Donald Trump, ¿un presidente golpista?
Las pasadas elecciones de Estados Unidos nos trajeron una noticia de lo más inquietante, que muchos se resisten a dar crédito por la gravedad del caso. El presidente Trump se presentó para un segundo mandato, obtuvo más votos que en la primera ocasión, en que fue nombrado presidente oficial, y, en cambio esta vez el ganador fue Joe Biden. Anteriormente, Trump ganó con 60.541,308 millones de votos y perdió en la reelección con más votos, 72,2 millones. El sistema electoral de los Estados Unidos tiene sus peculiaridades, que ahora no es necesario comentar.
Trump no aceptó el resultado y alentó un golpe de Estado para revertirlo. Una turba inmensa y dispuesta a todo quiso tomarse la justicia por su mano, asaltando el Capitolio y produciendo cinco muertos en Washington. El instigador fue el propio ex presidente, que no aceptó los resultados. ¿Alguien puede creerse que haya sucedido esto en una de las cunas de la democracia?
Me recuerda la película Blade Runner, de Ridney Scott, estrenada en 1982. Otra vez podíamos oír el monólogo final del replicante Roy Batty: “yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puesta de Tannhäuser. Todos estos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia” (will be lost in time, like tears in rain). Es cierto que no puede creerse esto, lo que no me parece es que se vaya a perder todo como lágrimas en la lluvia. No se puede permitir por doloroso que resulte. Alguien debe ser castigado políticamente como corresponde a una acción tan grave.
Derrotado en las urnas, Trump no se resignó a dejar el poder e intentó perpetuarse en él, justificando el ataque al Capitolio por parte de sus seguidores más radicales. Lanzó múltiples informaciones falsas, proclamando que se había producido un fraude electoral. ¿Qué tipo de fraude? ¿Acaso el que se ha inventado el mismo? Las urnas habían hablado, mientras él animaba a sus seguidores, declarándoles su amor y diciéndoles que eran especiales. ¿Qué querían oír aquellos para actuar con la máxima contundencia?
Hasta ahora se comentaba lo del asalto con sordina, pero ha sucedido un cambio cualitativo, al aparecer imágenes y videos nuevos, así como testimonios inéditos hasta hoy, por eso la comisión de análisis habla ya de intento de golpe de Estado. El lenguaje y las órdenes de Trump son impropios de un presidente. El que habla así es un matón de pueblo que arroja bilis por la boca. ¿Cómo entender si no aquella expresión pronunciada por Trump a sus seguidores: “¡Colgad a Mike Pence!”? Quería el linchamiento de su vicepresidente, porque le consideraba un traidor, al no seguirle en sus arrebatos de venganza.
Trump no daba más importancia a la situación planteada. Se trataba de la campaña de los demócratas en su contra, a la que los republicanos tenían que responder y darle la vuelta con todos los medios posibles, que eran demasiados. Pobre Pence que no tuvo coraje para “proteger a nuestro país y su Constitución y ha permitido que se certifiquen los resultados de las elecciones”. Este era el verdadero problema, la confirmación de los resultados electorales. Frente a esto, “¡Estados Unidos exige la verdad!”.
Por momentos el ex presidente enloqueció: él ganó las elecciones y tenía que seguir gobernando, porque esta era la voluntad del pueblo americano. La furia le embargaba. No sabemos en qué va a terminar la investigación, que podría apartarle definitivamente de la carrera política en el futuro.
Hagamos una simple hipótesis. Supongamos que Trump se vuelve a presentar. Es muy capaz de ello, porque necesita la venganza. En este caso irá a por todas caiga quien caiga, aceptando solamente su triunfo. ¿Qué pasará, si no lo consigue? Que podrían acabar en una guerra civil. Con todo el armamento de que disponen sucederían miles de muertos. Trump ha sido siempre un peligro, pero todavía no han concluido sus ambiciones, que sigue alimentando permanentemente. Si perdiera, en caso de presentarse, no le quedaría ya más que consumar un golpe de Estado al estilo de los peores westerns antiguos.
La cuadrilla de matones se impondría en el Capitolio, después de producir la muerte a la mayoría, y la sangre cubriría las calles hasta que consiguiera la subordinación del resto de los que subsistieran. Solo de pensarlo, se sienten escalofríos, porque otros pueblos podrían percibir las mismas sensaciones y todo quedaría ahogado por el fuego y la venganza. ¿Sería posible un escenario como este en los Estados Unidos, en los comienzos del siglo XXI?
Todo es posible, si no se impone pronto la justicia. La historia de este país tiene sobrados ejemplos. Resulta terrorífico solo con pensarlo, pero alguien podía estar planificándolo ya. La mente humana puede producir comedias y también tragedias. Todo debe volver a su cauce.
¿Podría ser neutralizado un presidente de Estados Unidos que cayera en la locura antes de producir el mayor de los desastres mundiales? Podríamos pensarlo, ya que él se consideraría legitimado para ello.
Durante el mes de junio pasado la comisión de investigación ha puesto de manifiesto los hechos. Trump se desquició, mintió y se inventó una enorme patraña para no dejar el poder, cuestionando la misma democracia. Esperamos ahora la decisión de la justicia para que esto no ocurra nunca más. ¿Permitirán las fuertes presiones de todo tipo que se haga justicia o se encerraran las barbaridades en el profundo cajón de la historia más perversa? Lo veremos. @mundiario