Carta de Navidad a la gente de Badalona
Que en las elecciones municipales de 2023 el partido más votado en Badalona sea el de la abstención, con algo más de 65.000 frente a 90.000 votos emitidos ya revela una situación social que adolece de una carencia de sentido de comunidad y de convivencia importante. Una especie de marginación ambiental y una carencia de integración de una sociedad que –por las razones que sea– ha perdido el rumbo, e incluso la memoria.
La memoria de su propia historia, de que es un conjunto social que procede en una gran medida de la inmigración interna de los años cincuenta a los setenta del pasado siglo: Badalona pasó de tener 61.000 habitantes en 1950 a los 227.000 de 1981. Una inmigración que las pasó canutas en una ciudad a la que le costó asumir aquella avalancha, que tardó en resolver los problemas del chabolismo y la infravivienda, y en la que impera todavía un desorden urbanístico en el que los barrios periféricos aún presentan numerosas deficiencias.
Es posible que la mala experiencia con la institución municipal la haya conducido a la indiferencia o a la decepción. Y, por supuesto, a la desorientación. Porque hay que estar muy desesperado y muy desorientado para abstenerse masivamente (el 42% de los ciudadanos con derecho a voto), y a entregar 50.000 votos de los 90.000 emitidos a un candidato a la alcaldía que tiene a gala representar el papel de bestia parda (y lo de parda le viene al pelo por el recuerdo de la camisa que vestían los militantes de Hitler). Un tipo que ha olvidado que en 1960 su padre se vino de Almería con una mano detrás (espero) y otra delante, porque necesitaba sobrevivir y escapar de la miseria.
Un tipo que ejerce de alcalde, y que no ha sido capaz de resolver el problema habitacional y social de poco más de 400 inmigrantes, que tuvieron que refugiarse en un edificio abandonado.
Y ante la falta de imaginación, y claramente de voluntad humana y política, en lugar de articular una acción social integradora, que contemple los problemas de las familias allí autoalbergadas, y de plantarse ante la Generalitat para resolver juntos el problema del alojamiento, lo único que se le ocurre es utilizar la mayoría que los votantes badaloneses le habéis dado para expulsar a los residentes.
Una actuación muy cristiana, justo en vísperas de la navidad. Eso sí, con la ayuda judicial que, aunque pone una serie de condiciones -como una coletilla retórica a la sentencia- para que se tenga preparada una alternativa residencial, ni se preocupa de que tal alternativa se cumpla, ni da las órdenes a la policía judicial de que su intervención vaya condicionada a la ejecución de las condiciones. Y esa es otra: porque también hay para los mossos de esquadra, y para sus jefes que permiten una inhumana actuación, sin comprobar que se acatan las condiciones de la sentencia.
No contento con la comisión de ese brutal desmán, el alcalde charnego, traidor a sus orígenes y con vocación de camisa parda, miente, insulta al colectivo de personas maltratadas, y trata de hacerlos pasar por una banda organizada de delincuentes. Y además atemoriza a quienes quieren dar un apoyo a los afectados. Y frente a las débiles protestas de ciudadanos solidarios, lanza a unos energúmenos a impedir que haya ayuda para los damnificados.
Un acto de xenofobia fascista, que ha venido a mostrar a toda la España que lo quiera ver hasta dónde es capaz de llegar la falta de entrañas de esta gente que presume de defender la seguridad por encima del respeto a los derechos de las personas. E involuntariamente, nos pone en guardia de hasta dónde están dispuestos a llegar esos que predican soluciones vandálicas simplistas y crueles para el tratamiento de los problemas sociales de los más vulnerables.
Que disculpen los ciudadanos, que los hay, de esa Badalona que es la cuarta ciudad en población de Cataluña, porque los haya llamado “gente”. Pero es que esa ciudad (que con estos hechos se ha colocado en los últimos lugares de la fila de la ciudadanía) en estos momentos demuestra muy poca calidad en el cumplimiento de los derechos ciudadanos. Y se distingue por ponernos en vergüenza a los catalanes, a los emigrantes que construyeron Cataluña con su esfuerzo, y al conjunto de españoles que quisiéramos que a los nuestros nadie los tratara, en ningún país del mundo, como el regidor que habéis elegido ha tratado y sigue tratando en plena navidad a más de cuatrocientos seres humanos que merecen un respeto y una consideración.
Estoy seguro de que vuestros abuelos y vuestros padres, que supieron lo que fue venirse a trabajar duro y ganarse el pan, allá donde estén, andarán avergonzados de vosotros en estos momentos. Espero que también vosotros os deis cuenta de esta barbaridad y paséis las navidades con vergüenza. @mundiario

