Danas y desbordes: el precio de ignorar la hidrología histórica en la planificación urbana

La falta de previsión ante fenómenos extremos está destruyendo ciudades. Antes de comprar, infórmese sobre el comportamiento del agua en su zona.
Cómo explicar que urbanizaciones bien pavimentadas y con servicios básicos quedaron bajo el agua de la dana. La respuesta hay que buscarla bajo el asfalto y en los viejos mapas. / RR. SS.
Cómo explicar que urbanizaciones bien pavimentadas y con servicios básicos quedaron bajo el agua. La respuesta hay que buscarla bajo el asfalto y en los viejos mapas. / RR SS.

Las imágenes se repiten con frecuencia alarmante: calles transformadas en torrentes, coches arrastrados, viviendas colapsadas, vidas truncadas por el lodo. El fenómeno tiene un nombre técnico —dana, o Depresión Aislada en Niveles Altos—, pero sus consecuencias son tan humanas como evitables.

Aunque comunes en la Península Ibérica, las danasse han vuelto más intensas y frecuentes, exacerbadas por el cambio climático. La ocurrida en Valencia en octubre de 2024 dejó más de 200 muertos y miles de viviendas destruidas. Lo preocupante no es solo el fenómeno en sí, sino cómo nuestras ciudades, mal planificadas, se convierten en trampas mortales cuando llueve con furia. Muchas se edificaron ignorando olímpicamente la hidrología histórica de los terrenos.

Diversas organizaciones, entre ellas Amnistía Internacional, denunciaron graves fallos en la gestión autonómica bajo el gobierno del Partido Popular de Carlos Mazón, durante la dana de octubre de 2024.

Aunque el plan especial de inundaciones estaba activo días antes, el Cecopi (Centro de Coordinación Operativa) no se reunió hasta pasadas las 17:00, cuando los daños ya eran irreversibles. Mazón, que compartía una comida con una periodista durante cinco horas, y tenía desconectado su teléfono, se incorporó varias horas después, y la alerta a móviles fue enviada sobre las 20:11, considerada por la jueza instructora como "notablemente tardía y deficiente". Ante tamaña irresponsabilidad política, Mazón se niega a renunciar a pesar de que el pueblo valenciano se lo ha pedido en varias manifestaciones.

EL DESASTRE QUE SE REPITE

En 2019, una dana histórica afectó el sureste español con lluvias de más de 300 litros por metro cuadrado. El río Segura se desbordó, inundando ciudades como Orihuela. En 2024, Valencia sufrió una tragedia mayor, con barrios enteros arrasados. En ambas ocasiones, se inundaron zonas donde oficialmente no existía riesgo. ¿Cómo explicar que urbanizaciones modernas terminaran bajo el agua?

La respuesta está bajo el asfalto: en los viejos cauces, ramblas secas y zonas de absorción natural enterradas por el urbanismo acelerado, sin prever sistemas adecuados de drenaje. Cuando llueve con violencia, la naturaleza reclama su lugar.

Lago de la Albufera de Valencia, desbordado por la dana, de octubre del 2024. / Foto satelital.
Lago de la Albufera de Valencia, desbordado por la dana, de octubre del 2024. / Foto satelital.

UN URBANISMO MIOPE

Durante décadas, el crecimiento urbano en España —y en muchas partes del mundo— ha priorizado  el beneficio inmobiliario sobre el análisis ambiental. Se construyó en vegas fluviales, torrenteras y depresiones del terreno, sin respetar los cauces naturales.

Muchos ayuntamientos aprobaron desarrollos sin estudios geohidrológicos rigurosos. O si existían, fueron ignorados. Así, se edificó sobre terrenos que históricamente actuaban como sumideros naturales. Y cuando se altera esa lógica, el agua no perdona: busca el camino que siempre conoció.

Las infraestructuras urbanas de drenaje, cuando existen, no están diseñadas para soportar la intensidad de las danas. Las alcantarillas colapsan, los colectores revientan, y las calles se transforman en ríos. No es solo un problema de ingeniería: es una falta de visión.

LA IMPORTANCIA DE LA HIDROLOGÍA HISTÓRICA

Cada barrio tiene una historia hidráulica. Saber si una zona fue pantano, delta o cauce seco puede marcar la diferencia entre vivir seguro o en riesgo. Los mapas antiguos, las fotos aéreas, la toponimia —La Rambla, El Barranco, Las Lomas del Agua— y la memoria oral ofrecen pistas valiosas.

Pero esta información rara vez está al alcance del comprador medio. El mercado inmobiliario no fomenta la transparencia, y muchos ayuntamientos no publican mapas de riesgo de inundación de forma clara y accesible.

Las imágenes son cada vez más frecuentes y devastadoras. Calles urbanas convertidas en torrentes furiosos, coches arrastrados como hojas secas, sótanos anegados, viviendas colapsadas y vidas interrumpidas por la dana. / RR SS.
Las imágenes son cada vez más frecuentes y devastadoras. Calles urbanas convertidas en torrentes furiosos, coches arrastrados como hojas secas, sótanos anegados, viviendas colapsadas y vidas interrumpidas por la dana. / RR SS.

¿VA A COMPRAR UNA CASA ?

Antes de firmar una hipoteca, pregúntese: ¿cómo se comporta el agua en esta zona cuando llueve fuerte? Puede parecer una exageración, pero no lo es. Las hipotecas no se inundan, aunque su casa sí.

Los seguros son cada vez más reacios a cubrir viviendas en zonas inundables, como se vio tras los eventos de 2024. Lo que parece una ganga puede volverse un pozo sin fondo si el terreno tiene un pasado fluvial oculto.

Consulte archivos, mapas topográficos, estudios ambientales o hable con vecinos. Existen herramientas modernas, como los mapas interactivos de la Aemet la Confederación Hidrográfica del Segura y el Ministerio para la Transición Ecológica, que permiten evaluar el riesgo. Ignorarlos es exponerse.

INVESTIGAR O REPETIR LA TRAGEDIA

El cambio climático ya no es futuro: es presente, y se manifiesta con fenómenos cada vez más destructivos. Las danaseguirán ocurriendo. Por eso, no basta con ampliar alcantarillas o levantar presas. Es necesario repensar el urbanismo y asumir que no todo terreno es edificable.

Ciudades resilientes deben integrar zonas verdes, restaurar ramblas, humedales y diseñar barrios que convivan con el agua, como se hace en Países Bajos, donde se asume que el agua volverá y se construye con ese conocimiento.

DONDE HUBO RÍO, RÍO PUEDE VOLVER

La ciencia lo confirma, la historia lo recuerda y la experiencia lo demuestra: donde hubo río, río puede volver. Valencia 2024 es una advertencia brutal. Y esta no es solo una crónica de desastre: es una invitación.

A promotores, políticos, arquitectos y ciudadanos. Antes de construir o comprar, infórmese, pregunte, investigue. La lluvia no negocia. Y cuando cae, arrasa con todo… excepto con la memoria del terreno. @mundiario  

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