Mejorar, Galicia y España: el compromiso con la regeneración democrática

Contribuir al bien común desde el análisis y la reflexión crítica es más necesario que nunca. En tiempos marcados por el desencanto y la polarización, defender ideas que impulsen la mejora de Galicia y de España puede parecer una utopía.
Bandera de Galicia. / Mundiario
Bandera de Galicia. / Mundiario

Cuando comencé con esta sección, dejé muy claro que la única idea que me movía era la de poner mi grano de arena para mejorar, Galicia y este proyecto común que es España. Y eso es lo que llevo haciendo haciendo -o por lo menos intentándolo- desde entonces a base de exponer y colocar encima de la mesa cuestiones que considero que redundarían en esa mejora colectiva.

Soy consciente de que en muchas ocasiones ese objetivo mío no pasa de ser una vana ilusión y que quienes finalmente tienen que tomar las decisiones que nos llevarían a mejorar como personas y como sociedad se mueven en la dirección contraria. Y no ven y no escuchan nada ni a nadie que se aparte de un ideario que necesita una urgente renovación. Pero eso no me a hacer desistir en el empeño.

Máxime porque con el tiempo he ido descubriendo a otras personas con inquietudes semejantes a las mías. Una de ellas es la abogada Miriam González, fundadora y presidenta de España Mejor, una organización sin ánimo de lucro cuyo objetivo es dinamizar a la sociedad civil para que participe en la elaboración de propuestas de políticas públicas, de una manera abierta, inclusiva, apartidista y transversal.

España Mejor es una iniciativa con la que me siento muy identificado en tanto en cuanto persigue parecidos objetivos a aquellos que, modestamente, me llevaron a asomarme a esta ventana mediática.

Coincido con Miriam González en que España no necesita grandes gestos. Necesita reformas. Necesita acuerdos. Necesita una clase política que sepa mirar más allá de sí misma y que se ponga al servicio del país, no de sus siglas. Lo he dicho en infinidad de ocasiones: no se trata de inventar nada nuevo. Se trata de cumplir con lo básico. De garantizar la independencia del Poder Judicial.

De reformar el sistema de financiación autonómica para equilibrar las desigualdades entre territorios. De acabar con el clientelismo que pervierte la política, desde la local o la autonómica hasta la estatal. De tener instituciones que respondan a los ciudadanos para mejorar su calidad de vida o que ayuden a las empresas para mejorar su  competitividad. De que los gobiernos den oportunidades a quienes ya han demostrado su valía en el mercado libre para que puedan aportar sus conocimientos y sus experiencias y no solo a aquellos que les aplauden sin cuestionar nada de lo que hacen o dicen.

Estoy convencido de que habrá muchas personas que piensen que lo que hace Miriam González desde España Mejor o un servidor desde estas líneas no deja de ser una utopía. E incluso puede que tengan razón. Pero desde luego lo que no vamos a dejar es de intentarlo. No vamos a cejar en el empeño. Urge abordar una regeneración democrática. Y quien no esté dispuesto a asumirla, debería explicar por qué. Porque lo que está en juego es el futuro de todo un pueblo. No en abstracto, sino de un pueblo entendido como la suma uno a uno, con mombres y apellidos, de todos los ciudadanos que lo componemos.

Me consta que Miriam González ha intentado en no pocas ocasiones que políticos de distintas formaciones suscribiesen las medidas que ella propone desde España Mejor. Como también me consta que en rara ocasión lo ha conseguido. Conozco bien esa sensación pero, insisto, no podemos renunciar. Es por ello que hoy quiero poner en valor con especial énfasis esa labor de procurar una España, una Galicia o una Pontevedra mejor. Pero no para unos pocos, sino para todos. @mundiario

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