¡Abajo las ideas!
Hay gentes a las que les gustan las ideas. A otras, por el contrario, les molestan. Estas segundas presumen de un espíritu práctico, como si los otros fueran unos especuladores tumbados en el sofá.
La palabra que utilizan proviene, como todo el mundo sabe, de especular, la cual tiene múltiples acepciones, frecuentemente ignoradas por quienes la utilizan con intención peyorativa. Limitan el significado de la palabra a “reflexionar en un plano exclusivamente teórico” o a “hacer conjeturas sobre algo sin conocimiento suficiente” (DRAE). En resumen, para ellos el mundo de las ideas se caracteriza por su inutilidad. Como mucho aceptan una sola idea, la propia.
Alain sostenía que “un hombre que no conoce más que las cosas es un hombre sin ideas; es en el leguaje donde se encuentran las ideas”. Similar debe de ser el caso de nuestro hombre práctico, que ignora que el término que utiliza tiene múltiples significados.
Para estos practicistas todo lo que sigue sobra:
“Perteneciente o relativo a un espejo. Semejante a un espejo. Dicho de dos cosas simétricas: Que guardan la misma relación que la que tiene un objeto con su imagen en un espejo. Dicho de una cosa: Reflejada en un espejo. En desuso: Transparente, diáfano”.
¿Hay causas subconscientes para que determinadas personas sean enemigas de las ideas, de la amplitud del lenguaje, de la pluralidad de los enfoques, (¡de las “lecturas”!), de las interpretaciones, de la diversidad, de todo aquello que lleva positivamente de la duda a la revisión de las certezas?
¿Por qué desprecian los otros significados, a no ser que lo desconozcan? Quizás la palabra espejo no les gusta porque el reflejo no siempre favorece. Mejor eliminar la curiosidad; de esta se puede pasar a la crítica, que no está mal en sí, pero es peligrosa porque raya con la autocrítica. Horrible palabra que puede hacer dudar de ese antropocentrismo medida del universo.
“Dicho de dos cosas simétricas”. Peligroso, las cosas simétricas evocan a la igualdad, a la equidad, al equilibrio. Si a A le sancionan por hacer X, a B también lo tendrían que sancionar por haber hecho lo mismo. Aparte de que la belleza clásica basa muchos de sus cánones en la simetría.
“Dicho de una cosa: Reflejada en un espejo”. ¿No es mejor lo opaco? Además, un espejo multiplica el espacio y la luz.
“Transparente, diáfano”. En desuso. ¿Para qué vamos a sobrecargar de conceptos, de ideas, de riqueza nuestro idioma cuando necesitamos memorizar palabras tan necesarias como “wag”, acrónimo de novia de un deportista?
Respecto a los espejos hay que pensar en la posibilidad opuesta. Que se vean maravillas donde no las hay. Hablamos del narcisismo, que es una forma de exclusión de los demás. El narcisista cree que se basta a sí mismo (hasta que la realidad acaba con todas estas niñerías). Veamos sus sinónimos: egotista, egocéntrico. narciso, ególatra, vanidoso, presumido, fatuo, ninfo (DRAE). ¿Han tenido ocasión de ver en los gimnasios a unos clientes que se pasan media jornada charlando y la otra media admirándose ante los espejos?
Estos prácticos, añadimos nosotros, sólo creen en el tanque o en la onza de oro; nunca en la bandera o en el himno. Para él sólo son trapos o sonidos. En el mundo de las ideas, por el contrario, se sabe que sin lo primero no se hace nada; pero tampoco sin lo segundo.
Esto nos lleva al interés por la precisión en el lenguaje. No es fácil lograrla, diríamos que imposible, pero no comprendemos a quienes no la valoran. El lenguaje tiene grafía, sonido, también color, tanto como la música. Las palabras de Borges, eternizadas por You Tuve, de que escribe en español porque respeta demasiado al idioma inglés primero nos apenaron, después nos indignaron.
