Derecha y ultraderecha: ¿tenía razón Pablo Casado?
¡A ver si el sabio Pablo Casado tenía razón! Me refiero a sus intereses, claro, pero ahora tenemos más perspectiva sobre cuando Casado decía que no quería calificar a Vox de ultraderecha. Pensemos un poco en alto.
Por un lado, no, no tenía razón. Lo hemos visto antes en el Reino Unido y también en otros sitios, cuando el partido conservador se empeña en competir con la ultraderecha, la gente vota al original, no a la copia, se ha dicho muchas veces.
Pero no podemos hacer una sola regla para todos los países, bajo la tradición de todos los partidos, en todas las coyunturas, y con cualquier tipo de líder. Esa ingenuidad, o tozudez, solo lleva a no entender nada. Puede que haya algunas pautas generales, con unas excepciones locales, pero seguro que falla empeñarse en leyes infalibles en política.
El dilema de la derecha es difícil para cualquier estratega. Si te quedas quieto, te come la ultraderecha, en un goteo o chorreo de votos, sobre todo joven, el futuro. Pero si compites con ella, también. Lo que a Casado y Feijóo no acaba de salir bien del todo, porque competir con Vox no los frenó, tampoco salió bien en otros países en los que la derecha tradicional decidió no blanquear a la ultraderecha.
La respuesta más efectiva, para sus intereses, quizás sea el trumpismo, desde dentro del sistema tradicional de partidos. Fue la fórmula del propio Trump, que fracasó como candidato independiente (por el Partido Reformista) en el 2000. Fijo ese año como el del inicio del trumpismo, que coincide con el advenimiento de José María Aznar, con mayoría absoluta, llevado allí a manos de Miguel Ángel Rodríguez (MAR), el Steve Bannon del trumpismo pepero. De ese trumpismo salió lo de “el atentando de Atocha fue ETA”.
Trump triunfó como candidato del Partido Republicano en el 2016, desde dentro del sistema. En España, en el 2019 Casado-Aznar llevaron al triunfo a una mujer joven, con poca cultura e inteligencia, Díaz Ayuso, quien incorporó a MAR y alcanzó la mayoría absoluta en el 2023. Ayuso-Aznar-MAR, que llamo irónicamente la Triple A o AAMAR, buscaron absorber a la ultraderecha desde dentro del sistema, con bastante éxito. De ese trumpismo salió el pseudo-nacionalismo madrileño, la “libertad” de que los ricos reciban ayudas públicas o los 7.291 fallecidos en residencias de mayores. Pero el trumpismo es una buena fórmula para que la derecha convencional sobreviva: no competir con Vox, hacerse Vox, igual de disparatado, pero menos obviamente falangista. “Si pones agua en una taza, se convierte en la taza. Sé agua, amigo mío”, que diría Bruce Lee. Adoptar la forma de la taza de Vox, pero sin la ranciedad de Vox.
Esa es la presión de la amorosa Triple A a Feijóo: “queremos todo el power, para daros en la Madre”, que diría Molotov, queremos que el voto de Vox vuelva al PP porque les guste el trumpismo del PP. Tampoco es esto fácil de construir: los partidos tienen corrientes, la política está llena de dilemas y el rival (la izquierda en este caso) no está quieto. Lo que funcionó en Madrid puede non funcionar para España. Pero parece que no les está yendo tan mal. Aunque en el camino el agua de la taza se vuelve antisistema, turbia, y abandona principios éticos y responsabilidad de Estado.
Si para ganar todo vale, al final Casado quizás tenía un poco de razón. @mundiario

