En la UE toca realpolitik para entenderse con Trump

La vuelta de Trump a la Casa Blanca presenta un panorama lleno de retos para la UE. La política pragmática —o realpolitik— es esencial para que Europa gestione esta relación con inteligencia y sin caer en ingenuidades.
China, la UE y EE UU. / Dreamstime
China, la UE y EE UU. / Dreamstime

La realpolitik se perfila como como la mejor herramienta para Europa ante un Estados Unidos proteccionista de la mano de Donald Trump. Solo una estrategia política y diplomática fundamentada en un análisis realista de las circunstancias permitirá salir del paso, dejando en un segundo plano consideraciones ideológicas o premisas éticas. Por algo el enfoque pragmático y desapasionado de la realpolitik se centra en los intereses concretos y en la eficacia de las decisiones, al compartir una base filosófica con corrientes como el realismo y el pragmatismo. No queda otra.

La reelección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos reabre, de hecho, una serie de interrogantes sobre el rumbo de las relaciones transatlánticas. Con el republicano en la Casa Blanca, su enfoque claramente proteccionista y su falta de compromiso con el orden multilateral auguran un periodo de fricciones entre EE UU y la Unión Europea (UE). Aunque ya veremos hasta dónde es capaz de llegar con sus medidas más disparatadas.

Si algo sugiere esta nueva etapa, es que la UE deberá apostar más que nunca por la realpolitik —la práctica de políticas pragmáticas y realistas, guiadas por el interés estratégico más que por valores o ideales— para mantener un equilibrio beneficioso entre ambas potencias. Sin esta perspectiva, el proyecto europeo podría sufrir retrocesos en su relación con un país cuyo impacto económico y militar sigue siendo decisivo para la estabilidad mundial.

La política de Trump se caracteriza por un proteccionismo radical y un creciente escepticismo hacia la cooperación internacional. Los desafíos internos, que incluyen la polarización política, el derecho al aborto, la inmigración y la inflación, parecen encaminarlo a redoblar sus esfuerzos en fortalecer la economía interna mediante una política de Estados Unidos primero. En su primer mandato, Trump dejó claro que su visión excluye compromisos en organismos como la Organización Mundial del Comercio (OMC) o acuerdos multilaterales que no otorguen una ventaja directa a EE UU. Esta perspectiva de desacoplamiento progresivo de la economía estadounidense del sistema global amenaza no solo las relaciones comerciales, sino también la estabilidad financiera global. Europa, como principal socio económico y político, debe tomar nota y estar preparada para responder con medidas pragmáticas.

Europa, en el punto de mira

La política proteccionista de Trump no solo encierra riesgos económicos para Europa, sino que representa una amenaza para el equilibrio en la cadena de suministro y la cooperación tecnológica internacional. El proteccionismo de su Gobierno podría desencadenar una nueva ronda de aranceles no solo contra China, sino también contra los países europeos. Enfrentar esta situación requiere una UE que esté lista para adoptar medidas firmes para proteger sus intereses económicos, así como para mitigar los efectos negativos de una posible guerra comercial de gran escala. Desde una postura de realpolitik, la UE debería fortalecer sus relaciones comerciales con otros mercados emergentes y, en la medida de lo posible, reducir su dependencia de la economía estadounidense.

Las tensiones comerciales entre EE UU y Europa no son un fenómeno nuevo, pero Trump promete una nueva ola de fricciones con un enfoque de tarifas que ya anticipó durante su primera administración. Su intención de elevar los aranceles a productos extranjeros bajo la premisa de proteger la industria estadounidense amenaza con desestabilizar aún más el comercio mundial. Si la UE se limita a condenar la falta de cooperación en estos temas, perderá una oportunidad estratégica para establecer alianzas alternativas y defender sus sectores más vulnerables ante esta ola proteccionista. De hecho, esta situación podría empujar a Europa a fortalecer sus lazos comerciales con Asia y América Latina, diversificando sus mercados y posicionándose como un actor autónomo frente a las políticas impredecibles de EE UU.

El proteccionismo de Trump también podría afectar las inversiones en tecnología y en sectores clave de innovación, como la inteligencia artificial y la economía digital, donde EE UU y la UE tienen un rico histórico de colaboración. La falta de diálogo transatlántico en estas áreas podría frenar el crecimiento de ambos lados, especialmente en un momento en el que otros actores globales, como China, están ganando terreno. Europa necesita tomar medidas decididas para proteger y potenciar sus propios ecosistemas de innovación, minimizando su exposición a una economía estadounidense cada vez más cerrada. Esto no solo protegería sus intereses, sino que enviaría una señal clara a Washington de que Europa es capaz de actuar con autonomía en temas de relevancia estratégica.

Por otro lado, la situación fiscal de Estados Unidos bajo el mandato de Trump representa un riesgo global. Su despreocupación por el déficit público, junto con la intención de reducir impuestos y aumentar el gasto en programas internos, está llevando a la economía estadounidense a un camino de alto endeudamiento. Judith Arnal y Federico Steinberg, del Real Instituto Elcano, han proyectado que el déficit estadounidense podría superar el 6% del PIB en los próximos años, mientras que la deuda pública se dispararía a más del 140% del PIB en 2032. Este aumento de la deuda puede tener efectos dominó en el sistema financiero global y podría desencadenar una crisis en la que la UE se vería directamente afectada. En un contexto de realpolitik, la UE debería reforzar sus propias políticas fiscales y monetarias, priorizando la estabilidad y preparándose para posibles turbulencias financieras derivadas del modelo económico de Trump.

Todos pendientes de Ucrania

El nuevo mandato de Trump también podría generar desafíos en el ámbito de la seguridad y la defensa. Aunque EE UU sigue siendo un aliado fundamental en la OTAN, las prioridades de Trump pueden no coincidir con las de Europa. La política de paz a través de la fuerza que Trump ha defendido en relación con el conflicto de Ucrania, por ejemplo, despierta dudas en algunos aliados europeos. Unos y otros van a estar pendientes de Ucrania.

La UE debe asumir una postura madura, y reforzar su independencia estratégica, especialmente en el marco de defensa común. Europa necesita prepararse para un futuro en el que la seguridad de sus fronteras y la estabilidad en su vecindario no dependan exclusivamente del apoyo de Estados Unidos.

La vuelta de Trump a la Casa Blanca presenta, por tanto, un panorama lleno de retos para la UE. La política pragmática —o realpolitik— es esencial para que Europa gestione esta relación con inteligencia y sin caer en ingenuidades. Los líderes europeos deben ser conscientes de que la Unión debe responder a los desafíos que el proteccionismo estadounidense representa sin depender exclusivamente de los lazos tradicionales. La UE debe fortalecerse como bloque autónomo y preparado para defender sus propios intereses estratégicos, ya sea a nivel económico, de seguridad o tecnológico. @J_L_Gomez en @mundiario

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