Un nuevo frente interno en el PSOE: la sucesión de crisis que golpea al núcleo que sostiene a Sánchez

El manejo tardío del caso Salazar ha fracturado al PSOE, ha reactivado viejas pugnas internas y ha golpeado de lleno la credibilidad feminista que el partido reivindica como una de sus señas de identidad.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno en el Congreso. / Congreso de los Diputados.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno en el Congreso. / Congreso de los Diputados.

El PSOE afronta uno de sus momentos más delicados desde 2017. El arranque de campaña centrado en Extremadura ha derivado en una crisis interna que reabre viejas heridas y amenaza con socavar el relato político del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. La gestión de las denuncias por acoso sexual contra Francisco Salazar —exresponsable de confianza de La Moncloa y pieza clave en la arquitectura interna del partido— ha tensado al máximo la estructura socialista y ha dejado al descubierto una debilidad que sorprende incluso a cuadros veteranos.

Durante cinco meses, las denuncias presentadas por dos trabajadoras de Moncloa no obtuvieron una respuesta ágil por parte del PSOE, pese a su compromiso estatutario con el feminismo. La falta de diligencia, la desaparición de escritos en el canal interno de denuncias y la ausencia de contacto con las víctimas han amplificado la indignación interna, que reconocen varios dirigentes socialistas, conscientes de que la respuesta tardía ha erosionado mucho más que la imagen pública del partido.

El malestar ha sido verbalizado con fuerza por Adriana Lastra, antigua número dos y otrora una de las voces más influyentes en el partido. Su exigencia de trasladar de inmediato las denuncias a la Fiscalía —por tratarse de “violencia contra las mujeres”— ha marcado una línea roja frente a la posición más cauta de Ferraz, que insiste en esperar al informe del Comité Antiacoso.

La fractura es notable. Las federaciones autonómicas presionan para que se dé una respuesta política y judicial a la altura del compromiso feminista del PSOE. El contraste con la narrativa impulsada desde 2018, basada en la lucha contra la corrupción y la defensa de la igualdad, resulta difícil de sostener ante un caso que toca el núcleo de ambas banderas.

Crisis en cadena: un otoño que se vuelve contra el PSOE

El caso no estalla en el vacío. Salazar formaba parte del grupo de confianza de Sánchez en sus años más decisivos y había sido ascendido en la estructura de Organización. Su caída ha reactivado tensiones con viejos equipos y ha sacado a la superficie cuentas pendientes que no se habían cerrado del todo.

La reacción de Lastra —quien ya había denunciado presiones internas antes de su salida— ha funcionado como un catalizador. El silencio del presidente en su mitin de Plasencia, evitando aludir al escándalo, ha servido de combustible para quienes consideran que el partido ha perdido reflejos para atajar las crisis.

El cálculo político de septiembre —cuando en el PSOE se hablaba de un “otoño judicial” para el PP— se ha girado por completo. La entrada en prisión del exsecretario de Organización socialista José Luis Ábalos y su asesor, la presión por la trama Koldo y ahora el caso Salazar conforman un terreno minado que descoloca a la dirección socialista.

En Extremadura, donde el PSOE podría obtener su peor resultado histórico según los sondeos, la candidatura de Miguel Ángel Gallardo ya cargaba con dificultades propias por su imputación en la causa judicial contra David Sánchez, el hermano del presidente del Gobierno. La irrupción del caso Salazar en plena campaña añade un nuevo peso a una estructura que parecía estabilizarse tras meses de sobresaltos.

La dirección de Igualdad ha pedido perdón públicamente, y Ferraz insiste en que la Comisión Antiacoso trabaja con independencia y rigor. Pero dentro del partido crece la sensación de que el daño ya está hecho.

La credibilidad del PSOE en el alambre

El desafío para Sánchez pasa por:

  1. Reconstruir la confianza del electorado femenino, clave para la identidad y la base social del PSOE.
  2. Restablecer la cohesión interna, erosionada por la gestión del caso y por la reaparición de tensiones entre familias socialistas.

El caso Salazar representa un test crucial para un partido que ha hecho del feminismo su marca política y que, tras años de discursos contundentes, enfrenta la prueba más exigente de coherencia interna.

La respuesta de Ferraz en los próximos días determinará si el PSOE logra contener un daño que ya se proyecta más allá de un ciclo electoral. O si este episodio se convierte en un punto de inflexión en la percepción pública del liderazgo de Pedro Sánchez y de la solidez ética de su proyecto político. @mundiario

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