¿Está España preparada para el federalismo?

Bandera de España. / Mundiario
Bandera de España. / Mundiario

Mucho se habla del federalismo para contener los separatismos, pero poco del reparto de estructuras del Estado por el conjunto del territorio, en especial por la España vacía. 

 

¿Está España preparada para el federalismo?

Mucho se habla últimamente del federalismo como una de las panaceas para salir de la actual crisis territorial en España, en especial por el conflicto independentista catalán. Así son partidarios un día sí y otro no el partido socialista con sus satélites autonómicos. Fue el ex líder del PSC en Cataluña y ahora ministro, Miquel Iceta, quien dijera no hace mucho que el “federalismo es la mejor manera de reconocer la diversidad” (territorial). 

Hay quienes apuestan en las filas del PSOE por el mismo espíritu federal pero por otras razones, para gestionar crisis como las de la pandemia, donde tendrían la excusa perfecta para sacudirse responsabilidades políticas. En otras ocasiones hemos oído hablar desde la izquierda española frecuentemente de una “reforma constitucionalista federalista”, del “federalismo asimétrico”, “nación de naciones” o de  “país de países” entre otros. En todo ellos parece esconder una idea última: otorgar a las partes más poder que la suma del todo. O no.

Aún sin saber la posición exacta del Gobierno de coalición al respecto, lo cierto es que cada cual parece tener  una acepción a veces bucólica del federalismo y es aquí donde radica la confusión y la controversia. Por su parte, la  derecha española parece bastante más reservada a entablar cualquier diálogo teórico que cuestione el  estatus quo actual, por lo que confiere al mal llamado “progresismo” de izquierda  la más interesada en abrirse a nuevas realidades, aunque por distintas razones no siempre del todo claras.

EL FEDERALISMO EN ALEMANIA FUE RESTAURADO POR LOS ALIADOS TRAS SU ABOLICION NAZI

Sin embargo, la verdad sea dicha, hay que temer que en el fondo España no esté preparada para el federalismo de facto, si tomamos como ejemplo el federalismo de países como la RFA, Austria o Suiza entre otros. En contra de la percepción más común, no fueron los aliados al final de la II Guerra Mundial quienes impusieron el federalismo en la Alemania derrotada (al menos en la RFA), sino que las potencias vencedoras decidieron restaurar los estados federados desmantelados por los nazis y vigentes en la República de Weimar, pero añadiendo alguno más en función de sus zonas de ocupación con lo que se conocen hoy como “Länders”. Un año después del ascenso de Hitler al poder, una ley del 1933 abolió los derechos de los estados federados y reemplazó sus órganos de autogobierno por los “Reichsstatthalter” (gobernadores imperiales), subordinados a Berlín.

Dejando a un lado la historia, por de pronto,  emular hoy en día en España el federalismo pangermánico conllevaría cambiar unos cuantos paradigmas, en especial culturales, difícil de imaginar en la realidad española. Ya hemos probado con creces nuestra resistencia al cambio y de alterar la zona de confort. Por eso, falta mucha más pedagogía en este debate público que adoctrinamiento.

Primero: Aparte de las competencias delegadas a lo largo de la democracia a las Comunidades Autónomas ¿somos conscientes de lo que implicaría descentralizar el poder político con sus funciones, tareas y sedes cediendo protagonismo a las partes según el espíritu federal?

Segundo: la capital Madrid como centro de poder múltiple (administrativo, judicial, económico, financiero, mediático, cultural, científico o laboral) ¿Estaríamos dispuestos a trasladar la capital del Reino de una España federal a otra provincia del territorio que no sea el centro físico del país? Otra opción, ¿seríamos capaces de compartir la capital con  otra gran ciudad, por ejemplo Barcelona, como demandan algunas sociedades civiles?

Tercero: ¿Admitiríamos un reparto de estructuras centrales de Estado como ministerios, instituciones y entidades públicas de todo tipo por otras provincias españolas? ¿Aceptaríamos el traslado de miles y miles de  funcionarios de Madrid al resto de capitales de provincia para ocupar sus nuevos puestos? Descentralizar los centros de influencia y decisión más relevantes ubicados hoy en día en la capital por el conjunto de la España vacía, como llevan practicando algunos de nuestros vecinos federales, garantizaría un reparto más equitativo de la riqueza por todo el país, pero que dudo estemos dispuestos a llevar a cabo.

Cuarto: ¿Toleraríamos que el Kilómetro Cero deje de ser el punto desde el cual partan todas las vías de comunicación en la Península Ibérica? ¿Qué pensaríamos si algunos de los centros territoriales de los principales grupos empresariales y hasta audiovisuales se tornaran como cuarteles generales y Madrid pasara a ser una simple delegación? 

Quinto: ¿Estaríamos preparados para ubicar el Congreso en una ciudad y el Senado (como verdadera cámara territorial y dejara de ser refugio de elefantes) en otra, ahora que gracias a las nuevas tecnologías y la globalidad acortan las distintas físicas del planeta y favorecen las comunicaciones digitales?

Sexto: ¿Dejaríamos de pensar y echar las culpas de todos nuestros males a Madrid y repartiríamos los éxitos y fracasos por el resto del Reino (federal) español?

