La España actual se empeña en disertar de monas y de sedas

Pablo Iglesias.
Pablo Iglesias.

Podemos compite con CDC por liderar un talante camaleónico. Partido populista, radical y anclado ideológicamente, combate revistiéndose a golpe de encuesta, dice este autor.

La España actual se empeña en disertar de monas y de sedas

La contumaz y, en algunos casos, vehemente entrada de extrañas agitaciones que afectan al escenario político español, provoca una rigurosa cautela. No sé si juzgar su auge como algo vetusto, asiduo, o por el contrario descubrirle un frescor común a todo lo novedoso. En verdad, el horno no está para muchos bollos (frase rutinaria) incluyendo ámbitos internacionales. Padecemos u holgamos, quién sabe, un escenario complejo, perturbador. Paso a paso, plenos de inconsciencia o, peor aún, de terquedad, nos conducen sin esfuerzo al abismo. Cierto que nosotros no oponemos ningún pero al camino, menos al opaco pretexto que induce a iniciarlo. Es la fatal ventura de cualquier masa rendida a las disposiciones antojadizas de inicuas élites dirigentes. Sabemos, por otro lado, que una ley inmanente, inevitable, guía el destino universal.

Hay un antiguo refrán que señala: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Malicio que sustantivo tan definido viene a significar esa querencia cautivadora propia de las hembras. Me parecería absurdo sospechar que su origen se debiera a un machismo soterrado. Asimismo, las cábalas sobre sus razones primigenias no deben sustituir a la esencia del contenido. Interesa el mensaje más allá de la envoltura. Se indica en él que los defectos naturales o adquiridos no consiguen simularse con tapujos exteriores. Nadie está libre de la apariencia; tan corriente que supera cualquier otra propensión humana e incluso animal. Sin embargo, hábito tan impostor alcanza ahora un momento dulce, único. Hoy, el artificio alcanza cotas de récord sobre todo en políticos y estafadores, valga la redundancia.

Tenemos diversos ejemplos que conforman vanos intentos de sustituir la entraña con solo cambiar el embalaje. CDC, un partido corroído por corrupciones y absurdos sin fin, pretende lavar su imagen renovando unas siglas cargadas de miserias. Desprendiendo un hedor insoportable -tras años de hipotéticos chanchullos- le faltaba esa incoherencia y huida hacia adelante del actual presidente para alcanzar los niveles más bajos de aceptación popular. Son repetidas las pérdidas de confianza que depara un electorado harto de abusos sangrantes. Esto ha llevado a las cabezas pensantes de Convergencia -tal vez bajo presión de Mas- a poner en juego la seda.

Resulta curioso que abandonado el textil hace años -incluida la seda y otras fibras artificiales como la famosa Terlenka- ahora la burguesía catalana quiera envolverse en un disfraz fraudulento. Su nombre: “Democràcia y Llibertat”. A su pesar, no conseguirá desfigurar el hatajo de presuntos delincuentes que durante decenios ha esquilmado Cataluña para, a la postre, traer una división social de consecuencias mal calculadas. Dicen que la nueva sigla se corresponde con la explosión de un flamante país. El vocablo explosión es lo único que parece real en esta colección de desvaríos

Podemos compite con CDC por liderar un talante camaleónico e hipócrita. Partido populista, radical y anclado ideológicamente, combate su indigencia revistiéndose a golpe de encuesta. Cuando se despierta marxista y se acuesta socialdemócrata, enmascara su identidad. Los votos que logra durante el día -procedentes del sector antisistema o de románticos comunistas- los pierde por la noche al cubrirse con ropaje socialdemócrata. No obstante, este travestismo lo compensa captando votos moderados sino insípidos; poco fiables, desde luego, porque suelen preferir otras siglas más afines. De ahí que, definitivamente, las encuestas les sean hostiles y el nerviosismo supere una contención bastante meritoria. Podemos se convierte así en la Penélope política: su pugna neutraliza un azar adverso.

Monedero, ese verso suelto, polemista sin solvencia ni autoridad, deja de ser mona para convertirse en elefante. Viene a cuento la semblanza por su arrolladora nueva entrada en el teatro político, cada vez más parejo a una cacharrería. Agotado el paréntesis adscrito a aquella “ligereza” fiscal, la velada (o no tanto) cita referente a Albert Rivera y su afecto por la cocaína, ocasionó no solo el rechazo del mismo sino de toda la sociedad que espera unos prebostes dignos y preocupados por los problemas ciudadanos, al menos. Si bien tiempo atrás se apartó -o lo apartaron- de la primera línea,  ahora su defenestración debiera ser definitiva porque no debe quedar impune quebrantar las buenas formas. Menos aún de cualquier político que, sin proponérselo, es referente del comportamiento ciudadano. Le exonera algo ese primitivismo ayuno de pautas sociales, pero actúa como un verdadero cínico que aplica al antagonista su verbo salvaje e impío, quedando exentas de tan incruento fanatismo las máscaras aledañas.

Llevamos meses de campaña electoral, porque hablar de precampañas hace tiempo debemos considerarlo un falso eufemismo. Si estamos atentos, con capacidad crítica, observaremos en todo el arco ideológico, sin excepción, un auténtico esfuerzo por mostrar actitudes liberales, rumbosas, ocultas a lo largo y ancho de toda la legislatura. Cada cual intenta camuflar vicios comunes, consabidos, como si pertenecieran a lejanas galaxias. Qué difícil les resulta engañarnos. Distinto es que nosotros, voluntariamente, nos dejemos; y nos dejamos. Pero el disfraz resulta ineficaz, no cuela, es tiempo perdido. Sabemos perfectamente que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Cierto que, en estas ocasiones, la actualidad candente, el debate, se desvirtúa disertando no de política ni de programas electorales sino de monas y de sedas.

La España actual se empeña en disertar de monas y de sedas
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