CARTA DEL EDITOR

El déficit desbocado en una Francia en crisis pone bajo presión a toda la zona euro

La prima de riesgo francesa ha superado por primera vez a la italiana y se sitúa ya como la más alta de la zona euro, un claro reflejo de la preocupación internacional por la falta de rumbo político en París.
Emmanuel Macron. / Mundiario
Emmanuel Macron. / Mundiario

París vive un momento de máxima tensión política tras la caída del Gobierno encabezado por François Bayrou. La dimisión del primer ministro ha dejado al presidente Emmanuel Macron ante una difícil encrucijada: optar por un perfil de consenso que permita estabilizar el Ejecutivo o convocar nuevas elecciones legislativas, con el riesgo de profundizar la fragmentación política. Macron ha asegurado que propondrá un nuevo nombre “en los próximos días”, consciente de que el vacío de poder agrava la desconfianza de los mercados. La prima de riesgo francesa ha superado por primera vez a la italiana y se sitúa ya como la más alta de la zona euro, un claro reflejo de la preocupación internacional por la falta de rumbo político en París. La crisis francesa tiene, de hecho, consecuencias europeas.

El presidente busca un candidato capaz de tender puentes entre las diferentes fuerzas parlamentarias y de restaurar la credibilidad del Gobierno ante la Unión Europea y los inversores. Sin embargo, las negociaciones se prevén complejas, con un hemiciclo profundamente dividido y una oposición que reclama un adelanto electoral como única salida legítima. El problema político en realidad es económico: se llama deuda y déficit, en ambos casos fuera de control.

El déficit desbocado en una Francia en crisis pone ahora bajo presión a toda la zona euro y España, pese a su avance fiscal, no es inmune al contagio. Si bien mantiene una posición más sólida que Francia, la elevada deuda pública y el riesgo de contagio financiero exigen acelerar la consolidación fiscal por parte del Gobierno de Sánchez.

La caída del primer ministro François Bayrou, apenas ocho meses después del hundimiento de Michel Barnier, no es solo un problema político francés: es una señal de alarma para toda la zona euro. Francia, considerada históricamente uno de los países centrales junto a Alemania y los Países Bajos, se enfrenta hoy a un déficit público del 5,8% del PIB en 2024, el más alto de la eurozona, y a una deuda que ya supera el 113% del PIB.

Grave inestabilidad política

Esta fragilidad fiscal ha coincidido con una grave inestabilidad política: dos gobiernos en crisis en menos de un año, una Asamblea Nacional ingobernable y una fragmentación partidista inédita desde la fundación de la V República. Pero lo más relevante para España y el conjunto de la eurozona es que la crisis francesa ha puesto en cuestión una vieja narrativa: la división entre países periféricos y centrales dejó de ser válida. Hoy, la disciplina presupuestaria, y no el origen geográfico, define la credibilidad financiera de los Estados.

Durante la crisis de deuda soberana de 2009, la eurozona se había dividido en dos bloques: los países periféricos –Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España–, objeto de recelos y programas de rescate, y los países centrales, liderados por Alemania, Francia y los Países Bajos, considerados anclajes de estabilidad. Quince años después, la realidad ha cambiado.

Mientras Portugal, Irlanda, Grecia y Chipre –todos ellos rescatados– registraron superávits fiscales en 2024, Francia encabeza ahora el déficit europeo. Incluso España, tradicionalmente en el grupo vulnerable, cerró 2024 con un déficit apenas por encima del 3% del PIB, debido en parte a gastos extraordinarios por la dana de Valencia, que Bruselas no computa como estructurales.

El mercado ha tomado nota: la rentabilidad de los bonos franceses a 10 años se sitúa ya por encima de la española, la portuguesa y la griega, una anomalía que ilustra el cambio de paradigma. La reputación de activo seguro para Francia se erosiona. La prima de riesgo francesa ha superado por primera vez a la italiana.

