Feijóo blinda al PP ante la imputación de Montoro: cortafuegos, distancias y pulso con el PSOE
La imputación del exministro Cristóbal Montoro y de las cúpulas de Hacienda durante los gobiernos de José María Aznar y Mariano Rajoy, pone en aprietos al Partido Popular (PP), justo cuando su líder, Alberto Núñez Feijóo, había centrado su estrategia política en denunciar los escándalos de corrupción que afectan al PSOE. Sin embargo, lejos de achicarse, el PP ha reaccionado con rapidez, frialdad y cálculo. La dirección nacional ha levantado un cortafuegos inmediato para evitar que el caso contamine el relato de regeneración que defiende desde la llegada de Feijóo a Génova.
En menos de 24 horas desde que trascendiera la imputación, el PP anunció que Montoro, uno de los rostros más conocidos de la era Rajoy, había solicitado su baja como afiliado. Además, activó un expediente informativo desde el Comité de Derechos y Garantías, aunque suspendido tras la salida voluntaria del exministro. La consigna es clara: desvincular por completo a la actual cúpula del partido de una figura del pasado, sin mostrar simpatías ni tibiezas. La intención es encapsular el caso en otra etapa, la de un PP que ya no existe.
Desde Génova, se insiste en que Montoro dejó el Gobierno “hace siete años” y que no mantiene vínculos ni contractuales ni orgánicos con el partido. Aunque reconocen que algunos de los imputados, como Miguel Ferre, sí pudieron asesorar “a título individual” en el pasado reciente, subrayan que lo hicieron sin ocupar cargos oficiales. Esta línea de defensa busca reforzar el mensaje de que el PP de Feijóo no tiene nada que ver con el legado comprometido de otros tiempos, aunque el propio líder de la oposición haya acudido a antiguos colaboradores de Montoro para reforzar su equipo económico.
La estrategia de Feijóo ante este escándalo se enmarca en su objetivo de trazar una línea divisoria nítida entre cómo afronta el PP y cómo lo hace el PSOE las sospechas de corrupción. Mientras los socialistas han sido acusados de blindar a José Luis Ábalos y otros implicados en el caso Cerdán, Génova responde que la baja de Montoro en menos de un día es prueba de la “tolerancia cero” con cualquier sombra judicial.
La baza del PSOE para contraatacar
Sin embargo, esta firmeza comunicativa no borra del todo la inquietud interna. Varios sectores del PP admiten que la imputación de Montoro llega en el peor momento, justo cuando el PSOE atraviesa una crisis política de primer orden y los populares aspira a capitalizarla electoralmente. El temor es que el caso erosione ese impulso, al ofrecer a la izquierda una baza para devolver el golpe y equiparar responsabilidades en una “guerra de barro” que, como advierten algunas voces internas, solo puede beneficiar a Vox con su discurso anti-establishment.
Montoro, aunque hace tiempo apartado de la primera línea, sigue siendo un símbolo fuerte del pasado económico del PP. Fue quien diseñó buena parte de la política fiscal del Gobierno de Rajoy, no sin polémica. Subió impuestos cuando su electorado esperaba lo contrario y generó numerosas enemistades, tanto dentro como fuera del partido. Algunos dirigentes actuales reconocen en privado que “no es muy querido” y que su estilo y tecnocrático creó anticuerpos.
El entorno de Feijóo aspira a utilizar este episodio como una oportunidad para reafirmar su discurso regenerador. La línea es clara: no hay cabida para equilibrios ni defensas tácticas. Y se aferran a un detalle que consideran fundamental: que las leyes presuntamente favorables a las gasistas que se investigan no fueron aprobadas por decreto, sino en el Parlamento, donde el PP contaba con mayoría absoluta.
El PP evita el pasado
En paralelo, el partido mantiene su ofensiva contra el PSOE sin cambiar de guion. Feijóo y su equipo no renuncian a explotar el deterioro de la imagen del Gobierno por los múltiples casos abiertos que afectan a sus filas. Pero el caso Montoro introduce ruido, genera contradicciones en el relato y puede obligar al PP a hacer equilibrios incómodos si la investigación avanza.
La operación cortafuegos activada por Feijóo busca evitar precisamente eso: que la sombra de Montoro proyecte dudas sobre el presente. El partido debe reconocer que “resucitar los fantasmas del pasado” puede dar a sus adversarios “el clavo al que agarrarse”. El tiempo dirá si el PP logra sostener su relato regenerador o si esta mancha del pasado termina diluyéndose en una opinión pública cada vez más escéptica.
Mientras tanto, la batalla sigue abierta, y Feijóo deberá mantener el equilibrio entre el rearme económico del PP con cuadros experimentados —algunos marcados por la etapa Montoro— y su compromiso con una nueva forma de hacer política que no repita errores del pasado. La imputación del exministro es una prueba de fuego que testea ese difícil equilibrio. @mundiario