PLATO DEL DÍA

El ministro Ángel Víctor Torres y la plaga de excusatios non petitas…

Vivimos tiempos convulsos en los que se abusa de las excusas no solicitadas oficiales y las sospechas de acusaciones manifiestas civiles. ¡Mal asunto…!

 

 

 

 

 

Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial y Memoria Democrática. / La Moncloa
Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial y Memoria Democrática. / La Moncloa

Estamos llegando a tal punto de frivolidad democrática, que las sospechas de mujeres y hombres públicos, con responsabilidades institucionales, no se disipan en sesiones de control en la cámaras parlamentarias, ni en las citas, en calidad de testigos, ante los tribunales, sino ante las chicas y los chicos de la prensa, propensos a inclinar las balanzas de un lado o del otro del dichoso muro, con las excepciones que confirman la regla, claro. Estamos fomentando la justicia de la calle, del papel periódico, de las ondas radiofónicas y las imágenes televisivas, de las redes que propagan presunciones de culpabilidad o de inocencia, ¡a la rica sentencia!, ante ingentes jurados populares que incumplen el imprescindible requisito de las deliberaciones a puerta cerrada y secretas.

No es solo el Poder Ejecutivo, el Legislativo, incluso en ocasiones el Judicial, el que desvela relaciones íntimas con esa dama de los ojos vendados a la que llamamos Justicia, es que, el llamado cuarto poder, practica la pornografía mediática y la expone ante un pueblo diverso, controverso, perverso que, con todos mis respetos a la excepciones, es adicto al onanismo, o sea, las pajas mentales, con perdón, al influjo de sus inescrutables fantasías ideológicas.

Ayer, por ejemplo, me produjo vergüenza ajena un expresidente de comunidad autónoma, todo un señor Ministro de Política Territorial y Memoria Histórica, o sea un privilegiado servidor del pueblo, dando el mal ejemplo de practicar, en una atada y bien atada rueda de prensa, lo que debería y debe practicar en una sala de justicia: exponer pruebas, certificados de coartadas de actividades aéreas, lamentos de víctima propiciatoria de un señor, curiosamente tocayo de nombre propio, que todavía sin razón o con ella, ¡vayan ustedes a saber!, va por ahí sembrando vientos y deja la incertidumbre de que acabemos recogiendo tempestades.

Yo no sé si hay caso o no caso Ángel Víctor Torres: eso se los dejo al criterio de los señores con toga, ¡come il faut! Yo, lo que te digo es que, cada vez que comparto cafelitos con abogados o contertulios relacionados con el proceloso mundo del derecho, surge indefectiblemente una frase comodín que ni quita ni pone culpables, pero nos ayuda a los profanos a no adelantar acontecimientos: ¡excusatio non petita…! La conclusión de la frase me la guardo por razones obvias, oye: soy un adicto al dogma de la presunción de inocencia. @mundiario

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