Incendios: cuentos, chivos expiatorios y patologías

Cada año la misma murga. Y como cada año el cambio climático y el abandono del campo es mayor, cada año la murga es mayor. Pues nada, venga a insistir que todo esto es culpa de locos y desalmados.
Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. / Mundiaro
Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. / Mundiaro

La solución del PP: elevar las penas para los pirómanos (que no existen), y culpar a Sánchez de la gestión de las competencias exclusivas de las comunidades autónomas, cuando el gobierno estatal no puede intervenir en esas competencias si no le cursan solicitud directa.

En Galicia el PP lleva décadas promoviendo el eucalipto, especie pirófila, y muchos altos cargos en medioambiente con el PP han acabado de consejeros de ENCE. Aunque Portugal decretó moratoria del eucalipto, el PP de Galicia apuesta por otra macrocelulosa, Altri. Esta gestión forestal es un problema estructural y tiene causas políticas. Hay otros problemas estructurales que vienen dados por las tendencias globales, como el abandono del campo y el cambio climático, pero también es una cuestión política cómo cada gobierno decida afrontarlas.

Lo fácil es echar la culpa a que hay gente loca por ahí que quema montes, o mafias. Por supuesto que sabemos que en Galicia tradicionalmente se quemaban montes por venganza, y que más recientemente se han descubierto casos de brigadistas que lo hacían por motivos laborales. Esto es conocido, lo que parece un chiste es contarnos que esto es lo único relevante. Eso lo hacen políticos que quieren escurrir el bulto de sus responsabilidades, buscando chivos expiatorios y aprovechando para atizar a sus rivales políticos. “Chivo expiatorio”: Persona a la que se hace pagar las culpas de otros o de todos. Afirmar que los que ocasionan incendios, voluntariamente o por negligencia, son chivos expiatorios no implica que los incendiarios sean inocentes. Afirmar eso es decir que se quiere trasladar toda la atención a un grupo, muy heterogéneo, para escabullir otras responsabilidades. Para un político con control de medios, transmitir eso es fácil: como una parte de los incendios tiene causas desconocidas, lógico, porque todo se quema, es muy fácil hacer pensar que todo eso de causas desconocidas son gente mala y pirómanos, no negligencias, no cristales a 40ºC sobre hierba seca rodeada de rastrojos… Es peña chunga: ¿qué puede hacer cualquier gobierno ante locos arbitrarios? Nada. De eso se trata la expiación de culpas.

La prensa, animada por algunos políticos, con frecuencia usa incorrectamente como sinónimos los adjetivos "intencionado" y "provocado", y eso que llevamos décadas hablando en estos términos. No son sinónimos: "intencionado" implica voluntad de quemar, "provocado" incluye negligencia e incluso causas sin intervención humana. Pero el bulo anual se difunde de nuevo. Y eso no puede ser accidental, eso es por deseo de políticos responsables de gestión forestal que quieren desviar la atención y usan a propósito mal el vocabulario. Respecto a las causas de los incendios, las estadísticas del informe anual de fiscalía y del de WWF difieren. Claro, no es fácil detectar la causa de algo cuando el fuego lo arrasa todo. Pero el informe de la fiscalía está muy bien elaborado, y los expertos tienden a coincidir que el número de incendios intencionados, con voluntad, es minoritario. Cuidado con el vocabulario: WWF, por ejemplo, considera con razón que los incendios por quema de rastrojos son provocados. Sí, pero no intencionados.

En el 2022, Díaz Ayuso dijo que la emergencia climática va contra la evidencia científica y tiene detrás al comunismo. ¡Ole!. En febrero del 2024, en sede parlamentaria, Feijóo usó la expresión "dogmatismo climático", el mismo Feijóo que cuando gobernaba Galicia decía que había una "trama incendiaria", que ningún juez, ni la Guardia Civil, ni periodistas de investigación nunca pudo encontrar, porque no existe. No hay tramas. Hay mala política forestal, al tiempo que abandono del rural y cambio climático, y negligencias que encuentran terreno abonado para incendios, y luego hay incendiarios también. Para evitar que pensemos en esto, Moreno Bonilla pide elevar las penas para incendiarios y pirómanos. Los pirómanos no existen, y los incendiarios tienen una pena máxima ya de 20 años si hay riesgo humano o 10 si no la hay. ¿Quiere el PP elevar esas penas a 21 años y 11 años respectivamente? Eso no vale absolutamente para nada, es puro populismo para desviar la atención. Ni Greenpeace ni WWF defienden elevar las penas a los incendiarios. El PP sigue hablando de pirómanos, gente loca. Eso es muy loco. Pero cuela cuando el público quiere sangre: ¡son locos demoniacos, y hay que cortarles los genitales! Todo el sufrimiento e indignación canalizados hacia… la nada.

Como reconocer un culpable deshumanizado permite enfocar el cabreo, mucha gente se apunta al carro populista que le ofrecen para canalizar su cabreo. Es un juego muy viejo, que la ultraderecha ha utilizado toda la vida. Traído aquí nos lleva a sitios como los siguientes: todos los incendios son provocados por hijos del maligno, lo del cuento del cambio climático no tiene que ver, el abandono del rural no tiene que ver, la culpa es de los ecologistas que no dejan limpiar el monte, todo esto es por los brigadistas que quieren cobrar una paguita, qué podemos hacer si hay gente mala que quiere hacer daño…”. Y así, año tras año.

Y cuanto más avance el cambio climático y el abandono del rural, será peor. Y seguimos sin plantear que o cambiamos voluntariamente a un nuevo modelo forestal (y de competencias entre administraciones), en especies, gestión, normativa y cuidados, o la realidad de que cada vez arda más continuará haciéndose obvia, como muchos llevamos años diciendo. @mundiario

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