Juan Carlos, en el falso exilio, entre su abuelo Alfonso XIII y Faruk

Faruk y Juan Carlos
Faruk y Juan Carlos.
Aunque ya era ese su estilo antes de abdicar, luego la vida de Juan Carlos se parece a la de Alfonso XIII y Faruk.
Juan Carlos, en el falso exilio, entre su abuelo Alfonso XIII y Faruk

Con Juan Carlos I, que ni está ni estuvo en el exilio, vamos de sorpresa en sorpresa. Ahora resulta que es una víctima de las circunstancias. Eso se desprende del contenido de un libro próximo a publicarse, que promete ser una biografía amable escrita por Laurence Debray, fragmentos del cual han sido adelantados por “París March”. Sin decir no quién no quienes, el rey honorífico dice que no sabe cuándo podrá regresar a España, y que “algunos están muy contentos de que me marchara". Y añade que donde está no molesto a la Corona. Esta noticia se entrevera con dos coincidentes, el temor a que la investigación sobre Juan Carlos I, rey honorifico, cuya vida merece que se le considere el Faruk español por su paralelismo entre el modo de vivirla de uno y otro, si bien también se parece a la de su abuelo Alfonso XIII. La segunda noticia coincidente es la condena a un año de prisión al expresidente francés Nicolás Sakozy por financiación ilegal de su campaña, lo que inevitablemente genera establecer paralelismos sobre la suerte que puede correr un ex jefe de Estado republicano y un monarca como Juan Carlos por sus actos respectivos.

Del actual momento que vive la Monarquía española es expresivo dato que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) lleve varios años sin preguntar por lo que opinan los españoles sobre la Corona; la residencia en el extranjero por parte del rey honorífico, relacionado al mismo con investigaciones llevadas a cabo por un fiscal suizo, por sus conexiones con fundaciones en paraísos fiscales, de lo que se ha derivado en interés de la Fiscalía del Tribunal Supremo (por su condición de aforado) por sus supuesta actividades como comisionista en negocios internacionales, el hecho de que tuviera –previamente alertado—de regular con Hacienda sus obligaciones fiscales, derivadas de las rentas obtenidas (lo que a su vez plantea dudas sobre el origen real de esos beneficios) a través de fundaciones en paraísos fiscales, y la denuncia de su antigua amante en Londres, por acoso y amenazas, en las que implica a los propios servicios españoles de inteligencia, configuran una realidad penosa. Pero la peor evidencia de la conducta de Juan Carlos I ha sido, por un lado, la renuncia de su hijo a la herencia o todo beneficio de los intereses de sus padres en paraísos fiscales, la retirada al honorífico del sueldo que percibía de la Casa Real y finalmente, la salida de éste del país, con la pretensión de alejarse del foco del escándalo y evitar sus efectos sobre la imagen de la Corona, que además se dotó de una especie de código ético con el que no casaría hoy en día la conducta de ex monarca a lo largo de su vida.

Resulta inevitable en esta hora, pasar revista al propio proceso que llevó a Juan Carlos a la jefatura del Estado, no como sucesor de su padre, el conde de Barcelona, sino del general Franco, quien según los propios panegiristas del franquismo lo “adoptó” como hacían en tiempo los emperadores romanos, al tiempo que los fieles a don Juan de Borbón siempre censuraron el pragmatismo del ahora rey honorifico y el propio trato que reservó a su padre de quien acabaría recibiendo lo que ha dado en llamarse la “herencia histórica”. Nótese, como enseña el profesor Torres del Moral que se alude al concepto de histórica, y no “legítima”, pues es la herencia por un lado de un rey perjuro, expulsado del país, y de un régimen surgido de los alzados contra la República.

Cosas de los reyes que son así

Sus turiferarios de todo tiempo consideran que su afición al dinero y a las mujeres es una cosa normal y natural que pertenece a su esfera privada y doméstica, en lo que lo demás no deben entrometerse. Los reyes son así”.  Sin embargo, en ese mismo contexto que dada la excepcionalidad de su vida se espera de ellos, al menos, cierta ejemplaridad pública, sobre todo, como cuando en este caso, el aludido la proclama como guía de sus actos y la reclama para todos los demás.  De ahí que en estos días resulta especialmente chocante recordar aquello que dijo a los españoles en su último mensaje de Navidad, 2013, al tiempo que lo que el mismo calificaría más tarde como “vida privada, cuando dentro de esa vida sus comportamientos no eran precisamente ejemplares dijo: [quiero transmitiros) “la seguridad de que asumo las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad”.

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Juan Carlos con la reina honorífica Sofía.

El recuento de esta historia no falta nada: hasta la implicación de los servicios de inteligencia del Estado, la CNI, en episodios de cobertura de las aventuras de Juan Carlos con actrices del destape con la que estuvo relacionado muchos años, y que al final acusó a uno de los hombres de confianza del Rey y a los servicios de seguridad del Estado de haber allanado su vivienda para robarle material gráfico y audiovisual de sus románticos encuentros. Por cierto, que ésta bien pagada sale ahora mucho en la telebasura. Para callarle la boca la retribuyeron a cargo a los fondos reservados.

Episodio parecido fue denunciado recientemente en los tribunales de Londres por la famosa Corinna Larsen, quien dijo que también la CNI allanó su vivienda, la amenazó y trató y advirtió que cerrara la boca sobre sus relaciones con el rey honorífico, del que no para de contar, hasta de que la pidió en matrimonio y le regaló primero por amor 65 millones de euros, depositados en una cuenta en un paraíso fiscal, recibidos previamente del rey de Arabia Saudí (se sospecha como comisión por sus gestiones para la adjudicación del AVE a la Meca), y que ahora le reclama de vuelta.

Se salvó del delito fiscal

Como se sabe, advertido previamente de que lo estaban investigando, sus abogados pudieron evitar que fuera acusado de delito fiscal, por ocultar a Hacienda que a través de la Fundación Zagatka de su primo Álvaro de Orleans, se benefició del pago de 8 millones de euros, de los que 5 sirvieron para pagar los vuelos privados con su manceba o barragana (que es como se debe decir en castellano), Corinna Larsen.

Desde que abdicó la Corona, pese a que no ha hecho otra cosa que su vida de siempre, Juan Carlos ha sido comparado y considerado como el “Faruk español”, dado la coincidencia con el frívolo estilo de vida de aquél. Cierto es que los modos y secuencias de Juan Carlos recuerdan mucho la de aquel otro personaje, el último rey de Egipto, que se fue al exilio con una fabulosa fortuna acumulada durante su reinado y se instaló en Italia. Vivía entre Capri, Roma y Mónaco, con el mismo estilo de vida de siempre. Murió en Roma tras una bárbara cena, a los 45 años, después de una vida extravagante en la que gozó en exceso de todos los placeres imaginables. Dejó para la historia una frase memorable: “Dentro de poco sólo quedarán cinco reyes, el de Inglaterra y los de la baraja”. @mundiario

Juan Carlos, en el falso exilio, entre su abuelo Alfonso XIII y Faruk
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