Cataluña agrupa y Galicia segrega: dos modelos opuestos para la sanidad y la universidad

Mientras la Generalitat anuncia la puesta en marcha del Campus de Salud Clínic-Universidad de Barcelona para instalar en la Ciudad Condal su mayor proyecto de infraestructura sanitaria, científica y docente, la Xunta y las tres universidades agotan el plazo que se habían fijado para iniciar el proceso de descentralización de la Facultad de Medicina de Santiago.
Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela. / Mundiario
Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela. / Mundiario

Anunciaba esta semana el presidente de la Generalitat, el exministro de Sanidad Salvador Illa, uno de los grandes proyectos de Cataluña: la puesta en marcha del Campus de Salud Clínic-Universidad de Barcelona (UB), que situará a esa comunidad y a su capital como referentes europeos en salud. Lo hacía en el transcurso del acto por el que se constituía un consorcio en el que participarán nueve instituciones y entidades: la propia Generalitat, el Hospital Clínic, la Universidad de Barcelona, los ayuntamientos de la Ciudad Condal, L'Hospitalet de Llobregat y Esplugues de Llobregat, la Diputación, el Área Metropolitana y el Servicio Catalán de la Salud (CatSalut). Una unión de fuerzas con el objetivo de canalizar una inversión que supera inicialmente los 1.700 millones de euros para que, antes de 2035, se ponga en marcha un potente hub sanitario que aglutine el grueso de la investigación biomédica y la formación universitaria y pueda competir con los grandes centros no solo del Viejo Continente sino también del resto del mundo. Salvador Illa reconoció que este futuro campus es actualmente el mayor proyecto de infraestructura sanitaria, científica y docente del Gobierno autonómico, e incluirá la construcción de un moderno y más avanzado Hospital Clínic junto a las nuevas facultades de Medicina y Farmacia de la UB.

“Esta iniciativa será única en el sistema universitario público. Se convertirá en un equipamiento estratégico para reforzar la formación y la investigación en un sector clave para la industria farmacéutica y biomédica, con espacios modernos, laboratorios de última generación y una clara vocación internacional”, señalaban desde la Generalitat al tiempo que hacían pública la hoja de ruta de un proyecto ambicioso que permitirá “tejer sinergias con hospitales, centros de investigación y empresas del sector, consolidando el Eje Diagonal Salud y conectando con el Bioclúster de Innovación y Salud de Bellvitge (Hospital de Bellvitge, Instituto Catalán de Oncología, entre otros)”. Esta red metropolitana permitirá sumar a instituciones como el Hospital Materno-Infantil de Sant Joan de Déu, el Parque Científico de Barcelona, el Barcelona Supercomputing Center y empresas biomédicas, generando un nodo de innovación y actividad económica especializada.

El anuncio de Salvador Illa se realizó apenas unos días después de haberse alcanzado el acuerdo bilateral de financiación autonómica que permitirá, por mucho que el resto de comunidades se opongan, a Cataluña contar con 4.700 millones de euros adicionales. Un buen pellizco se destinará a este Campus de Salud Clínic-Universidad de Barcelona, que es una buena muestra de lo positivo que es agrupar frente a las intenciones que triunfaron en Galicia, por lo menos inicialmente, a la hora de segregar la Facultad de Medicina de Santiago con unidades docentes en A Coruña y Vigo.

El gobierno catalán invertirá en su iniciativa parte de los 4.700 millones adicionales que ingresará con el nuevo modelo de financiación que no beneficia a Galicia: Miguel Corgos se verá obligado a hacer números para poder segregar la docencia del segundo ciclo en Vigo y A Coruña

Habrá quien diga que la ciudad de Barcelona tiene un músculo propio del que carece no solo Compostela sino nuestra comunidad; incluso se apuntará que en Cataluña conviven ocho facultades de Medicina, seis públicas y dos privadas. Pero está claro que la Generalitat no duda en apostar por proyectos centralizados que le ayudarán a situarse en la élite de la investigación y la enseñanza, que a fin de cuentas era el principal argumento que esgrimían aquellos que defendían potenciar y modernizar la Facultad compostelana en lugar de esa descentralización de la enseñanza en el segundo ciclo, que es un pésimo parche con el que la Xunta pretende taponar un problema político —las demandas localistas de las dos ciudades más pobladas en manos del PSOE— con una solución de muy difícil encaje. Esa es la gran diferencia.

Tan complicada que ese famoso convenio firmado por las tres universidades —dos de ellas con rectores en funciones— y las Consellerías de Educación y Sanidade no termina de arrancar, dándose la paradoja de que van a agotar el plazo, “antes del 21 de enero”, para convocar la primera reunión de la comisión de seguimiento, pese a la urgencia que se reclamaba desde la UVigo y la UDC para poner en marcha el proceso de descentralización y crear las nuevas unidades docentes en A Coruña y Vigo. Será el próximo martes (día límite) cuando se reúnan para, en primer lugar, dar entrada al colectivo de estudiantes y atender las demandas, consideradas lógicas y asumibles por todas las partes, que planteó la Facultad de Medicina de Santiago. Lo anunció este viernes el conselleiro de Educación con un mensaje que habrá dejado estupefactos a mucha gente. “Si hacemos guerras particulares y un café para todos, pues pensamos que nos va a ir peor; si sumamos ganamos y si somos muy individualistas perdemos”, vino a decir Román Rodríguez, quizá más pendiente de las indicaciones que seguro recibirá de su colega Miguel Corgos, el responsable de las cuentas públicas, ante el agujero económico que esa segregación va a provocar en las arcas autonómicas, ya de por sí maltrechas, y que ahora deben encajar el golpe de un nuevo modelo de financiación que, coinciden los expertos, no premia a Galicia.

Pero ese es otro debate, aunque, no lo duden, va a afectar a un proyecto, “¿con altura de miras?”, que va a desnaturalizar una de las mejores facultades de Medicina de Santiago y supondrá un duro golpe para el Instituto de Investigación Sanitaria (IDIS), que en apenas quince años se convirtió en el tercer mejor centro entre los 35 que existen en España, con especial incidencia en los campos de genética y biología de sistemas; endocrinología, metabolismo y nutrición; neurociencias; plataformas y metodología; cardiovascular; infectología, inflamación y vacuna, y oncología. Y que con su pujanza está consolidando un polo de excelencia biomédica no solo en Compostela sino en todo el territorio de nuestra comunidad. @mundiario

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