Séptimo: ¿Sería mucho pedir que cuando desde los medios de comunicación públicos se hable de determinadas noticias dejen de mirarse el ombligo centrista y den mayor cobertura al resto del país y en especial a las provincias, comarcas y CCAA “fantasmas”?. Por qué sin ser noticia cuando se habla por ejemplo del tiempo y del deporte (fútbol) es recurrente casi a diario las alusiones a Madrid, al Real y al FC Barcelona como si el resto no existiera. Si hay que hablar de noticias, y las noticias no están siempre en la zona centro como desde hace generaciones venimos practicando, que no sea vilipendiando a la periferia.

Octavo: Si caminamos hacia el teletrabajo, es decir el trabajo desde casa con independencia de donde tenga la sede la empresa, ¿por qué no aplicar ese mismo principio (también a la legión de funcionarios y asalariados) en esa futura España federal? El día que abordemos de verdad la revolución eco-digital y la descentralización de funciones y tareas, ese día nos percataremos que el “empoderamiento” no tiene que ser central. La Europa de las Regiones y el Principio de Subsidiaridad de la UE que España ratificó en la cumbre de Lisboa (2010) siguen sin practicarse en el seno de nuestro propio país. No digamos por  ejemplo dentro de algunas comunidades como la catalana, donde abusa del mismo centralismo en Barcelona pero que tanto critica a Madrid con respecto a sus provincias catalanas.

Noveno: La España de las Autonomías aunque cuente con un exceso de  competencias “arrebatadas” en su día al poder central, de facto se ha olvidado de acercar el protagonismo a su ciudadanía por interés partidista y hasta victimista salvo algunas excepciones como vienen haciendo los nacionalismos actuales.

Décimo: Si a lo largo de la historia, España tuvo diferentes capitales (Córdoba, Tarragona, Cartagena, Sevilla, Mérida, Toledo, Valladolid, Cádiz, etc) hasta que en 1561, el monarca Felipe II decidiera traer la capital a Madrid, ¿qué pasaría finalmente si ese en debate conceptual tanteáramos incluir a nuestros vecinos portugueses bajo el paraguas del Iberismo? La unión ibérica federal, nos fortalecería tanto en Europa como en el Atlántico desde todos los puntos de vista posibles. La doble capitalidad, una administrativa y otra económica, entre Lisboa y Madrid, no debería impedir avanzar en el federalismo ibérico con el reparto de centros de influencia y poder. El hispanista británico Ian Gibson, autor de la reciente obra “Hacia la República federal ibérica”, lo tiene claro y sostiene que una España federal e ibérica solucionaría muchos problemas de separatismo. “Una de las grandes misiones sería desarrollar toda la potencialidad cultural de la península ibérica, con sus distintas culturas y lenguas”, dice.

ESTRUCTURAS DEL ESTADO POR LA ESPAÑA VACIA

Aunque haya gente como Gibson (súbdito también de la Corona británica) que rehuye de las monarquías al calificarlas de “aberrantes a estas alturas de la historia”, en una España Federal nuestra  monarquía podría seguir siéndolo del conjunto del territorio hispano, como lo son los actuales monarcas neerlandés, belga o luxemburgués en la denominada Benelux.

Lo que escasamente cala en la percepción de la opinión pública sobre el federalismo es el reparto equitativo de las estructuras del Estado  por el conjunto de la geografía. Bien cierto es que ciertas competencias como en materia de Defensa, Seguridad Nacional, Relaciones Externas o Educación podrían recaer en el gobierno central como su máximo garante a escala nacional para impedir incongruencias, duplicidades o hasta abusos. Pero esto no impide emular  el espíritu federalista que impera en nuestros países vecinos, según el cual que cada región federada o Land se acoge  al menos una estructura de Estado  relevante, desengrasando así el centralismo exacerbado de países como España o Francia. 

En el caso de Alemania, la capital es Berlín desde la unificación en 1990,  pero conserva seis de los 14 ministerios en Bonn. La sede del máximo órgano del poder judicial está ubicada en Karlsruhe, los principales grupos de comunicación privados en Hamburgo, el poder financiero en Francfort, la Oficina Federal de Inteligencia (BND) cerca de Munich, el latir cultural-artístico está muy repartido entre Berlín, Renania, Baviera o Sajonia. Las sedes de las más potentes empresas del DAX en ciudades diversas lejos de Berlín donde disponen de una simple delegación. Las dos principales cadenas de TV de derecho público (ARD y ZDF) en Maguncia. Los más de 5.000 grupos de lobbies en forma de asociaciones empresariales están por todo la RFA defendiendo el amplio tejido económico-científico. Los “cinco sabios” que asesoran al gobierno federal en política económica proceden de 5 cátedras de universidades y sóla una es de Berlín. 

Y en el deporte rey, el Bayern de Munich es quien más veces ha ganado la copa de la Bundesliga. Por cierto la Federación Alemana del Fútbol (DFB) se fundó en 1900 en Leipzig aunque su sede actual esté en Francfort. Nada que ver con el federalismo estético que algunos pregonan en España con las competencias transferidas a las autonomías, pero haciendo engordar el centralismo en la capital del reino y multiplicando por 17 las estructuras del Estado, que entre todos pagamos. 

La España vacía puede ser un excelente reclamo para demandar más estructuras de Estado que erradiquen el abandono de sus comarcas y municipios, con independencia del debate sobre el federalismo. Por otro lado, si atendemos a criterios puramente geoestratégicos y de sostenibilidad, España difícilmente puede seguir acaparando poder e influencia en la zona centro y afrontando el reto de un excesivo urbanismo, mientras los núcleos rurales se nos muere por una negligencia grave de desinterés político. @mundiario

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