Anatomía de una opa hostil a la democracia
Ha llegado a tal punto el estruendoso silencio de los corderos que pacemos en los pastos de la mayoría aritmética del Sanchismo, S.A., incluidos los socios minoritarios que se reparten dividendos, que va progresando, sin prisa pero sin pausa, una opa hostil a la democracia. La Moncloa debe ser, a estas horas, la envidia de los CEOS del BBVA que todavía se lamen sus heridas por la irreparable perdida de Sabadell, oye. Porque, no nos engañemos, lo de Pedro Sánchez absorbiendo al Poder Legislativo, el Poder Judicial y el poder mediático, cuyo paradigma de naturaleza estatal lo sustenta la TVE, es digno de un estudio en profundidad por parte de los expertos en constitucionalismo, si todavía queda alguno, claro, para despejar las dudas razonables sobre la posibilidad de que estemos aceptando pulpo como animal de compañía, PSOE como socialdemocracia o gobierno para algunos como gobierno de todos y para todos.
No, de verdad, te lo digo sin acritud: para este viaje que estamos haciendo, no hacen falta alforjas, ni paripés de plenos parlamentarios, ni grandilocuentes anuncios de decretos ley, con menos porvenir en El Congreso que el actual fórmula uno de Fernando Alonso en la parrilla de salida de un Gran Premio. Cincuenta años después de que, un tal Franco, firmase sentencias de muerte para muchos santos inocentes a su libre albedrío, un tal Pedro Sánchez, al frente de un nuevo Régimen, se supone que de naturaleza democrática, declara la inocencia de su Fiscal General del Estado en plena deliberación de un Poder Judicial, a la sazón dotado de teórica independencia, intentado despejar la duda de si se ha comportado como un Fiscal General del Estado o un Fiscal Particular de La Moncloa. Porque esa, y solo esa, es la cuestión, el ser o no ser Hamletiano, que trae estos días de cabeza al Tribunal Supremo. Total, pa na, oye, porque siempre quedará el indulto, como en Casablanca siempre les ha quedado París.
Perdonen que Insista en que, el problema no es el ruido que hacen los que viven de la política, de todo pelaje, condición y disfraz ideológico; ni siquiera las heterogéneas tribus mediáticas que se arriman a los diferentes soles que mas les calientan. El problema es ese ruido del silencio de los corderos humanos, de la sociedad de la que formo parte, de los ganados de churras y merinas, de progresistas y conservadores, de indepes y ultrapatriotas que, cada cuatro años, o cuando decidan sus sucedáneos de neocaudillos, acuden a las urnas con la esperanza de que ganen los suyos y, en un plagio colectivo de Ensayo sobre la ceguera, les trae al fresco que podamos seguir perdiendo todos la piedra filosofal que garantiza larga vida, ¡ojalá incluso la inmortalidad!, a eso que, frívolamente, por inercia, sin pasar ITVs, revisar frenos, cambiar el aceite y comprobar la presión de los neumáticos, llamamos democracia y dejamos el volante en las manos de sucesivos conductores que, por la izquierda o por la derecha, suelen dar positivo en los controles de carreteras de la historia. @mundiario


