Choque soterrado en el PP: Génova trata de contener la ofensiva de Ayuso por las primarias

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en el Congreso del partido de Madrid. / @IDiazAyuso
La presidenta madrileña dinamita los tiempos de Feijóo y reabre la pugna interna sobre el modelo de partido, mientras la dirección nacional maniobra para evitar que el congreso se convierta en un escaparate de fracturas.

En plena ofensiva política contra Pedro Sánchez por los escándalos de corrupción que cercan a su Gobierno, el Partido Popular se ve forzado a gestionar su propio frente interno. Isabel Díaz Ayuso ha decidido romper el compás de espera que se había impuesto la dirección de Génova hasta el congreso nacional de julio, al reivindicar públicamente un modelo de “un militante, un voto” para la elección del presidente del partido. El choque entre la presidenta madrileña y Alberto Núñez Feijóo, aunque aún larvado, ha adelantado un debate que en Génova temen tanto como un mal titular: el de una formación dividida justo cuando pretende proyectar imagen de alternativa sólida.

La maniobra de Ayuso no ha pillado por sorpresa a nadie. Hacía tiempo que se intuía que daría esta batalla, pero sí ha descolocado el momento elegido: en mitad de una semana crítica para el Ejecutivo central, tras los avances judiciales y escándalos en los casos que salpican a figuras del PSOE, entre ellas la exmilitante Leire Díez y el exministro José Luis Ábalos. “Es un error entrar en esto ahora”, lamentan voces próximas a la cúpula popular, que ven en la iniciativa de Ayuso un riesgo innecesario de desgaste.

Desde la sede nacional del PP se ha optado por no confrontar públicamente con la dirigente madrileña. La estrategia es clara: desactivar el conflicto bajando el volumen del ruido. Sin embargo, en privado crece el malestar. La presidenta de la Comunidad de Madrid no solo ha irrumpido en el debate orgánico antes de tiempo, sino que lo ha hecho en un momento calculado, el mismo fin de semana de la manifestación contra Sánchez en Madrid, y horas después de que Feijóo apelara a la “centralidad” como única vía para alcanzar La Moncloa. La foto de Ayuso con Javier Milei, el presidente ultraliberal argentino, fue interpretada como un gesto provocador, aunque no haya generado reacción oficial.

En realidad, Génova asume con cierta resignación el perfil propio de Ayuso. Incluso lo considera funcional en términos electorales, como parte de una estrategia de “ensanche” del partido que busca integrar desde centristas hasta sectores conservadores radicalizados. Pero una cosa es la heterogeneidad discursiva y otra muy distinta el control de las estructuras internas. Y ahí es donde Ayuso ha tocado hueso. Las primarias directas planteadas por la presidenta de Madrid cuestionan el modelo que prepara la dirección nacional: un sistema de primarias indirectas, donde los militantes eligen a los compromisarios, y estos al presidente.

Las dos almas del PP

El modelo que defiende Feijóo —respaldado por barones como Juanma Moreno— implica recentralizar el poder en la estructura del partido y rebajar el peso de la militancia en la toma de decisiones. Génova teme que abrir ese debate públicamente convierta el congreso de julio en un plebiscito sobre la propia democracia interna del PP, una disputa que debilitaría la imagen de unidad que el partido quiere proyectar frente a la crisis del PSOE.

Las tensiones se han agudizado por gestos como el plante de Ayuso en la Conferencia de Presidentes, donde abandonó la sala cuando se usaron el catalán y el euskera, rompiendo la estrategia conjunta acordada con Génova. A ello se suma la impresión de que la presidenta madrileña tiene cada vez más capital como líder nacional, capitalizando la oposición más frontal al Gobierno y acaparando focos a costa incluso de la propia dirección del partido.

Pese a todo, en la dirección del PP niegan que se esté gestando una ruptura real. La consigna es esperar a que se publique el borrador de la ponencia estatutaria el 18 de junio, momento en el que podrán presentarse enmiendas. Se abre así una ventana de tres semanas para la negociación, que Génova quiere aprovechar para evitar una votación que exponga fracturas. “Hay margen para acordar una fórmula intermedia”, apuntan fuentes próximas a Feijóo, que no descartan ceder en algunos aspectos para evitar un pulso de desgaste.

Lo cierto es que ni Ayuso ni Moreno cuestionan abiertamente el liderazgo de Feijóo, pero ambos se posicionan ya como referentes de estilos antagónicos dentro del partido. Mientras Moreno reivindica el centrismo pactista y gestos de convivencia como su abrazo al president catalán Salvador Illa, Ayuso pisa con fuerza el terreno ideológico de Vox, al estilo de Milei. El congreso de julio se perfila, así, no solo como un cónclave de reafirmación de Feijóo, sino como el espacio donde el PP definirá los límites de su pluralismo interno.

Por ahora, la mayoría de los 3.200 compromisarios parecen inclinarse por la propuesta de la dirección nacional. Pero si algo ha demostrado Ayuso es que sabe forzar los debates y condicionar el relato. Aunque pierda la votación, su pulso puede dejar huella en el partido. @mundiario