La derecha clásica necesita ayuda

Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Rueda. / Mundiario
Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Rueda. / Mundiario
Feijóo tiene en Galicia el referente que anda buscando en España, al ser uno de los contados territorios de Europa donde la derecha democrática consigue la mayoría absoluta y la más absoluta marginación de la extrema derecha.
La derecha clásica necesita ayuda

La democracia enfrenta hoy una de sus pruebas más desafiantes, amenazada por un movimiento global que aglutina a nacionalistas, populistas, extremistas y antiliberales. Este inquietante fenómeno no es una mera coincidencia de tendencias políticas dispares; es una alianza internacional de ultraderecha con la clara intención de asaltar los principales centros de poder, como lo muestran los preparativos para las elecciones europeas de junio.

La convención Viva 24 organizada por Vox en Madrid es un reflejo de esta realidad. Líderes ultraderechistas como Viktor Orbán, Mateusz Morawiecki, Giorgia Meloni, y figuras trumpistas, junto con el ministro israelí para la Diáspora, se congregaron en un acto que, aunque opacado por la intervención del argentino Javier Milei, evidenció la cohesión de este movimiento. Este cónclave ha puesto de manifiesto un fenómeno complejo y alarmante: el autoritarismo, la demagogia, el populismo, el antiliberalismo y el neofascismo se han entrelazado en una narrativa coherente que explota los miedos y las incertidumbres contemporáneas.

Lo más preocupante de esta narrativa es su contraste con la confusión que impera en la derecha tradicional. Esta derecha, fragmentada y sin una visión clara, se encuentra en una encrucijada, sin definir con precisión qué Europa desean y con quiénes quieren construirla. En este contexto, como señala en El País Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política, defender la democracia no consiste en intensificar el combate entre la izquierda y la derecha, sino en acudir en ayuda de una derecha clásica que aún puede distanciarse de los reaccionarios y reafirmar su carácter liberal-conservador.

Alberto Núñez Feijóo tiene en Galicia el referente que anda buscando en España, al ser uno de los contados territorios de Europa donde la derecha democrática ha conseguido la mayoría absoluta y la más absoluta marginación de la extrema derecha. No deja de sorprender que Feijóo sea incapaz de extrapolar desde Madrid su exitosa estrategia en Galicia, donde el PP logra pararle los pies a Vox, sin que por ello tenga problemas para competir de manera exitosa en otros ámbitos políticos, lo cual le permite captar en las elecciones autonómicas votantes que en otras elecciones eligen al PSOE. Es más, la estrategia del PP le permite disputar incluso el voto galleguista frente al BNG, algo que podría parecer ciencia ficción en otros territorios del Estado español. La prueba de la consistencia de esa estrategia política es que el PP alcanzó esa posición de privilegio tanto con Alberto Núñez Feijóo como con Alfonso Rueda.

Mientras el PP sigue deambulando, el cónclave de Madrid ha evidenciado cómo la alianza de ultraderecha, pese a sus contradicciones internas, ha logrado unir fuerzas para romper las barreras entre la derecha y la extrema derecha. Esta unidad les ha permitido presentar un manifiesto ultra que incluye la preservación de la “identidad nacional y la soberanía de los Estados miembros”, la “subcontratación de la gestión de la inmigración” y la “revisión del Pacto Verde”.

Son muchas, en todo caso, las paradojas que genera la ultraderecha. Por un lado, algunas facciones, como la de Giorgia Meloni y el partido polaco Ley y Justicia, mantienen una postura más atlantista respecto a Ucrania. Por otro lado, figuras como Marine Le Pen y Viktor Orbán no ocultan sus simpatías hacia Putin. Esta contradicción se extiende también a su discurso sobre la inmigración y el antisemitismo, donde se observa una peligrosa mezcla de racismo y xenofobia.

La defensa de la identidad nacional funciona como un aglutinante de nociones e intereses contradictorios, movilizando ansiedades sociales a través de emblemas efectistas como el “supremacismo feminista”, el “totalitarismo woke” y el “globalismo socialista”. Estos conceptos conforman un enemigo común contra el que la “alianza global entre patriotas” emprende su cruzada, atacando derechos fundamentales como el aborto en nombre de la libertad.

La democracia, con todas sus imperfecciones, sigue siendo el mejor sistema para garantizar la libertad y el bienestar de todos

Frente a esta amenaza, la defensa de la democracia debe ser clara y decidida. La democracia no es solo un sistema político; es un baluarte de derechos y libertades que debe ser preservado y fortalecido. Es vital distinguir entre conservadores y reaccionarios, apoyando a aquellos dentro de la derecha que aún creen en los valores liberales y democráticos, y oponiéndose firmemente a quienes buscan erosionarlos.

La historia enseña, especialmente en Europa, que la democracia requiere un compromiso constante y vigilante. En momentos de incertidumbre, es más importante que nunca reafirmar los principios democráticos y trabajar por una sociedad inclusiva y justa. La democracia, con todas sus imperfecciones, sigue siendo el mejor sistema para garantizar la libertad y el bienestar de todos. Es un faro de esperanza que debe ser defendido con determinación frente a las fuerzas que buscan sumergirnos en la oscuridad del autoritarismo y la intolerancia. @mundiario

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