Europa se aferra a la fallida ingenuidad de Neville Chamberlain
Qué cosa dices, ¿los drones que han caído, como llovidos del cielo, sobre territorio polaco? Hombre, un fallo lo tiene cualquiera, incluso Putin, cuyos antecedentes belicistas, como todo el mundo sabe, llevan años eximiéndole de tentaciones imperialistas. ¡Anda que no tiene cuidado, el hombre, en decretar que sus misiles de naturaleza disuasoria den exclusivamente en la diana de refinerías, de centrales eléctricas, de blancos estratégicos que complican la vida, eso sí, que se llevan por delante a ucranianos de uniforme, eso también, pero le rompen el corazón al pobre de Vladimir, ahí en el Kremlin, cada vez, tantas veces que se producen daños colaterales de niños, adultos, ancianos que pasaban por allí, en el lugar equivocado en el momento menos oportuno!
Ha sido empezar a llover drones sobre territorio polaco, ya digo, y Europa, esa Europa trasquilada tras la II Guerra Mundial, con su humillante álbum de fotos con Hitler ante la Torre Eiffel de fondo, la Whermacht paseándose por sus calles como perico por su casa, la Gestapo derribando a patadas las puertas de viviendas de todas las nacionalidades, en las que se hablaban diversos idiomas, hasta que sonaban gritos desgarrados o tiros en las nucas, con estas dudas, con estas divagaciones, con esos aires de superioridad diplomática, de capacidad de negociación, de auctoritas cultural, cívica, ética, moral que, a lo largo de la historia, ha dado el mismo resultado que el célebre Bálsamo de Fierabrás al que recurría Don Quijote en su placenta de realidad mágica.
Esa Europa de la que les hablo, o sea, ésta que ve venir las cosas, se echa para atrás e intenta dejarlas pasar, le obliga a uno estos días a echar la mirada atrás, en aquellos momentos más oscuros en los que Gran Bretaña apostó por el buenísimo de Chamberlain, su regreso triunfal de Munich (tras el abrazo del oso Nazi), la grandilocuente frase de peace for our time (paz para nuestros tiempos!), a cambio de dejar los Sudetes a merced de Hitler y acabar leyendo el Times, un año después, con el titular que encendió la mecha de la guerra más global, hasta la fecha, en la historia de la humanidad.
Esta Europa, ya digo, con sus distintas ciudadanías compresiblemente enganchadas al hermoso lema hippy: ¡paz y amor!, acepta como mal menor el Chaberlainismo, la cesión de Crimea y el Dombás de Ucrania al todopoderoso Zar Rojo; los teatrales encuentros en el Kremlin; los apretones de mano con un Vladimir que, con la otra mano, amenaza con pulsar el botón que puede convertir en Hiroshima a medio planeta. Y ahora, apenas hace unos días, cuando Polonia rememoraba, en sus cielos, el traumático episodio de la invasión por tierra por el tristemente célebre Corredor de Danzing, ya ves, ni una sola voz se atreve a exclamar: ¡No nos rendiremos!
Los europeos, con escasas excepciones, preferimos Chamberlains ofreciéndonos la vida en paz de rodillas, que hipotéticos Churchills apelando a la sangre, el sudor y las lágrimas, a cambio de una vida en pie, en democracia y en libertad ¡Estamos en sus manos, míster Trump, camarada Putin, líder supremo Xi Jinping y advenedizos tiranos y tiranillos de la Tierra…! @mundiario


