Se acerca la venganza ideológica de Riad contra Yalta
Cuanto voy a expresar puede parecer una distopía o un simple disparate, consecuencia de los acontecimiento políticos que ajetrean al mundo, desde las más altas instancias internacionales hasta cualquier plano municipal de nuestra ciudad. Vivimos momentos convulsos y nos vemos en manos de individuos dignos de ser encerrados en siquiátricos herméticos. Sin embargo nada es casual. Son el curso de la historia y la estupidez humana quienes nos condenan, con un empeño fanático para hacer sufrir a los pueblos, desatar la muerte y el terror por mandato de los dioses, de las ideologías o del comercio. A poco que nos paseemos por los pasillos de la historia universal nos veremos caminando entre reflejos de espejos diabólicos.
Justo en este febrero, cuando se cumplen ochenta años y una semana justos, han concluido las consecuencias de la conferencia de Yalta de 1945 para dejar paso a los temores del encuentro de Riad entre EE UU y Rusia. En aquella ocasión Roosevelt y Stalin se confabularon para poner fin al fascismo de Hitler. Entonces el ruso y el americano demostraron un idilio inimaginable y aceptaron a duras penas la presencia de Europa, representada por Churchill. Pero ningunearon al invadido Charles de Gaulle. Esta semana Trump ha dado patente de corso al imperialista Putin, ha ignorado a sus aliados europeos y ha llamado invasor al invadido ucraniano. Disparates difundidos como maniobras de paz cuando en realidad conforman movimientos de anexiones territoriales, producto de intereses económicos espurios del capital. También ideológicos.
En Yalta el fascismo fue derrotado pero no borrado de la convivencia de los pueblos. Las extremas derechas han aguardado ochenta años para alzarse, se han rearmado y han sembrado sus ideologías pacientemente amparados por la confianza y la buena fe de los demócratas. Riad y la próxima reunión entre Trump y Putin serán la venganza de aquel fracaso del fascismo en la Segunda Guerra Mundial que, a su vez, se había construido como la venganza de la Alemania nazi por su derrota en la Primera Gran Guerra de 1914-1918. Una rueda perfecta para la destrucción de la Europa soñada por los entusiastas herederos del Sacro Imperio Romano Germánico, primero. Y por los comerciantes de la UE después, incapaces de soldar a los países con una Constitución Europea, más valiosa que la simple moneda común y que un ejército comandado por el americano de chistera y puro.
En Riad ha comenzado un nuevo reparto del mundo entre dos ególatras cafres, además de fascistas. Putin colocará en jaque a Europa por mucho tiempo, después de anexionarse Ucrania y otros países de la antigua órbita de la URSS. En Oriente Medio se crearán territorios de vacaciones y prostitución para estadounidenses ricos, como en el pasado lo fue Cuba, cuya nostálgica posesión también está en la agenda de Trump. Para ello ha empezado por cambiar el nombre del golfo de México. El siguiente paso será la invasión de Groenlandia, poniendo punto final a la OTAN, tan denostada por las izquierdas del pasado. La anexión del canal de Panamá, la alianza con Maduro, la protección a Milei y un pacto suicida para Canadá devolverán el sueño americano a los racistas xenófobos de Norteamérica.
Las democracias europeas están en peligro y desarmadas. En contrapartida sólo nos queda el abrazo económico y militar de China o de algunos países árabes, esto es, ir de Guatemala a Guatepeor. Por todo ello, hoy aconsejo volver a esconder nuestros bienes y culturas en lugar seguro, por si en el futuro aún valen algo. @mundiario



