Laicidad para la sociedad civil y aconfesionalidad para el Estado

Relevo del Estandarte del Cristo de la Buena Muerte y  traslado a su trono procesional. / @Defensagob
Relevo del Estandarte del Cristo de la Buena Muerte y traslado a su trono procesional. / @Defensagob

Cuatro representantes del Ejecutivo de Rajoy vulneraron la aconfesionalidad democrática al incluir actos religiosos en sus agendas oficiales durante la Semana Santa.

Laicidad para la sociedad civil y aconfesionalidad para el Estado

Cada Semana Santa múltiples celebraciones religiosas tienen lugar en toda España. Este año, la polémica llegó de la mano de los ministros Rafael Catalá, María Dolores de Cospedal, Juan Ignacio Zoido e Íñigo Méndez de Vigo, que incluyeron actos religiosos en sus agendas oficiales.

En Málaga, los cuatro representantes del Ejecutivo de Mariano Rajoy asistieron a la ceremonia de traslado del Cristo de la Buena Muerte, así como a los tradicionales ritos matinales del Jueves Santo, que ya son característicos de la Semana Santa malagueña. En ellos comparecieron diversas autoridades civiles, religiosas y militares, y estas últimas interpretaron la letra de “El novio de la muerte” para acompañar el traslado a hombros del Cristo de Mena. Además, se leyó una oración en memoria de los militares caídos del Ejército español.

Por separado, los ministros de Justicia, Defensa, Interior y el portavoz del Gobierno, también participaron en otros actos de la ciudad malacitana, pero uno de los acontecimientos más controvertidos de esta Semana Santa tuvo lugar cuando, por segundo año consecutivo, la ministra de Defensa tomó la decisión de izar a media asta las banderas de España en los cuarteles y en el Ministerio de Defensa con motivo de la pasión de Cristo. Ya en 2017, Cospedal entró en conflicto, por este motivo, con el Real Decreto 648/2010 impulsado por la exministra Carme Chacón, según el cual la medida de la bandera se reserva para días de luto nacional y el fallecimiento del titular de la Corona, el presidente del Gobierno, o militares en actos de servicio.

Muchas voces se alzaron para protestar ante la presencia e implicación del Gobierno, que representa a todo el Estado, en este tipo de manifestaciones religiosas. Esto sucedió, fundamentalmente, a través de las redes sociales, y algunos personajes públicos, como el escritor Manuel Rivas, compartieron su opinión al respecto a través de Twitter.

 

 

Por su lado, el abogado y analista político Xosé Antón Pérez Lema, columnista de MUNDIARIO, apuntó que la libertad religiosa que recoge la Constitución española exige que “los Poderes y Administraciones Públicas no tengan religión oficial, por lo que no es constitucional que alcaldes, conselleiros o ministros asistan en el ejercicio de su cargo – y sí como ciudadanos– a procesiones, votos, ofrendas o misas, por mucha tradición que tengan”. Y es que, de acuerdo con el artículo 16, “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, es decir, que España es un Estado aconfesional. Sin embargo, como señala Pérez Lema, “esta aconfesionalidad ha de entenderse en clave de laicidad positiva y no de laicismo”, lo que significa que la libertad religiosa que recoge la Constitución también implica que las manifestaciones de este tipo pueden ocupar los espacios públicos, sin tener que  ceñirse al ámbito privado.

No obstante, dicha laicidad no consiste en destinar toda la esfera pública y los recursos institucionales a una sola religión, sino en garantizar la igualdad de condiciones para todas las que conviven en el Estado, y lo que sucede en Semana Santa es que el Ejército, la Guardia Civil y los Bomberos se ponen al servicio de las procesiones. En otras palabras, que de acuerdo con la Constitución y al no existir una religión oficial, los Poderes Públicos deberían mostrarse neutrales por respeto a quienes profesen otras religiones, o ninguna.

Entendido así, la inclusión de eventos religiosos en las agendas oficiales de los cuatro miembros del Gobierno, así como la iniciativa de Cospedal de izar las banderas a media asta, resultarían una contradicción. Por tanto, la complejidad de la cuestión radicaría en ponerse de acuerdo sobre qué entendemos por “Estado laico”. @mundiario

 

 

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