El chavismo convierte Venezuela en una república pigmea

"Es un episodio de república bananera, pero ahora calza más hablar de república pigmea", dice Elías Pino en un artículo en El País tras el fraude electoral chavista.
Edmundo González y Nicolás Maduro. / RR SS
Edmundo González y Nicolás Maduro. / RR SS

El fraude electoral en Venezuela ha sido catalogado por muchos como un episodio propio de una república bananera. Sin embargo, el escritor e historiador venezolano Elías Pino Iturrieta, propone una descripción aún más mordaz y precisa: una república pigmea. En un análisis publicado en el diario español El País, Pino destaca que este término refleja mejor la situación actual del país, donde el aparente proceso democrático es solo una fachada para la perpetuación de un régimen autoritario.

María Corina Machado ha logrado un vínculo excepcional con la mayoría de la sociedad venezolana, un fenómeno inédito desde la fundación de la República de Venezuela. Su capacidad para aglutinar tanto a pobres como a ricos en un país históricamente fragmentado en sus preferencias políticas, ofrecía una esperanza tangible de cambio. Esta cohesión, unida al creciente descontento con un régimen que ha saqueado y oprimido a su propia gente, parecía suficiente para garantizar una victoria en las urnas.

Sin embargo, la historia no siempre avanza en línea recta. Pino Iturrieta apunta que, aunque la mayoría de la sociedad venezolana estaba lista para un cambio, la "cabeza" del régimen, armada hasta los dientes, no estaba dispuesta a ceder. La aparición de un enemigo formidable como Machado y su candidato, Edmundo González Urrutia, fue recibida con una mezcla de temor y astucia por parte del régimen. Permitieron que el proceso electoral se desarrollara hasta cierto punto, solo para disparar a matar cuando se sintieron amenazados.

El régimen no solo anunció las formalidades de un proceso electoral, sino que también permitió una candidatura que afianzara el liderazgo emergente, todo mientras maniobraba para controlar el desenlace. La prensa, ya amordazada, fue aún más restringida para asegurarse de que cualquier voz discordante fuera silenciada. Pese a estos obstáculos, la oposición y su creciente base de apoyo alimentaron la ilusión de una posible victoria, una ilusión que se transformó en una esperanza concreta mientras Machado recorría el país buscando votos para González Urrutia.

La aceptación entusiasta de esta pareja política, desconocida pero potente, forzó al régimen a recurrir a un fraude descarado para frenar su avance. Los pronósticos serios y el ambiente general indicaban claramente que la oposición estaba destinada a ganar. Sin embargo, el régimen manipuló los escrutinios según su conveniencia, ejecutando una operación de fraude electoral sin ningún pudor, anunciada a medianoche mientras la nación intentaba conciliar el sueño.

Incentivos para que la lucha continúe

Elías Pino Iturrieta describe este escenario como un episodio de república pigmea, una entidad que, aunque enana en su moral y ética, aún se levanta de sus cenizas, expulsando a sus enanos. La historia de Venezuela, según Pino Iturrieta, está lejos de terminar. La magnitud y el escándalo del fraude electoral proporcionan suficientes incentivos para que la lucha continúe. La nación sigue en pie, y la resistencia contra el régimen se fortalece con cada acto de represión y engaño.

La crítica de Pino Iturrieta es una llamada a no subestimar la capacidad de un pueblo para levantarse contra la opresión. A pesar de los intentos del régimen por sofocar la esperanza y manipular la verdad, la historia de Venezuela está en un punto de inflexión. El fraude electoral puede haber frenado momentáneamente el cambio, pero no ha podido destruir el espíritu de resistencia de los venezolanos. La lucha por la democracia y la justicia sigue viva, y es responsabilidad de la comunidad internacional y de los propios ciudadanos venezolanos mantener la presión y no permitir que el régimen pigmeo se consolide sin resistencia. @mundiario

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