La Unión Europea y la inmigración africana

¿Qué jinete del apocalipsis no cabalga por el Sahel donde mueren más niños/as que en cualquiera otra parte del mundo?
El presidente de Francia Emmanuel Macron con los líderes del G5 Sahel. / rfi.fr
El presidente de Francia Emmanuel Macron con los líderes del G5 Sahel. / rfi.fr

Según declaraciones de las organizaciones humanitarias UNICEF, ACNUR y OIM, realizadas con motivo de un nuevo naufragio mortal en el mar Mediterráneo ocurrido entre el 3 y 4 de agosto, en el que desaparecieron 41 personas (entre ellos/as 3 eran niños/as), “ya hay más de 1.800 personas muertas y desaparecidas este año a lo largo de la ruta, que todavía figura entre las más activas y peligrosas a nivel mundial, con más del 75% de las víctimas durante la última década”. Cabe señalar que, según UNICEF, del total de muertos y desaparecidos “al menos 289 son niños y niñas” aunque seguramente el número real sea superior pues muchos naufragios o no dejan supervivientes o no se registran.

Para mejor entender las razones que llevan a una multitud de africanos/as (hombres, mujeres, niños/as) a emprender una acción tan arriesgada, resulta necesario echar un vistazo a la realidad política y social de África y muy especialmente de los países del llamado Sahel porque es de donde proceden la inmensa mayoría. Según el PNUD, cuyos informes están entre los más valorados a nivel mundial, “El Sahel siguió —y sigue— siendo una de las zonas más inestables del mundo, en la que no dejan de ocurrir incidentes de seguridad, conflictos prolongados y situaciones de desplazamiento que afectan a millones de vidas.

Por nivel de desarrollo (IDH) los países del Sahel se mantienen a la cola: entre los 10 países más pobres del mundo, 6 pertenecen a esta región africana. La seguridad de las personas está constantemente comprometida por las guerras, el contrabando y el terrorismo. Cada país de la región vive un complejo y peligroso mix de pobreza, falta de gobernanza, sistemas poco democráticos y grupos armados que ganan poder territorial (ieee.es). A través de las ancestrales rutas comerciales que lo atraviesan, en el Sahel se trafica con seres humanos, armas, combustibles, oro y medicinas falsificadas (NACIONES UNIDAS).

Por su parte AI (Amnistiá Internacional) confirma que la inseguridad reina en la región donde la población vive atrapada entre los ataques de los grupos armados y las operaciones militares en curso. Mientras, las fuerzas de seguridad detienen arbitrariamente a decenas de personas en grupos, sin que se vuelva a tener noticias de algunas de ellas, y se desconoce la auténtica magnitud de las violaciones de derechos humanos cometidas por los ejércitos.

Por si esto no fuera suficiente la FAO nos dice que el hambre, el SIDA y la COVID.19 hacen estragos en esta zona. Que la desertificación acelerada que provoca el cambio climático es la responsable de que millones de hectáreas de tierras de cultivo que se pierdan cada año en la región. La pérdida de tierras es un factor impulsor de muchos otros problemas como el hambre, la pobreza, el desempleo, la migración forzada, los conflictos y un mayor riesgo de fenómenos meteorológicos extremos relacionados con el cambio climático. 

Esta es a grandes rasgos la situación en el Sahel que lleva a que cada vez más habitantes de esta región afronten los enormes riesgos que supone intentar llegar a Europa: huyen del hambre, las guerras, las enfermedades, la violencia, la esclavitud, las masacres, el terrorismo… ¿Qué jinete del apocalipsis no cabalga por el Sahel donde mueren más niños/as que en cualquiera otra parte del mundo?

Por todas estas razones esta región es un polvorín desde hace décadas, con reiterados golpes de estado por parte de las fuerzas armadas que en algunos casos son respondidos por las guerrillas, como sucede con la rebelión tuareg (“los hombres azules”). Guerrillas que en no pocos casos han encontrado un negocio lucrativo en el secuestro de turistas y empleados de empresas europeas instaladas en el territorio. Unos conflictos armados que se ven favorecidos por la abundancia de armamento, y el muy lucrativo negocio del tráfico de estupefacientes como la heroína y la cocaína. La enorme extensión que ocupa el Sahel (tan grande como Europa) hace inviable el control de la situación, que se ve agravada por la aparente incapacidad de ponerse de acuerdo entre los gobiernos que llegan a acusarse mutuamente de propagar el terrorismo.

Una situación dramática en la que Occidente tiene su parte de responsabilidad y no menor. Hablando de Europa habría que colocar a Francia, por sus intereses en la zona (el mercado de uranio) como un relevante agente perturbador. No es mucho menor la responsabilidad de los Estados Unidos que en su cruzada contra el terrorismo islámico (en especial contra la secta islamita de Boko Haran) incendió aún más el polvorín que era esta zona.

Un polvorín en el que se suceden los golpes militares mientras la población huye como puede, poniendo en riesgo sus vidas como estamos viendo todos los días. Una población a la que Europa, a diferencia de lo que sucede con la población ucraniana, cierra las puertas cuando no los encierra en “barcos cárceles” como hace Gran Bretaña. @mundiario

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