Las necesidades sociales comprimen los tiempos

La educación y la sanidad muestran estos días gran tensión; la resistencia de los materiales se resiente.
Niños en un aula de clases. / Mundiario.
Niños en un aula de clases. / Mundiario.

Con el tiempo, los materiales evidencian si su capacidad para resistir esfuerzos, los hace inservibles e inútiles. En cuestiones de socialización, corresponde a la historia principalmente, y de algún modo al periodismo serio, prestar atención a los factores que intervengan en esta evolución, un trabajo en el que la Sociología, la Estadística y otras áreas de las Humanidades prestan valiosa ayuda para entender qué pasa y qué convendría hacer. Quienes desde la representación política deban decidir como más útil y seguro para el colectivo ciudadano viven en otra fase, no ncesariamente coherente y, a menudo, contraria  a las investigaciones realizadas.

En la realidad social, cuantos participan en este proceso analítico, y en el decisorio, no son seres celestiales. Por ello mismo, sus formas de mirar una realidad siempre compleja son dispares y, en muchos casos, opuestas, lo que determina que lo que ven o no ven puede ser invención cuando no bulo y sofisma para distraer la atención de los demás. En todo caso, este presente lleva un mes muy acelerado -adjetivo evidentemente subjetivo-, porque la cronología es la que es. No cabe duda de que la llegada de Mr. Trump&Asociados al trono de Washington está generando una desazón grande en cuantos no pierden ojo de los telediarios, las acciones de Bolsa y las de los jefes de Estado europeos. Es apocalíptica para muchos, esperanzada para otros, y equívoca para cuantos quieren tener idea de hacia dónde cae el Norte o el Sur de la dirección del viento que sopla.

A mediados de los años cuarenta, Borges ya dejó medio zanjada la cuestión medio bizantina de si el tiempo es circular o lineal en un relato corto en que “dos teólogos” entretienen toda su vida en la defensa de una u otra posición, mientras mejoran sus competencias en lanzarse  improperios, condenas y sortilegios. Como si el tiempo se hubiera detenido, vuelven aquellos “monótonos” de El Aleph disputando si “nada es lo que no haya sido y que no será” o si el tiempo no es circular, cuando este momento ofrece muchos indicadores para que veamos si avanzamos, retrocedemos o estamos donde siempre. En el anverso y reverso de una misma realidad, pueden los de Elon Musk y la CEPAC divulgar en las redes la epifanía de una nueva humanidad de la que son avanzados misioneros, pero nadie debiera olvidar que los motivos de desdichas no son de ayer o antes de ayer. Muchas vienen de muy lejos y algunas han estado ahí siempre, sin nadie que se ocupara de ponerles remedio. Hay personas a las que el presente de indicativo de algunos verbos siempre se les ha resistido y ni siquiera pueden conjugar el pretérito imperfecto. Educarse y curarse, por ejemplo, son verbos reflexivos cuya acción depende de un sistema de educación y otro de sanidad, dos pilares  que estos días llaman la atención sobre su real situación. Su  distancia de de la retórica con que los encubren las políticas de bienestar reside en que Educarse y curarse implican acciones que ejecutan otros, no el sujeto, y la cuestión es si son de todos y para todos.

La conjugación del presente educativo y sanitario

 Ayer, día 23, una gran manifestación en Madrid vino a recordar que la única educación al alcance de la mayoría ciudadana, la de la red pública de centros, tiene carencias graves en todos sus niveles, bien sea la Educación Infantil, las etapas intermedias del Bachillerato y la FP, antes de la Universidad y, también, los grados superiores de esta. Los datos de ratios de alumnado por docente, gasto medio por alumno y distribución selectiva de cuantos quieran estudiar, contradicen el supuesto derecho a una educación digna para todos, y difieren del justo equilibrio que tiene que haber para que la “libertad” y “universalidad” de que habla el artc. 27 de la CE78 sean verdad. Sigue siendo muy aleatoria, sin embargo, la igualdad de todos en cuanto a dignidad del trato, mientras la inversión de dinero público –el de las Comunidades lo es- en negocios privados crece y, además, hay centros en que se el confesionalismo  justifica una red educativa que beneficia a unos pocos segregándolos de la convivencia con la gente corriente. La prevalencia de los “fracasos escolares” en este otro colectivo habla de desinterés y falta de cuidado; y cuenta asimismo que este “ascensor social” está gripado, sin nadie que lo repare.

Se avecina, en marzo, una huelga de tres días de similares razones en lo concerniente a otro bien fundamental: la Sanidad. Los profesionales de sus distintos niveles, especialidades y competencias para atebder la salud de los ciudadanos, están hartos de incumplimientos, promesas fallidas y malos modos de gestionar un bien público detrayendo recursos para el crecimiento exponencial de beneficios privados. La privatización en este terreno, que también viene de lejos, sigue creciendo y los/las ciudadanos/as con problemas se encuentran con muros de espera y derivaciones a lugares insospechados. No se sienten de la misma tribu que quienes, ante situaciones parecidas, allanan con su renta diferencial los más diversos problemas. Quien tenga biografía relativamente larga puede testificar que en su infancia ya se hablaba de discriminaciones de este tipo; no le habrá extrañado mucho lo acontecido a otras 7291 biografías en residencias madrileñas. Sus desvíos de atención -significados como “esas mierdas” por el centrimadrileñismo hace poco-, hicieron que  la última conjugación del presente que les era debido se parezca al del Infierno de Dante.

Carandell escribía en 1976, después de haber estudiado en colegio privado, que aquel había sido “un tiempo perdido”. Y ya Unamuno había echado de menos en 1903, que el verdadero espíritu democrático de la enseñanza no estuviera en que “todos los niños de un pueblo, desde el hijo del más rico al más pobre” no consistiera en que todos compartieran los pupitres de la misma escuela. Casi en marzo de 2025, nadie debiera espantarse de que el neoconservadurismo recobre posiciones en el panorama sociopolítico aquí, en Alemania, en EE UU y en media Europa. Séase partidario de la circularidad del tiempo o de su continuidad se deberán aclarar las supuestas “mejoras” no habidas en todos estos años. La documentación existente no es optimista.  Aristóteles ya reclamaba –cuatro siglos antes de la era cristiana- la necesidad de “una misma educación de todos, y que el cuidado ha de ser común y no privado”, si se busca coherencia con lo que necesita la POLIS. Y Karl Polanyi (La gran transformación) argumentaba en 1944 frente al liberalismo colonizador de las vidas ajenas, que, al naturalizar la competitividad social y las pasiones humanas -buenas o malas-, estas tomaban la educación y la sanidad como escaparate de “ostentación ceremonial”, para “estimular  al máximo la emulación”, no para crear comunidad democrática. ¡Mucha suerte en el camino! @mundiario

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