Sumar y Podemos: un duelo que agrava la pérdida de apoyos en la izquierda

La ruptura entre Sumar y Podemos ha dejado a la izquierda alternativa en una espiral de división y debilidad, lo que amenaza con reducir de forma drástica su influencia en el mercado electoral.
Yolanda Díaz, Irene Montero e Ione Belarra. / RR SS
Yolanda Díaz, Irene Montero e Ione Belarra. / RR SS

La fragmentación interna de la izquierda alternativa, que abarca desde sectores radicales hasta formaciones poscomunistas situadas a la izquierda del PSOE, ha alcanzado un punto crítico tras la ruptura formal de Sumar y Podemos en diciembre de 2023. Los efectos del cisma han sido evidentes: ambas fuerzas han sufrido una serie de varapalos electorales, y las encuestas revelan que, sumadas por separado, sus cifras son notablemente inferiores a lo que lograron cuando se presentaron de forma unida.

Hace apenas diez años, el espacio de la izquierda alternativa contaba con más de seis millones de votantes; hoy esa cifra se ha reducido a algo más de tres millones, según datos recientes de 2023. El declive se refleja también en el comportamiento electoral: en 2019, la coalición que unificó a Podemos e Izquierda Unida consiguió 2,25 millones de votos, mientras que en 2024 la suma de los votos de las formaciones escindidas apenas alcanzó 1,38 millones.

Expertos como Ansgar Seyfferth, director en STAT-UP Statistical Consulting & Data Science, advierten de que "a la debilidad le sumas división y guerras fratricidas, y el problema se agrava". Para el politólogo Alejandro Solís, el camino teórico de ir por separado podría permitir apelar a distintos electorados y evitar los "vetos cruzados", pero la práctica demuestra que, sin que ninguno supere el umbral del 12%, la fragmentación resulta en una pérdida de eficacia electoral.

La ruina de la estrategia electoral

Las recientes contiendas en diversas regiones ponen en evidencia este fenómeno: en Galicia, Sumar y Podemos se presentaron de forma separada en febrero de 2024, obteniendo el 1,9% y el 0,3% respectivamente, lo que se tradujo en la ausencia total de escaños; en Euskadi, la coalición pasó de seis escaños en 2020 a solo uno para Sumar al conseguir un 3,3% de los votos; mientras que en Cataluña, donde Podemos optó por no concurrir, los Comunes sufrieron la pérdida de dos asientos, conservando seis.

En las europeas, la diferencia se mantuvo: Sumar obtuvo el 4,6% (tres parlamentarios) y Podemos el 3,3% (dos parlamentarios), en contraste con el mejor desempeño conjunto de la izquierda en 2019, cuando superaron el 10% y lograron un escaño adicional en beneficio del bloque.

Según las encuestas de 40dB y el CIS, la fragmentación ha tenido un impacto negativo en la intención de voto. Mientras antes la suma unificada rondaba el 11,3% o el 11,8%, tras la separación se observan caídas a cifras como el 8,4% (40dB) y el 11,4% (CIS). Estas dinámicas se ven agravadas por el "voto útil", ya que los electores de izquierda, al ver debilitadas sus opciones, tienden a decantarse por el PSOE. Así, entre los simpatizantes de Sumar, el 57,5% optaría por el PSOE como segunda opción, frente a un 15,8% que elegiría a Podemos. En el caso de los seguidores morados, un 32,1% preferiría el PSOE y solo un 30,4% a Sumar, según el CIS.

Disputas internas y perspectivas futuras

La división no solo radica en diferencias estratégicas, sino también en recelos y disputas internas. Algunas facciones, como Movimiento Sumar y Más Madrid, han llamado al "entendimiento" y a la unidad, mientras que la respuesta de Podemos ha sido contundente, proponiendo a Irene Montero como candidata y afirmando que Sumar no representa la vía de convergencia deseable. Por su parte, IU intenta mediar, sugiriéndose como fuerza integradora, aunque muchos consideran que la reconciliación resulta ahora utópica.

El analista electoral Jaime Miquel señala que, en la práctica, una ruptura perpetua provocaría que el reparto de escaños se vea tan reducido que se fomente una mayor gobernabilidad para el PP y Vox. Según cálculos, si Podemos logra alrededor de un millón de votos y Sumar uno y medio, la distribución resultante podría sumar únicamente unos 15 escaños, comparados con los 31 obtenidos en 2023 bajo la fórmula conjunta.

Para algunos, la única salida sería que el bloque se unifique bajo un liderazgo renovado y proyectado hacia un proyecto común capaz de revertir la erosión que ha sofocado el espacio electoral. Sin embargo, la historia reciente y la persistente desconfianza entre ambas formaciones hacen que esa perspectiva sea, por el momento, un ideal lejano.

El futuro de la izquierda alternativa en España se vislumbra sombrío, marcada por una profunda fisura que, lejos de ser simplemente simbólica, se traduce en resultados electorales que podrían reconfigurar el mapa político. Mientras la fragmentación interna y el castigo del sistema electoral continúan, la ruptura no solo achica el mercado electoral, sino que pone en riesgo la capacidad de estas fuerzas para competir de forma efectiva en las próximas generales, favoreciendo, en última instancia, a los partidos dominantes.

¿Será posible romper el ciclo de autodestrucción y recuperar el consenso perdido, o la división interna condenará a la izquierda alternativa a un declive irreversible? La respuesta, en opinión de expertos y en función de la evolución de las encuestas, parece inclinarse hacia una realidad en la que la unidad, por sí sola, no bastará a contrarrestar las fuerzas del "voto útil" en un sistema que castiga la fragmentación. @mundiario