Plato del día

Este PSOE es puro Red Bull para la ultraderecha: ¡le da alas!

Aquellas golondrinas socialdemócratas del Felipismo, no volverán al balcón de Ferraz, 70. Las que ahora pasan por allí se llaman Ábalos, Koldos, Aldamas, Leire Díez, y no construyen precisamente nidos, sino audios, chantajes, comisionistas, motivos de sobra para reconocer que cualquier tiempo pasado socialdemócrata fue mejor.
¡Sal al balcón, Pedro!
¡Sal al balcón, Pedro!

Ni Leire Díez se imaginó nunca llegar tan alto, estar rodeada de tantas luces, tantos reporteros gráficos, tantas cámaras de televisión, ni el PSOE (tras un siglo y pico de historia), caer tan bajo, enrocarse en el silencio, renunciar a ser un partido de Estado e intentar correr un tupido velo ante una Dana de corrupción que acapara la atención de los más paradigmáticos medios de comunicación de occidente. Hemos pasado de un joven Isidoro que se trajo de Suresnes la izquierda socialdemocratizada que cristalizó en toda Europa tras la II Guerra Mundial, a este inútil neomarxismo de salón, de palabras huecas, de, a veces ingenuas y casi siempre insaciables marionetas, dejándose manejar por hilos y permitiendo que hablen por sus bocas parásitos y trepas ventrílocuos de Ferraz, 70 y de Moncloa.

Esta izquierda de charanga y pandereta, que ha practicado una opa hostil al genuino PSOE (con algunas sombras y muchas luces iluminando el último cuarto de tiempo del siglo XX), es una especie invasora de la autóctona socialdemocracia europea que sembraron los Olof Palme, los Willy Brandt, los Felipe González. Esta, la que pone de los nervios a Garcías-Page, la que camela a los vulnerables con ocurrencias de aparente naturaleza social con fechas de caducidad, la que intenta igualar a las llamadas clases medias y trabajadoras por abajo y se muestra incapaz de igualarlas por arriba, la que sortea apagones, se pone de perfil en las catástrofes, practica el Unamunismo bélico, ¡que inventen ellos!, o sea, ¡que se rearmen los demás!, priorizando su pax parlamentaria y gubernamental y obviando la PAX de naturaleza disuasoria a la que se aspira en Bruselas, no es un partido, no es un proyecto, ni siquiera un ejército a lo Pancho Villa, oye, sino la versión humana de un enjambre de abejas que han abandonado su colmena, han proclamado otra abeja reina, han reclutado diversas, distintas y distantes abejas obreras y han creado zánganos y zánganas con cartera dispuestos a fecundar a su divino líder en un intento desesperado de que reproduzca votos.

Aquella otra izquierda, ¡qué en paz descanse!, que se presentó en sociedad sin ira, con proyectos que permitían soñar con alzar el vuelo a clases humildes y medias; que no amenazaba a los Forbes con la guillotina; que le dejó cancha libre al centroderecha para crecer, multiplicarse y convertirse en un muro de contención de la ultraderecha; que sorteó intentos de procés en Euskadi (haciéndose de tripas el corazón en funerales de sus víctimas de ETA) y conatos catalanes mirando hacia otro lado con las cosas de Pujol, antes de que el exHonroable pronunciase su desHonorable pregunta: ¿que coño es esto de la UDEF?, esa, ya digo, no se yo si volverá, como no volvían las golondrinas en el poema de Gustavo Adolfo Bécquer.

Esta otra izquierda de ahora, en cambio (con su manual de resistencia y su fijación con Génova, 13), cada vez que alza la voz para intentar derribar a Feijóo de su inestable atalaya, no sé si no se da cuenta (o sí, vaya usted a saber), de que sube el pan y las expectativas electorales de la poco deseada y deseable ultraderecha que hiela los corazones en España y en Europa. @mundiario

Comentarios