Gobernar es priorizar
Los incendios de este verano no solo han arrasado miles de hectáreas, aldeas y sueños. También han dejado al descubierto una realidad incómoda: nuestras administraciones no están donde tienen que estar. Y no hablo solo de la Xunta; también de ayuntamientos, diputaciones, mancomunidades y del propio Estado. Todos, en mayor o menor medida, se han olvidado de lo esencial para dedicarse a lo accesorio.
El principio debería ser tan simple como evidente: lo común es responsabilidad pública; lo privado, de la iniciativa privada. Y, sin embargo, el rural gallego está lleno de ejemplos de lo contrario. Carreteras con cunetas devoradas por la maleza, caminos convertidos en vertederos, ríos sin limpiar, redes de saneamiento abandonadas y traídas de agua que dependen de la buena voluntad vecinal. Todo eso es dominio público, todo eso es competencia de alguien. Y, mientras se descuida lo básico, nunca falta dinero para inaugurar albergues públicos donde ya hay hoteles privados, para sostener campos de golf deficitarios, o para repartir millones en publicidad institucional a grandes medios, con la excusa del “interés general” pero sin control ni transparencia.
Lo vimos también en las emergencias: bomberos retirados de Ourense cuando todavía había núcleos en riesgo, drones que nunca llegaron a volar, sistemas de vigilancia que no funcionan. Y, sin embargo, la foto, el titular, la propaganda, siempre estuvieron a tiempo.
No se trata de gastar más, sino de gastar mejor. De dedicar el dinero público a lo que solo la administración puede garantizar: márgenes de carreteras limpios, drenajes operativos, fajas de seguridad despejadas, cauces de ríos saneados, planes de prevención coordinados y ejecutados con rigor. Y de dejar que la iniciativa privada haga lo que sabe hacer: levantar negocios, crear empleo y sostener la economía local sin que nadie le compita con dinero público y cartas marcadas.
La Galicia que arde cada agosto, que se inunda cada otoño y que se despuebla cada invierno no necesita más titulares ni más inauguraciones; necesita orden y prioridades. Necesita que cada administración actúe en su competencia, que no gaste en lo que no le corresponde y que rinda cuentas por lo que deja de hacer.
Porque gobernar, en el fondo, es tan sencillo como esto: cuidar lo que es de todos antes de intentar competir con el vecino. Menos autopromoción y más motodesbrozadora; menos ladrillo para la foto y más atención a lo común. Si algo bueno podemos sacar de esta tragedia, que sea esto: entender, de una vez por todas, que lo esencial no puede seguir siendo lo olvidado.
Ese debería ser el punto de inflexión. Y, si no lo es, no será porque nos falten lecciones, sino porque seguimos sin querer aprenderlas. @mundiario


