Yo acuso: 'Mira, Marianete, tú lo que quieres es que me coma el tigre'

Teseo mata a Procusto
Teseo dándole lo suyo a Procusto, según un ceramista griego.

El autor, consciente de sus propias taras, hace tiempo que llegó a la conclusión de que, para gobernar en España, hacen falta niveles de psicopatía inéditos en el Occidente contemporáneo.

Yo acuso: 'Mira, Marianete, tú lo que quieres es que me coma el tigre'

Si ustedes, deseados lectores, creen que el primer psicópata de ficción lo inventó alguno de mis colegas guionistas, alguien los ha engañado. Puede, incluso, que fuera un guionista. Quien los engañó, digo, aunque he tenido compañeros lo bastante tarados como para convertir sus oscuras fantasías en realidad. Ese gremio no es de fiar, que se lo digo yo.

Bueno, a lo que iba. Al primer psicópata de ficción lo inventaron los griegos del Ática, región donde se levanta Atenas. Allí cometía sus fechorías un salteador de caminos con puesto fijo. No, no era directivo de una concesionaria de peajes (hay que ver cómo son ustedes, le sacan punta a todo). El psicópata que yo digo tenía una posada. Se llamaba Procusto, alias Procrustes, el Estirador; alias Damastes, el Avasallador; y alias Polipemón, el Muchos daños. Buena gente, lo que se dice buena gente, no era. Eso sí, hacía unos callos y unos sesos como para chuparse los dedos. Ya verán.

Cuando algún viajero llegaba hasta el lugar, Procusto tomaba nota, a ojo de buen cubero, de su altura. Si era alto le ofrecía una cama corta; y si era bajo, le ofrecía una cama larga. ¿Y eso por qué?, se preguntarán. Sencillo de explicar. Yo creo que los psicópatas son, fundamentalmente, maniáticos del orden, gente muy quisquillosa. Y ególatras colosales, claro. Entienden que el mundo es un caos y que solo ellos pueden ponerlo en orden (por eso, muchos se dedican a la política). Y si el mundo no está desordenado, ellos lo desordenan con tal de llevar razón. Por eso Procusto les cambiaba las camas a sus clientes. Una vez que se iban a dormir, él los ataba. A los altos, que se les salían los pies y la cabeza por los extremos, se los recortaba con un hacha para ajustarlos a las medidas del mueble. A los bajos les descoyuntaba las articulaciones con un mazo hasta que el retorcido hostelero igualaba su altura con la de la cama. Y todo en orden otra vez, que maldita la falta que hacía. Fue Teseo, el mismo que mató al Minotauro, el que descoyuntó y recortó a Procusto, haciendo justicia con sus mismas armas.

Hoy, el lecho de Procusto define un estándar arbitrario por el que se fuerza a la realidad a adaptarse a nuestro capricho. En periodismo, para que me entiendan, es procústica esa sentencia que afirma que la verdad no puede estropearte un buen titular. En política llevamos dos años soportando un gabinete entero de procustos, damastes y polipemones.

La última que han hecho ha sido la de arrebatar el derecho a la Sanidad Pública a los españoles que han emigrado para conseguir fuera el trabajo que no hay dentro. Y lo perpetraron el día 26 de diciembre, a las escondidillas, en el más rastrero estilo del Rajoy que huye por los pasillos o que se presenta a los medios a través de un plasma. Si usted está en paro, y no cobra prestación ni subsidio y se larga del país más de noventa días, cuando vuelva tendrá que contratar un seguro privado.

Cuando Fátima Báñez, la ministra del Paro y de la Virgen de los Desamparados, dijo que los jóvenes que emigraban eran aventureros de la talla de Cortés y Pizarro, estiró de categoría a los licenciados parados, descoyuntando la verdad en favor de la propaganda. Ahora que se le queda canija la cama común de la Seguridad Social, les corta la asistencia sanitaria a los emigrantes como Procusto tajaba pies y cabezas. Es como el chiste de los cazadores que se preparan para ir de safari y uno va poniendo al otro en supuestos cada vez más peligrosos y con menos salida: "¿Y si te falla la escopeta? ¿Y si la pólvora de la pistola se te moja en el Zambeze? ¿Y si te has traído un cuchillo de postre en vez del de caza? ¿Y si no hay ningún árbol al que trepar?". Y ya el otro le suelta: "Mira, macho, tú lo que quieres es que me coma el tigre". Como Procusto Rajoy, igualiiiiiiiiito.

¿Quieren otro chiste? Me enteré de esa noticia sobre nuestros emigrantes a través de un blog: periodismoalternativo.com. La indignación de su autor contrastaba con la publicidad de la página: dos aseguradoras de salud privada. Eso se llama adaptar la realidad a tu conveniencia; de lo más procústico. Es el chiste de la esquela del catalán (con perdón): "Montse muerta. Vendo Opel Corsa". Si lo dicen con acento, como Eugenio, parece más gracioso.

Yo acuso: 'Mira, Marianete, tú lo que quieres es que me coma el tigre'
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