Interior desautoriza las manifestaciones espontáneas de apoyo a Policía y Guardia Civil

Despedida entre banderas a la Guardia Civil en Algeciras.
Despedida entre banderas a la Guardia Civil en Algeciras.

Las manifestaciones de apoyo a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado no han gustado a Interior. Es más, han prohibido que éstas se celebren dentro de los cuarteles. Bien, están en su derecho. 

Interior desautoriza las manifestaciones espontáneas de apoyo a Policía y Guardia Civil

Esta martes volvían a repetirse demostraciones populares de orgullo y cariño hacia aquellos que, dejando atrás familias y amigos, rutinas y querencias, se desplazan a Cataluña para defender la ley y la seguridad de todos los catalanes.

No seré yo quien defienda los gritos que pretendían convertir el viaje de los guardias civiles y policías en una especie de expedición bélica. Eso es sólo darle armas a los independentistas que gritan en la calle que no hay democracia. Si no la hubiera, bien sabe Dios, no podrían reclamarla a voces en los paseos de las ciudades. Pero esas expresiones han sido absolutamente minoritarias y no podemos cubrir con el mantra “fascista” decenas de manifestaciones de cariño, de apoyo y de solidaridad.

Hoy he leído en los periódicos que algunos ciudadanos han hecho llegar a los barcos atracados en los puertos catalanes, donde se alojan los miembros de los Cuerpos de Seguridad del Estado desplazados, botellas de vino Rioja y buenos jamones de bellota. También una mujer trató de hacerles llegar un sabroso perol de lentejas. Decían que querían que se sintieran en casa.  A mi me han arrancado una sonrisa y la ternura del gesto me ha conmovido.

Como también me alegraron el día las mujeres que se echaron una jota ante el pabellón donde el domingo pasado se reunían en Zaragoza, convocados por Podemos, trescientos electos que, asustados ante tanto cavernícola, se quedaron encerrados en las instalaciones hasta que la policía les garantizara su integridad física. Un puñado de aragoneses, portando banderas constitucionales y bailando jotas son, sin duda, una gran amenaza.

Se reclama a Berlanga en las redes sociales y yo me apunto. Entre Piolín, jotas, jamones de bellota, guardia civil, banderas y antisistemas, definiría con excelencia el gran cineasta la soberana estupidez que vivimos en la cuarta economía europea, en un país con quinientos años a su espalda. @EgeaPilar

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