Las razones que expone son pobrísimas. La anglofilia no tiene por qué ser excluyente. Tampoco comprendemos a quienes menosprecian el sonido neutro y claro de nuestro idioma (como hace la IA, tan parcial) e intentan darle dudosas musicalidades. Nuestra lengua es de las pocas cosas grandiosas que nos quedan, aunque parece que hay quienes, en su inepcia, están empeñados en destruirla, además con argumentos que hacen dudar de su fortaleza intelectual. Sólo pedimos para el español el mismo amor que se tiene por las lenguas territoriales e incluso foráneas.
Una supuesta filóloga que pontifica todas las noches en una emisora nacional decía que le molestaba sobremanera que la gente dijera wifi. Que se debería pronunciar wai fai. Como quiera que esta palabra ya figura en el DRAE ¿qué propone, que destruyamos nuestro envidiable sistema en el que grafía y fonética coinciden? ¿Prefiere el sistema inglés en el cual cada vez que se informa de un nombre se tiene que aclarar cómo se pronuncia porque no hay reglas? ¿Por qué Miami se pronuncia Maimi y no Mai(a)mai? Ponemos la “a” entre paréntesis para resaltar que la elección de la pronunciación de dicha letra es caprichosa, en cuanto tiene múltiples sonidos, siendo los más comunes “/eɪ/ (el sonido largo de la letra, como en say o cake) y /æ/ (el sonido corto de la letra, como en cat o apple).
Otros sonidos importantes incluyen /ɑː/ (una "a" larga como en car o father), /ʌ/ (el sonido de la "u" en cup o up), y /ə/ (el sonido neutro o schwa, como en sofá)”. Si no recordamos mal, en inglés hay veinticinco formas de pronunciar las cinco vocales. Maravilloso sistema. Hemos leído que cuando un angloparlante quiere escribir seriamente necesita un diccionario al lado del tintero. Ahora intuimos por qué quieren un mundo de reglas… ¿será por la inconcreción?
La certeza de nuestro idioma es despreciada en muchos casos por quienes ignoran la fuerza de las lenguas. Repetimos por enésima vez las admirables, (en este caso) recomendaciones de Carlos III de Inglaterra a sus ayudantes para que laboren por la conservación y extensión de su idioma, en cuanto lo considera un poder más. Recomendación que entra plenamente en el mundo de las ideas.
Ocurre con muchos anglicistas que justifican su incorrección lingüista (lo dice la RAE) en que el inglés es un idioma más práctico. Por ejemplo, dicen, no me hagas un espóiler, es decir, cinco palabras, más el tiempo que se pierde al tener que explicar en casos qué significa. ¿No dicen que”the time is gold”? Por el contrario la frase “no me lo cuentes” se contenta con cuatro y se explica por sí misma.
No entendemos esta propensión a recargar el idioma cuando diariamente se desechan palabras españolas muy sustanciosas. Encima la traducción del anglicismo hispanizado es fea al darle la equivalencia a “destripar”, cuando se podría decir desvelar. Nunca se ha dicho destripar un secreto, sino desvelar un secreto.
En este caso la IA sí nos da la razón al ideologizar el materialismo de la frase inglesa. Entiende el valor del tiempo como “un legado que puede impulsarnos ya sea a través de la educación, los conocimientos o las generaciones futuras, cuidando de que lo adquirido no se pierda”.
Es decir, que plegarnos a esos simplismos que quieren mostrarnos una realidad plana donde hay profundidad, recovecos y sinuosidades es un error. ¿Necesitamos de esas complejidades cuando lo simple parece más fácil y saludable? Por supuesto que sí Esa simpleza no es sino una homologación a su modelo. Un modelo en crisis que le ha fallado a la humanidad. Y en vez de reconocerlo, alienta al suicidio de los demás en beneficio de su propia culpa. @mundiario



