El Gobierno respira, pero no despega: oxígeno condicionado tras el caso Cerdán
Pedro Sánchez acudió este miércoles al Congreso en uno de los momentos más delicados de la legislatura. El encarcelamiento de Santos Cerdán, hasta hace pocas semanas secretario de Organización del PSOE, ha supuesto una herida profunda en el núcleo duro del partido. Y con el nombre del exministro socialista José Luis Ábalos también flotando sobre la causa, el riesgo político era doble: no solo había que rendir cuentas, sino tratar de salvar una mayoría parlamentaria que empieza a mostrar fatiga.
El Gobierno temía una sesión infernal, pero ha salido vivo. Esa es la buena noticia para La Moncloa. El aval de los socios no fue entusiasta, pero fue suficiente. La conclusión que se escuchó en los pasillos fue clara: “cuestión de confianza superada”. Sin embargo, el mensaje no debe engañar a nadie: hay oxígeno, sí, pero es un oxígeno administrado con cautela, condicionado a que el presidente no vuelva a decepcionar. Si hay recaída, el respirador se desconecta.
Un plan con luces… y muchas sombras
Sánchez presentó en el Congreso su plan de 15 medidas anticorrupción. Incluye la creación de una Agencia de Integridad Pública, refuerzos para la Fiscalía, protección al denunciante, y un marco legal inspirado en las recomendaciones de la OCDE. Pero hay quien advierte que, otra vez, se omiten aspectos clave.
El magistrado Joaquim Bosch, autor del libro La patria en la cartera, recuerda en El País, desde una posición progresista, que siguen sin atenderse exigencias relevantes del Consejo de Europa en materia de transparencia y corrupción, entre ellas, reformas sustanciales sobre la independencia del fiscal general o la transparencia real en los nombramientos judiciales. En ese sentido, el plan suena más a contención de daños que a voluntad profunda de regeneración.
Y en paralelo, la sombra del caso Cerdán sigue proyectándose sobre el presidente. Aún sin pruebas directas que lo impliquen, su criterio al elegir colaboradores ha quedado en entredicho. El fiasco del fallido nombramiento de Francisco Salazar como adjunto a la nueva secretaria de Organización solo ha subrayado que el PSOE, más que limpio, parece desorientado.
La triple sesión del Congreso
El pleno de esta semana dio pie a tres sesiones superpuestas. Una, la de Sánchez con sus socios, donde pidió disculpas, defendió su gestión y logró, por ahora, mantener la aritmética parlamentaria. La segunda, el cruce encarnizado entre PSOE y PP, donde la corrupción fue arrojada de un lado a otro como arma de destrucción mutua. Y la tercera, protagonizada por Vox, que usó su turno no tanto para atacar al Gobierno como para azuzar su batalla con el PP.
De hecho, Santiago Abascal pareció dirigirse más a Feijóo que a Sánchez, recrudeciendo la tensión con el PP: “Queremos que se juzgue la corrupción de la mafia del Peugeot y también la de Kitchen”, espetó, en alusión a casos que salpican a los populares. Mientras tanto, el PP, con una agresividad creciente, volvió a pedir elecciones anticipadas. Pero sin votos para una moción de censura, su posición sigue siendo testimonial.
Aval con condiciones y Acciona en el punto de mira
Los socios de la investidura no rompieron, pero dejaron claro que la paciencia tiene fecha de caducidad. El PNV fue particularmente claro: “La confianza va camino de la UCI”, advirtió Maribel Vaquero. No cuestionó que el presidente quiera actuar, pero sí que no haya explicado por qué cesó a Ábalos en 2021 para reincorporarlo a las listas electorales en 2023. Y lo que es más relevante: le piden que se adelante a la justicia y cuente todo lo que sabe, con transparencia y sin trampas.
Rufián fue igualmente incisivo: “Si esto escala, si hay que elegir entre corruptos profesionales y cutres, la gente decidirá”. Junts, por su parte, repitió que la legislatura está en prórroga. EH Bildu pidió “máxima exigencia”. Y Podemos, centrada en su pulso con Sumar, pidió que empresas como Acciona no vuelvan a recibir dinero público. Nadie rompió. Pero nadie aplaudió.
Oxígeno... ¿para qué?
La sesión del Congreso fue el primer test serio tras la explosión del caso Cerdán. Y la mayoría de Sánchez pasó la prueba, pero por los pelos. La razón es evidente: a día de hoy, ningún socio quiere elecciones anticipadas. Pero eso no basta para gobernar.
Ahora le toca al Ejecutivo demostrar que no solo sobrevive, sino que puede construir algo con esa mayoría. Unos presupuestos, una agenda legislativa, una dirección política. Porque resistir no es lo mismo que liderar. Y si la legislatura se convierte en una agonía sin rumbo, incluso los más pragmáticos pueden dejar de sostener el edificio.
El propio Sánchez dijo en el Congreso: “Soy un político limpio”. Tal vez. Pero los suyos le piden que, más allá de su honradez personal, construya un Gobierno a prueba de sospechas. No basta con no ser corrupto: hay que parecerlo, demostrarlo, y blindar al sistema frente a quienes sí lo son. Esa es la tarea. Y el tiempo empieza a correr desde ya. @mundiario