La compasión no soluciona el problema de los inmigrantes sin papeles

Manos saliendo del agua.
Manos saliendo del agua.

Cientos de inmigrantes llegan diariamente a países mediterráneos como Italia o España, creando un problema social y económico. En paralelo se impone salvar vidas ante los naufragios.

La compasión no soluciona el problema de los inmigrantes sin papeles

Cientos de inmigrantes llegan diariamente a países mediterráneos como Italia o España, creando un problema social y económico. En paralelo se impone salvar vidas ante los naufragios.

 

El resto del mundo se inhibe y dejan el problema en manos de los países ribereños, precisamente de los rescatados por sus problemas económicos. En la Europa del Sur, la más emotiva, nos movemos por la compasión más que por la razón y acogemos a todo el que llega dándoles cobijo, alimento y tratamientos médicos antes de dejarlos libres, algo que para ellos es ya en sí un sueño como lo sería aunque solo fuese por tener acceso a la sanidad pública y gratuita. Los inmigrantes que arriban a nuestras costas o son capaces de saltar una peligrosa valla, tienen algunas diferencias. Unos son subsaharianos que huyen de la pobreza y las enfermedades animados por mafias con las que se endeudan, y otros son los que huyen de la guerra.

Parece ser que los que vienen de más al sur, han ideado rutas que atraviesan países en guerra como Siria o Libia, o también desde Argelia, que les llevan directamente a Italia y en menor medida a Grecia. Estos inmigrantes conocidos como sin papeles porque desconocemos de ellos si tienen pasado delictivo o enfermedades y hasta su edad, son rescatados cuando llegan a aguas territoriales, trasladados al Continente, y después de un periodo corto de tiempo dejados en libertad a la espera de la resolución que permita extraditarlos y que pocas veces llega.

Las opciones para estos inmigrantes son limitadas. O trabajar en economía sumergida contribuyendo a crear importantes bolsas de fraude, o trabajar para mafias en la prostitución, el robo, o la mendicidad. Esto que suena a discurso de extrema derecha es solo la realidad. Los acogemos por imperativo legal sin aportar solución alguna. Solo esperar que su número sea tan grande que estallen protestas callejeras y mientras, los más honrados, acogerse a las ayudas de las ONGs que ayudan cuando hay un problema y no entienden de efecto llamada ni argumentos parecidos.

La solución no pasa por dejarlos morir en el mar, la solución pasa porque no mueran de hambre y enfermedades curables en sus países, en no apoyar muchas veces a dictadores crueles, y si queremos acogerlos, que colaboren todos los países desarrollados y por supuesto todos los de la Unión Europea. Este no es un problema de Italia, España, Grecia o Francia, es un problema de Europa.

La otra oleada de inmigración es la de refugiados de guerra o políticos, lo que lo convierte en un problema diferente. Es una situación que no permite tener contrato de trabajo, o esperar a saltar una valla. Simplemente se echan al mar en lo primero que ven y huyen. Una situación que hemos vivido casi todos los países y España también.

Pero en las guerras hay alguien que las inicia, las fomenta y las hace durables permitiendo la entrega de armamento y munición. Así la Guerra de Irak, la que desató más inestabilidad en la zona, es cosa de Estados Unidos, y la de Siria también, aunque aquí el que puso mas empeño fue Francia. Podíamos, seguir con Libia o Egipto, pero es suficiente para saber que en el coste de todo esto debe participar, y muy activamente, Estados Unidos.

Lo  lógico sería acogerles en campos de refugiados y mantenerlos hasta que las condiciones les permitan reintegrarse a la vida normal. Lo que hacemos ahora de premiar al osado para salvarle la vida cuando se puede y trasladarlos a tierra firme, no es aceptable. El refugiado de guerra es un derecho de fuertes y débiles y todos deben ser rescatados, pero el enorme costo que acarrea el rescate, la vigilancia y la estancia, debe ser costeado por el que creó el problema, y en el peor de los casos, por toda la comunidad internacional.

El resumen queda claro. No podemos evitar la compasión ni la justicia, pero el mundo mirando tranquilamente como las países mediterráneos se esfuerzan y se gastan un dinero que no tienen para sus propios ciudadanos, en atender ellos solos el problema, no es tolerable. El problema es grave en España, pero en Italia es una tragedia y pronto estallará si no se resuelve con equidad.

La compasión no soluciona el problema de los inmigrantes sin papeles
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