Feijóo endurece su mensaje contra los socios de investidura y los insta a abandonar a Sánchez

Alberto Núñez Feijóo, líder del PP. / Congreso de los Diputados
La concentración contra la corrupción en Madrid sirvió de escenario para que el líder del PP intensificara la presión sobre los partidos que sostienen al Gobierno a pesar de los escándalos: “¿cuánto más vais a tragar?”.

El mitin-concentración convocado por el PP en Madrid reunió, según Delegación del Gobierno, unas 40.000 personas —80.000 según los organizadores—. Alberto Núñez Feijóo interpretó la asistencia como prueba de fuerza: “El sanchismo esta en la cárcel y tiene que salir del Gobierno”. Bajo un clima de consignas como “Pedro Sánchez dimisión” y “a prisión”, el líder popular situó el eje del acto en torno a la idea de corrupción estructural vinculada al Ejecutivo.

En su intervención, Feijóo definió el fenómeno con severidad: “El sanchismo es corrupción. Corrupción política, económica, institucional, social y moral”. El planteamiento no fue sólo descriptivo: el dirigente popular trató de articular la frustración ciudadana frente a un Gobierno que, pese a los escándalos, “está ahí”, para incentivar una movilización sostenida en el tiempo. “Los grandes cambios se producen cuando la sociedad persevera en ellos”, afirmó, reclamando continuidad a quienes acudieron.

Ese mismo tono se reforzó en un eje político claro: la interpelación directa a los partidos que sostienen la mayoría del presidente del Gobierno Pedro Sánchez. Con un mensaje repetido a lo largo del acto, Feijóo les cuestionó: “¿Cuánto más vais a tragar?” y “¿Hasta dónde vais a seguir tragando para mantener lo vuestro?”. Se trata de un lenguaje diseñado para deslegitimar la cooperación parlamentaria con el PSOE y presentar ese vínculo como una renuncia ética.

El mismo planteamiento se extendió al terreno simbólico: “Miraréis a esta etapa de vuestra historia con vergüenza”, dijo el popular, buscando no sólo presionar políticamente a PNV, Junts y Sumar, sino afectar al espacio emocional y reputacional de sus votantes. Esta estrategia intenta romper la cohesión interna del bloque de investidura, agrietar acuerdos puntuales y reducir los incentivos a respaldar a Sánchez.

Del diagnóstico a la amenaza electoral

La concentración funcionó como escaparate para un discurso de urgencia institucional. “No puede pasar ni un día más de abuso, de mentira, de impunidad, de corrupción, ni un día más de este Gobierno”, afirmó Feijóo, subrayando que mientras “ellos han perdido la vergüenza, nosotros no hemos perdido la dignidad”. Insistió en la idea de país: “España está harta del desprecio, de la arrogancia, de que nos roben nuestra democracia, nuestras instituciones”.

La petición de elecciones fue la conclusión política inmediata. “No gobiernan, se protegen. Así no se puede seguir en España. ¿Hay algo más democrático que pedir elecciones?”. El mensaje apunta a generar la percepción de que la continuidad del Ejecutivo contraviene la voluntad social expresada en la calle y que el ciclo político está agotado.

Aunque Feijóo no anunció formalmente una moción de censura, dejó entreabierta la puerta. “Hay que retratarse, retratarse todos, en las acciones, en los votos y en las conductas”, declaró. La clave está en convertir cada votación parlamentaria en un juicio moral sobre la permanencia del Gobierno. Con ello, el PP busca trasladar el conflicto del terreno judicial al político, y del Parlamento a la opinión pública.

La presencia de expresidentes como Mariano Rajoy y José María Aznar, además de presidentes autonómicos del PP, reforzó la teatralidad del mensaje. Vox, en cambio, no acudió, pese a que Feijóo se dirigió explícitamente a esta formación: “déjense de pinzas y no repitan los errores que cometieron hace dos años”. “Mi adversario es Pedro Sánchez”, añadió, tratando de recentrar la confrontación ante una ultraderecha que aprovecha el enfrentamiento entre populares y socialistas para reclamar los apoyos de los votantes.

El contrapeso nacionalista: líneas rojas y cautelas

Frente al discurso popular, los socios de investidura han mantenido matices. En comentarios a Radio Euskadi, el presidente del BBB del PNV, Iñigo Ansolaadvirtió de un “callejón sin salida” político para Sánchez si hubiera “una relación directa” entre el partido y los casos bajo investigación, pero recalca que esa ligazón no ha sido “demostrada”. La formación recuerda que su prioridad es “cumplir lo pactado” para completar el Estatuto de Gernika, lo cual mantiene la negociación en un plano institucional y no reactivo.

ERC y otras fuerzas de la mayoría parlamentaria han replicado con prudencia, preservando sus agendas territoriales y jugando en el alambre al enfatizar la ausencia de pruebas que comprometan directamente al PSOE. Este enfoque contrasta con el marco emocional del PP, que busca acelerar decisiones políticas mediante presión pública y desgaste reputacional.

La concentración no fue solo un acto de protesta. Constituyó una operación de posicionamiento político: presentar la permanencia del Gobierno como una carga que los socios de investidura deberán justificar ante su electorado. Feijóo intenta convertir la crisis judicial que sacude a figuras del entorno socialista en una batalla política total, donde cada apoyo a Sánchez a sabiendas de los escándalos se entienda como complicidad y cada discrepancia como virtud.

En este pulso, el liderazgo del PP apuesta por dos objetivos simultáneos: erosionar la narrativa de estabilidad del Ejecutivo y obligar a sus aliados a tomar decisiones que los identifiquen —o los separen— del presidente. El resultado dependerá menos del volumen de las concentraciones y más de la capacidad de cada actor para sostener sus alianzas bajo presión pública y parlamentaria. @mundiario