Post 23-J: toca derrochar felicidad política, verdadera o falsa

Viví la jornada electoral del 23-J como vocal de mesa, pero sin calor, por suerte. Veo esta mañana algunas caras contracturadas en las fotos de la prensa. La de Cuca Gamarra, por ejemplo.

Celebración electoral del PSOE el 23-J. / @TeresaRibera
Celebración electoral del PSOE el 23-J. / @TeresaRibera

Unas palabras sobre el combate de ayer:  Feijóo (80,400 kilos) versus Sánchez (94,200 kilos). El peso de Feijóo me lo invento. Si alguno lo sabe, me lo dice y corrijo si es inexacto. A Sánchez le agregué 200 gramos (a lo él mismo que confesó en su gira televisiva) por la ingesta ansiosa de sus últimos días de campaña.

Y llegamos, en pleno y sofocante verano, al 23-J de 2023. Sánchez no suda para que no le critiquen más la fecha. El comicio fue observado por analistas políticos del mundo entero.  Los candidatos se exhibieron muy felices y pletóricos en el final de campaña. Habrían de estarlo, suponemos. Debían transmitir confianza a sus allegados. Y como el inconsciente no distingue lo verdadero de lo falso, a los efectos de quienes les observan -en una España prefreudiana-, es igual: si lucen contentos y felices por la campaña realizada, es que lo están. El inconsciente de los receptores, sus seguidores, confirma la felicidad de cada uno.

Atrás quedaron los cadáveres: las mentiras, las contradicciones, la ignorancia, la humildad, las claudicaciones, inexactitudes, cambios de opinión, etc. Todo ahora es rosa para los dos: fuera las negatividades.

Me explico. 

A modo de ejemplo. Que Odón Elorza, un puntal socialista en favor de la transparencia, haya abandonado su banca a principios de 2023 para no seguir incomodando a algunos compañeros de bancada con su pensamiento en favor de la integridad, es algo que a nadie, en las filas socialistas, le importa. Pedro es el más transparente y el que más lucha por la transparencia, dirán. Que le pregunten a Luis Garicano que ya no espera -se fue de la política- información sobre la operación millonaria de rescate a la compañía aérea Plus Ultra.

Por su parte, a Feijóo, en los últimos días de campaña, le faltó decir: ¿quién no tiene una foto de juventud con un contrabandista? Pero no lo preguntó. Estuvo muy cerca de confesar que hubo amistad. Pero no, todo político sabe que de la confesión no se vuelve.

Del pecado común no se habló en campaña. ¿Pecado político común? ¿Qué es eso? Veamos. Aunque saben lo que pasó en la Justicia, ninguno de los dos ha de saber con precisión de qué trata la sentencia del Tribunal Supremo número 608 de 24 de mayo de 2022 que resolvió favorablemente el recurso contencioso-administrativo promovido por un concursante para dirigir la Agencia Española de Protección de Datos para frenar un concurso amañado por el PP y el PSOE, los dos juntitos. De haber querido hablar, a Feijóo le quedaba la excusa de que eso era cosa de Pablo Casado y Teodoro García Egea. Pero Sánchez no puede decir lo mismo, todavía tiene a su lado a Félix Bolaños, el prohijador de ese espurio acuerdo por parte del PSOE. Para quien no lo recuerde: los dos partidos acordaron unos nombres para unos altos cargos en una agencia estatal, antes de celebrar el concurso preceptivo por ley. ¿Cuál fue el problema? Que se presentaron los mejores. Un bochorno.

Viví la jornada electoral del 23-J como vocal de mesa, pero sin calor, por suerte. Veo esta mañana algunas caras contracturadas en las fotos de la prensa. La de Cuca Gamarra, por ejemplo.

Otra vez, desde una mirada política psicoanalítica apunto dos detalles: el lenguaje corporal dice más que las palabras. Y ello conduce a que los dos líderes, Feijóo y Sánchez, mantengan en escena un discurso victorioso en los próximos días. Les toca derrochar felicidad política, verdadera o falsa.  El inconsciente no distingue, repito. Hay victoria, pero no sabemos todavía cómo se traducirá en la formación de gobierno.

Tanto Sánchez como Feijóo podrán usar el concepto psicológico de “transferencia”. Sánchez ya lo hizo. Quizás Feijóo lo estudie para usarlo también. @mundiario

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