¿Es Iglesias la víctima democrática de la refriega electoral que dice?

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Protagonistas de una campaña enlodada.

Asombra que Reyes Maroto, cuando ya se sabe que la navaja ensangrentada que le remitieron fue expedida por un demente, acuse del envío a otro de los partidos, y que Monasterio ponga en duda que sea verdadero que Iglesias o Marlaska hayan recibido sobres con balas.

¿Es Iglesias la víctima democrática de la refriega electoral que dice?

Aunque nos han fusilado sin miramientos ni recato la información que fuimos los primeros en adelantar, plagiada íntegramente en otros medios, sobre que esto de mandar cartas con balas no es de ahora, sino que ya se cursaron antes, aunque entonces los destinatarios de las misivas fueron destacadas figuras de la derecha, resulta difícil en este contexto tratar de ser ponderado y poner un poco de equilibrio en el tratamientos de los excesos de todo tipo que se observa en la actual “batalla por Madrid”, en la que unos y otros, y no sólo unos, han roto todos los diques de la moderación y el equilibrio. Lo cierto es que en aquella ocasión nadie dijo que era un ataque a la democracia y acusó a ninguna otra opción de ser la inspiradora o autora de las cartas como se hace ahora. Entonces y ahora era una actividad criminal cuyo origen se debe localizar y perseguir.

Uno no sale de su asombro, por ejemplo, cuando la ministra Reyes Maroto, cuando ya se sabe que la navaja ensangrentada que le remitieron fue expedida por un demente, acuse del envío a otro de los partidos en liza en el ruedo electoral, como si le constara lo que según la policía no es cierto. Y lo mismo asombra que la señora Monasterio ponga en duda que sea verdadero que Pablo Iglesias o Marlaska hayan recibido esos sobres con balas como contrapeso, pese a las extrañas circunstancias de su tramitación por el servicio de correos.

¿Será posible centrar este asunto en su justa dimensión por unos y por otros? Que el mismo tipo que organizaba escraches para impedir que se expusieran ideas diferentes de las suyas en la Universidad, que el mismo tipo que decía que aunque ETA hizo cosas terribles fue dentro de un conflicto político con el Estado y que era lógico que los etarras fueran saliendo de la cárcel, que el mismo que patrocinaba que se rodease el Parlamento o que había ido allí a armarla, porque no creía en una institución burguesa o que aconsejaba a los jóvenes que aprendieran a hacer cócteles molotov vaya ahora de mártir de la democracia, un tipo que sigue viajando en coche oficial y vive rodeado de escoltas que pagamos los contribuyentes, es una desvergüenza y una burla. Ya decía ese gran hombre de Estado Pedro Sánchez que Pablo Iglesias era un mentiroso. Ahora, el mismo que tiene asignada una unidad de la Guardia Civil especial como escolta dice que no puede ni llevar sus hijos al parque.

Como ya revelamos, ni él ni Marlaska ni la directora general de la Guardia Civil son los primeros que reciben cartas con balas en este país, desgraciadamente, y se están lanzando acusaciones generalizadas contra otros partidos y personas, aprovechando en campaña electoral este episodio que les viene bien. El desafuero en ese sentido de Marlaska deja perplejo al calificar de organización criminal a un partido democrático y constitucional, con todos sus defectos, como cualquier otro, incluido el PSOE. ¿Existen pruebas de que los autores, instigadores, cómplices o encubridores de los envíos balísticos sean quienes se acusan de tales? Bien cierto que algunos discursos parecen alimentar esa sospecha y temor.

Mesura y catecismo

Y llama la atención que uno que fue fraile y redactaba catecismos donde explicaba lo que es mesura y prudencia cristiana, que le convendría releer, se deje arrastrar por la misma marea y diga cosas impropias de quien ha sido un hombre de Dios. Por cierto, que asombra, aunque en eso tiene a quien imitar, que el mismo que ayer decía que no pensaba viajar en el mismo autobús que Podemos, los haya invitado a subir al suyo. Ya vemos que esto de las afirmaciones en política es cosa frágil. O sea, que no falta de nada.

Y del mismo modo que se rechaza el discurso de Vox, sus extremos desabridos, y el comportamiento de su candidata en el frustrado debate del que escapó Iglesias, donde debió limitarse a condenar los envíos y no seguir añadiendo leña al fuego, hay que alzarse contra el modo en que otros se aprovechan un hecho lamentable en sí mismo, y no acusar a diestro y siniestro, sembrando dudas sin evidencias. E insisto, los antepasados de Bildu enviaban balas también, pero directamente a la cabeza. Pero pactar con ellos sí que es democrático y normal. Eso ha dicho la bachiller Adriana Lastra, portavoz parlamentario del PSOE y vicesecretaria del partido, que ahora de modo histérico protagoniza otro acto de lucerío en esta campaña.

Esto va de mal en peor y ya nada puede sorprendernos ni de unos ni de otros. Es catastrofista el discurso de Vox, su tremendismo, la actitud de sus dirigentes, el modo en que se manipulan las evidencias reales para dibujar un panorama amoldado a sus objetivos, sacrificando la verdad. Es cierto que lo hacen. Pero también lo es que hay miles de españoles donde ha calado su discurso por cansancio, aburrimiento, decepción o cosas peores con respecto a los otros partidos que lo votan y sus razones tendrán. Y lo mismo que se dice que Bildu es una opción protegida por el manto constitucional, pese a sus orígenes e ideas, en el otro extremo está Vox, con el mismo derecho a que no le tiren piedras en sus actos electorales. Así es la democracia.

Es curioso que el único que en este maremágnum parece un poco equilibrado, el candidato de Ciudadanos, no cuenta para nada, según las encuestas. @mundiario

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