La Comunidad Valenciana sigue encadenando el PP a Vox: todo lo contrario que en Galicia
El nuevo president del PP evita elecciones anticipadas al abrazar las tesis de la extrema derecha sobre inmigración y clima, mientras el partido de Feijóo vuelve a quedar atado a Vox en una autonomía clave. Justo lo contrario que en la comunidad donde había gobernado Feijóo.
La elección de Juan Francisco Pérez Llorca como presidente de la Generalitat Valenciana confirma la dependencia creciente del PP respecto a Vox en una de las autonomías más relevantes del país. El nuevo jefe del Consell, investido gracias a los 50 votos que la suma de populares y ultras proporciona en Les Corts, asumió el cargo con un discurso que, más que un programa, funcionó como una carta de compromisos hacia su socio imprescindible. Su prioridad era clara: garantizarse los 13 apoyos de Vox y evitar unas elecciones anticipadas que podían poner en riesgo el control institucional de la derecha.
El tono marcó el rumbo desde el primer minuto. “Basta ya de buenismo”, proclamó Llorca antes de arremeter contra el Pacto Verde Europeo, convertido en su intervención en una amenaza para agricultores, ganaderos y pescadores. La crítica resulta llamativa si se recuerda que ese mismo paquete climático ha contado con el respaldo del PP en Bruselas. Pero el candidato no se limitó a la contradicción: amplificó la retórica de la extrema derecha denunciando “cargas imposibles” y “competencia desleal” frente a las importaciones. En la bancada de Vox, la satisfacción era evidente.
Con 49 años, Pérez Llorca llega al poder tras la dimisión forzada de Carlos Mazón, incapaz de sostener el desgaste social provocado por su negligencia durante la trágica dana del año pasado, que dejó 229 víctimas mortales. El relevo es legítimo, pero compromete de nuevo a Alberto Núñez Feijóo, que vuelve a avalar a un socio que cuestiona pilares esenciales de la democracia liberal. El PP ha evitado la cita con las urnas, sí, pero lo ha hecho abrazando sin disimulo los postulados de Vox sobre inmigración y cambio climático. Justo lo contrario de lo que siempre ha sucedido en la comunidad donde había gobernado Feijóo. Vox en Galicia es absolutamente marginal, lo cual le permite al PP comportarse como un partido de centro-derecha.
Pero en Valencia la sombra de 2023 vuelve a planear sobre esta nueva etapa. Entonces, Mazón firmó un pacto exprés de 50 puntos con Vox. Ahora, las negociaciones han sido opacas: ni los valencianos ni el resto de los españoles conocen los acuerdos de estas semanas que, según el portavoz ultra, han sellado ambas formaciones. Y en su investidura, Llorca tampoco ofreció el programa de gobierno que cabe esperar de cualquier candidato. Su discurso estuvo orientado en exclusiva a retener a su aliado: defensa sin matices de la agenda xenófoba y del negacionismo climático, envuelto en llamamientos a la serenidad y al diálogo.
El PP dice unas cosas en Bruselas y otras en Valencia
De ese envoltorio surgieron expresiones impropias de un líder que promete moderación. Referencias a “las élites europeas de Bruselas”, a la “impostura ecologista”, a la amenaza que representarían los inmigrantes “sin control” para “nuestra identidad”, o la contraposición entre “ideología” y “sentido común” encajarían sin dificultad en un mitin de Santiago Abascal. Que ahora aparezcan en boca del president popular evidencia el desplazamiento del eje político valenciano.
El nuevo jefe del Consell afronta, además, una prioridad ineludible: la reconstrucción tras la devastadora dana. Llorca cuenta con el crédito inicial de quien se estrena en el cargo y deberá ser evaluado por sus hechos. Pero preocupa que su intervención apenas mencionara la emergencia climática, al tiempo que anunciaba obras hidráulicas y deslindaba responsabilidades en dirección al Gobierno central. Ni rastro de autocrítica hacia su antecesor, presente únicamente para votar.
En un contexto de lenta recuperación institucional tras un año negro, la decisión del PP de ceder terreno ideológico a Vox tiene consecuencias de largo alcance. La extrema derecha podrá marcar la acción del Ejecutivo valenciano sin soportar el desgaste de la gestión. Y en un semestre decisivo para los populares, con varios gobiernos autonómicos en juego, Feijóo vuelve a encarar el dilema que recorre la derecha europea: pactar con fuerzas iliberales para conservar el poder o trazar un cordón sanitario que preserve la centralidad democrática. Esta vez, en Valencia, la decisión ya está tomada. @mundiario



