no es cuánto se recauda, sino a cuántos, a quiénes y para qué se recauda. La cuestión no es reunir a un grupo de expertos en recaudar del pueblo, sino reunir a un grupo de expertos en distribuir entre el pueblo. Mismamente, un Bárcenas reinsertado, je, sería un buen candidato teniendo en cuenta su dilatada experiencia practicando la distribución popular. El problema es que el coro estridente de grillos en permanente estado de celo electoral, los Rajoy, los Rubalcaba, las Sorayas, los Llamazares, las Rosasdíez, gente así, se disponen a representar un confuso duelo entre Robin Hoods fiscales, en un país anegado por la corrupción, el favoritismo, el enroque salarial, los privilegios tributarios, el aforamiento cobarde, el silencio cómplice, el corporativismo partidario, los delirios vitalicios, el cinismo tácito e implícito que se extiende por los cuatros puntos cardinales políticos, sociales, institucionales e ideológicos de la geografía española.

La democracia del “ordeño y mando”

Tantos siglos consumidos para eliminar el poder impuesto del “ordeno y mando”, para acabar instaurando en las urnas el poder elegido del “ordeño y mando”. ¡Virgencita, virgencita, para eso igual daba lo mismo habernos quedado como estábamos! Porque aquí, no nos engañemos, el vicio de ordeñar lo llevan en el ADN todas las ideologías. Aquí, para levantar villas olímpicas, construir fantasmagóricas sedes de Expos, montar más embajaditas autonómicas que embajadas de Estado, encargar líneas de AVE como para una boda, presumir en Europa de Autopistas de peaje, esculpir en montañas faraónicas ciudades de la cultura, tunear Valencia de Terra mítica, gastarse una pasta en tres intentonas fallidas madrileñas para ser sede de los Juegos Olímpicos, reponer fondos reservados, reflotar bancos hundidos, firmar cheques bebé indiscriminados, planificar planes E (con E de electoralismo) al che debo, cosas de esas que al final ponen en riesgo el humilde pan nuestro de cada día y crean expectativas para el caviar suyo, de unos cuantos, claro, de toda la vida, hemos tenido que acabar pasando por ventanilla. La de Hacienda, claro. Esa institución que somos todos para pagar y sólo algunos para recibir: subvenciones, ayudas, exenciones, aplazamientos, ICOS, avales internacionales, rebajas en SICAVS, suma y sigue…

El nuevo infierno de Dante

Sólo un porcentaje de tontos% de derechas, de izquierdas, nacionalistas moderados, aberzales radicales, pueden seguir pensando que todo cambiará cuando lleguen los suyos. ¡Pero si los suyos ya han estado, hombre!. En La Moncloa propiamente dicha, salpicada por los casos Roldán y Bárcenas. En las Moncloitas que han compartido nacionalistas y socialistas con “fugas” de ERES, de fondos de Formación para el empleo, de casos Palau, de operaciones Campeón. Han estado en las patronales y las centrales sindicales bajo la sombra alargada de la sospecha. Han estado en ayuntamientos en los que se ha vendido la dignidad política por un plato de lentejas.

Nada, chico. Que gobierne quien gobierne, seguirá reflejándose una resignada vaca lechera cada vez que me mire al espejo. Dante, ahora, no descendería al infierno si volviese a escribir su Divina Comedia. Se introduciría voluntariamente en el disco duro del computador de Hacienda, saludaría educadamente a Montoro, en vez de al trasnochado Lucifer, y solamente mantendría intacta la frase final de bienvenida al Averno que figura en su obra: “Abandona la esperanza si entras aquí”.

El largo viaje del tiránico 'ordeno y mando' al 'ordeño y mando' teñido de democracia
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