Emociones y algoritmos: la pareja perfecta

Una mujer mirando al cielo. / James Kovin en Unsplash
Una mujer mirando al cielo. / James Kovin en Unsplash

En realidad, todas las emociones están compuestas por los mismos elementos (neurotransmisores), pero la diferencia entre ellas se encuentra en la dosificación/ponderación de dichos elementos bajo una jerarquía de dominancia de unos sobre otros.

Emociones y algoritmos: la pareja perfecta

Hace 10 años se empezó a replicar el sistema sináptico a través de un modelo matemático. Dicha réplica recibió el nombre de ADNe®. Su función es la de traducir las intensidades de los 9 principales neurotransmisores que rigen el comportamiento y sus múltiples combinaciones, a través de 7 “sencillos” registros.

Podríamos decir que se trata de un nuevo idioma que simplifica la comprensión de estos procesos tan complejos.

Para ello se recogieron las descripciones de los registros matrices del comportamiento realizadas por el psiquiatra Eric Bernstein y las complementamos con las enseñanzas del también psiquiatra y Nobel en Medicina Eric Kandel, entre otros. Así se proyectó la composición de dichos registros.

También quedó claro que relacionar un neurotransmisor con un comportamiento suponía un clamoroso error, ya que en realidad se trata de cadenas que van alternando dominancias sinápticas en diferentes planos.

En realidad, todas las emociones están compuestas por los mismos elementos (neurotransmisores), pero la diferencia entre ellas se encuentra en la dosificación/ponderación de dichos elementos bajo una jerarquía de dominancia de unos sobre otros.

Esto fue de utilidad a la hora de construir un breve abecedario compuesto por 7 registros donde cada uno de ellos esconde una composición oscilante de dichos 9 neurotransmisores, cuyas combinaciones suman más de 36.900 millones de resultados posibles.

Este “traductor” absorbe esa enorme cantidad de resultados posibles en estos 7 registros, aparentemente simples. Así se consiguió establecer una sólida relación entre conceptos conocidos con aquellos hasta ahora desconocidos.

Ob: Orden y pensamiento normativo.

Pr: Generosidad y socialización.

Ad: Análisis y síntesis.

Nt: Espontaneidad e imaginación.

Sm: Capacidad de aprendizaje, atención y escucha.

Rb: Reactividad y agresividad.

Mn: Adaptabilidad y visión estratégica.

EL ALGORITMO SENSIBLE

Construir un algoritmo en racimo no es fácil. No se trata de una simple ecuación de primer grado, sino de una fórmula donde los resultados se convierten en variables y éstas, a su vez, ven modificada su composición original.

Precisamente así es como funcionan las emociones, ya que éstas van encadenadas en series neurotransmisoras donde se dan cita elementos comunes con similar dominancia.

Por ello, cuanta más afinidad neurotransmisora exista en distintas emociones, mayor facilidad de transferencia emocional para la persona.

En cambio, hay emociones que requieren una fuerte conversión en sus variables para transitar y fluir, precisamente por esa ausencia de afinidad.

Le pongo un ejemplo. No resulta difícil que un individuo pase de la Sorpresa, a la Ira y de la Ira al Asco. Así mismo, desde la Sorpresa también se puede canalizar el Miedo y paradójicamente, la Alegría. Dependerá de la capacidad personal de producir y liberar ciertos neurotransmisores implicados en dichas emociones ante una serie de estímulos percibidos. Le advierto que hay estímulos que pasan desapercibidos en todos nosotros.

En el primer caso (Sorpresa/Ira/Asco), los denominadores comunes son los registros Nt y Rb. En cambio, la transformación de la Sorpresa al Miedo se genera por la afinidad de ambas emociones respecto al registro Rb. Así mismo, el traslado de la Sorpresa a la Alegría se debe a la paridad en el registro Nt.

Como puede apreciar se trata de rutas muy similares pero que nos llevan a destinos totalmente diferentes.

Gracias a esta tecnología algorítmica, hace un par de años se descubrió la formulación neurotransmisora básica de las emociones y gracias a dicho descubrimiento comenzamos a entenderlas al margen de sus condiciones excitatorias e inhibidoras.

Por ello, la descripción matemática de las emociones universales citadas por Paul Ekman ha permitido replicar la formulación del resto de emociones secundarias.

Para ello se ha tenido que estudiar la múltiple funcionalidad de los principales neurotransmisores que rigen el comportamiento. Aun así, se descartaron algunos de ellos ya que no existían claras evidencias científicas sobre su clara aportación al modelo comportamental. 12 de ellos fueron los candidatos finales, pero sólo 9 ofrecieron la suficiente información para contar con ellos.

Debe saber que, como algunos pretenden, la concentración hormonal en sangre no es un indicador de liberación neurotransmisora. Así mismo, en la actualidad no existe la posibilidad de tener constancia de la determinación molecular de dicha liberación unitaria.

Gracias al sofisticado algoritmo utilizado (ADNe®), se ha podido simular la composición bioquímica de las emociones y de sus progresiones. Por ello, si sabemos cómo es una persona, podremos ayudarla a ella y a aquellos que la rodean.

Las rutas emocionales

El psicólogo Paul Ekman definió que las emociones de características básicas eran el miedo, la tristeza, el asco, la sorpresa, la alegría y la ira. Otros autores han ampliado esta lista, pero la verdad es que siempre es mejor quedarse con el panel original de Ekman.

Todo esto representa un gran avance ya que conociendo la composición de las emociones se puede personalizar la actividad psicoterapéutica, lo cual reportaría un claro beneficio para aquellas personas que requieren de dichas atenciones, al enrutar cadenas beneficiosas para su salud mental.

Aparentemente las emociones poseen tendencias exclusivamente negativas o positivas, pero la verdad es que incluso en el sentimiento del amor se destacan progresiones que desembocan tanto en pensamientos masoquistas y de dependencia, tanto como de cariño y entrega.

El modelo matemático ADNe® nos descubre que, en dependencia del modelo sináptico del individuo, éste trasfiere sus emociones de diferente manera, dirección e intensidad.

A modo de ejemplo, se cita que la Felicidad y el Placer pertenecen al mismo grupo emocional (Alegría). Como se puede apreciar, podrían confundirse, pero en realidad poseen diferente ponderación en sus espectros. En el Placer hay una mayor carga de espontaneidad (registro Nt del ADNe®) que en la Felicidad y en esta última existe un proceso cognitivo de protección que el Placer no posee. Precisamente la afinidad en el registro Nt permite una rápida transferencia entre el Placer y la Felicidad. Así mismo, la Diversión, el Oportunismo, la Satisfacción o el Entusiasmo pertenecen a la misma “familia”.

Esto hace que existan personas que tengan más dificultades en realizar ese traslado que otras. Para facilitar ese tránsito debemos acudir a otras emociones y sentimientos pertenecientes a otras agrupaciones. Dependerá del conocimiento que poseamos del modelo sináptico del individuo el que tracemos una ruta u otra, de mayor o menor longitud y complejidad. Por ejemplo, a menudo se pasa de la Satisfacción a la Nostalgia, perteneciendo esta última al grupo emocional del Miedo.

Lo cierto es que actualmente disponemos de un “traductor” que ha arrojado luz sobre un mayor conocimiento de algo verdaderamente extraordinario: Las emociones. @mundiario

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