Irak se queda sin militares españoles: un repliegue táctico ante la creciente volatilidad regional
La decisión de evacuar a todos los militares españoles desplegados en Irak refleja un cambio significativo en el tablero estratégico internacional. En un contexto marcado por la escalada entre Estados Unidos e Irán, el repliegue no solo responde a una cuestión operativa, sino que también revela los límites de las misiones internacionales cuando el entorno se vuelve imprevisible.
España, que mantenía presencia continuada en el país desde 2015, se suma así a una tendencia europea más amplia: priorizar la seguridad de sus efectivos ante un escenario cada vez más volátil.
La evacuación, coordinada con la OTAN, se completó mediante un complejo puente aéreo hacia bases seguras, entre ellas instalaciones en Turquía. Según el Ministerio de Defensa, los cerca de 200 militares que permanecían en territorio iraquí formaban parte tanto de la operación internacional contra el yihadismo como de la misión de asesoramiento de la Alianza Atlántica.
Su salida pone fin, al menos temporalmente, a una presencia que había sido clave en la formación de las fuerzas de seguridad iraquíes tras la irrupción del terrorismo del Estado Islámico.
El repliegue no se entiende sin el contexto regional. En las últimas semanas, bases militares en Irak han sido objeto de ataques, elevando el riesgo para contingentes extranjeros. La guerra iniciada a finales de febrero entre Washington y Teherán ha ampliado el radio de conflicto más allá de sus fronteras directas, afectando a países como Irak, que vuelve a convertirse en un escenario de confrontación indirecta.
En este entorno, mantener tropas sobre el terreno implica asumir un nivel de exposición que los gobiernos europeos parecen ya no estar dispuestos a tolerar.
España no ha actuado en solitario. Otros países del continente, como Alemania o Noruega, han reducido o reubicado sus efectivos, mientras que incidentes recientes —como la muerte de un soldado francés en el Kurdistán iraquí— han reforzado la percepción de riesgo. Este movimiento conjunto sugiere una reevaluación estratégica más profunda: Europa comienza a reconsiderar su papel en misiones que, aunque formalmente no son de combate, se desarrollan en entornos cada vez más cercanos a un conflicto abierto.
Desde el punto de vista operativo, la salida plantea interrogantes sobre el futuro de las misiones internacionales en Irak. Tanto la operación “Inherent Resolve” como la misión de la OTAN estaban diseñadas para fortalecer las capacidades locales y evitar el resurgimiento del Daesh. Sin embargo, la retirada de instructores y asesores puede debilitar ese proceso, especialmente si el país vuelve a verse atrapado en dinámicas regionales de confrontación.
Os dejamos las imágenes del vuelo que ha traído de vuelta a España 🇪🇸 a un grupo de 200 militares desplegados en Irak.
— Estado Mayor Defensa 🇪🇸 (@EMADmde) March 21, 2026
Han llegado a primera hora de esta mañana a la Base Aérea de Torrejón desde Turquía.
Feliz regreso a casa y enhorabuena por vuestro compromiso con la paz y la… pic.twitter.com/12lNFI3iLi
Políticamente, la decisión también tiene implicaciones. El repliegue llega en un momento en que la estabilidad de Oriente Próximo vuelve a ser un factor crítico para la seguridad global, especialmente por su impacto en rutas energéticas y en el equilibrio geopolítico. La evacuación española —junto a la de otros aliados— puede interpretarse como una señal de prudencia, pero también como un síntoma de la dificultad de sostener compromisos internacionales en escenarios de alta incertidumbre.
A corto plazo, la prioridad ha sido garantizar la seguridad de los militares, una operación que el propio Ministerio de Defensa calificó de “difícil y complicada”. A medio y largo plazo, sin embargo, queda abierta la cuestión central: si Europa está dispuesta a redefinir su presencia en zonas de conflicto o si esta retirada es solo un paréntesis táctico a la espera de condiciones más estables.
En cualquier caso, la salida de Irak marca un punto de inflexión. No solo por lo que implica para España, sino porque refleja un cambio más amplio en la forma en que las potencias europeas evalúan su papel en conflictos cada vez más interconectados y difíciles de contener. @mundiario