El problema francés no es solo coyuntural, sino estructural. El país combina un modelo social ambicioso con una economía incapaz de sostenerlo en el tiempo. En 2024, el gasto público alcanzó el 57,1% del PIB –solo superado por Finlandia–, mientras que los ingresos se situaron en el 51,3%. El desequilibrio es evidente.

Emmanuel Macron. / Greg Roose en Pixabay
Emmanuel Macron. / Greg Roose en Pixabay

Francia es un Estado sin margen para recortar sin provocar un conflicto social, pero también sin capacidad para aumentar ingresos sin desatar protestas masivas

Más del 50% del gasto se destina a políticas sociales y alrededor del 14% del PIB a pensiones, muy por encima de la media europea. Sin embargo, la elevada presión fiscal francesa se diluye por las múltiples exenciones y créditos tributarios, que reducen la recaudación efectiva en unos 30.000 millones de euros anuales. Resultado: un Estado sin margen para recortar sin provocar un conflicto social, pero también sin capacidad para aumentar ingresos sin desatar protestas masivas.

Este círculo vicioso se agrava por la apuesta de Emmanuel Macron de duplicar el presupuesto militar hasta 64.000 millones de euros en 2027, mientras se anuncian recortes en pensiones, sanidad y salarios públicos. En resumidas cuentas: Francia está intentando cuadrar un círculo imposible. La derivada: una Europa más frágil. @J_L_Gomez en @mundiario


Francia, definida por su bandera. / Pixabay
Francia, definida por su bandera. / Pixabay

A LA BAJA

Francia

La gran diferencia entre Francia y España reside en la tendencia. Mientras Francia encadena déficits primarios desde 2009, España, aunque con altibajos, ha conseguido mejorar sus cuentas y estabilizar su deuda en los últimos años. Gracias a esta disciplina fiscal, la rentabilidad de los bonos españoles esté hoy por debajo de la francesa, un cambio histórico. Pero el riesgo de Francia no solo amenaza al Gobierno de Emmanuel Macron, sino a toda la arquitectura financiera europea.

AL ALZA

España

España parte hoy de una posición comparativamente mejor que Francia, pero el margen de seguridad es limitado. Su gasto público, en torno al 45,4% del PIB, está 12 puntos por debajo del francés, y la presión fiscal, también inferior, le otorga a Sánchez más recorrido potencial para aumentar ingresos. Sin embargo, la deuda española sigue siendo elevada, en torno al 108% del PIB, y el déficit estructural continúa siendo un problema recurrente. No hay lugar para la complacencia. @mundiario


PROTAGONISTAS

François Bayrou. / Mundiario
François Bayrou. / Mundiario

François Bayrou

Primer ministro de Francia en funciones

Bruselas exige a Francia un plan de consolidación fiscal creíble, que incluya recortes y ajustes, aunque la viabilidad política de esa ruta sea incierta. Este lunes cayó Bayrou, ahora primer ministro en funciones, y Francia se adentra en un vacío de poder con riesgos para la eurozona.

Ursula von der Leyen

Presidenta de la Comisión Europea

El Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) dispone de 422.000 millones, insuficientes para rescatar a una economía del tamaño de la francesa. Tampoco puede confiarse en que el BCE active el mecanismo TPI para cubrir a un país tan grande.

Pedro Sánchez

Presidente del Gobierno

España se beneficia de la fragilidad francesa, pero solo en apariencia. Si Francia no se levanta, el temblor financiero alcanzará inevitablemente a Madrid. La mejor defensa: reforzar la credibilidad fiscal y acelerar las reformas para crecer.

Alberto Núñez Feijóo

Presidente del PP

La estabilidad política importa. Francia evidencia que la fragmentación parlamentaria puede agravar una crisis fiscal. España, con su compleja aritmética parlamentaria, no debería ignorar esta lección. Tampoco el jefe de la Oposición. @mundiario

 

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