Hay algo mejor que ser resilientes
Si quieres subir de nivel, debes desafiarte a más. / Crónicas honestas sobre la felicidad.
Hay algo mejor que ser resilientes. ¿Sabes qué es? Ser antifrágil. Antifragilidad es un concepto desarrollado por el investigador y economista Nassim Taleb, y es superior a la idea de resiliencia. Es algo así como “resiliencia 2.0”, como llama el Dr. Tal Ben-Shahar, psicólogo y célebre profesor de Felicidad en Harvard, a lo que Taleb considera la cúspide de la fortaleza.
Sabemos lo que es resiliencia: recibir un golpe, deformarnos y luego ser capaces de volver a la forma anterior. El antifrágil, en cambio, no recupera su estado anterior después de un golpe. No permanece igual, sino que mejora, se beneficia de él, crece. Incluso puede romperse y recomponerse aún más fuerte que antes.
Un ejemplo es la naturaleza. La antifragilidad es un atributo de los sistemas vivos que les permite prosperar en diversas condiciones, responder creativamente a los cambios del ambiente, adaptarse y evolucionar. Antifragilidad es, por ejemplo, enfermarse, generar anticuerpos y luego elevar la resistencia a esa afección. Antifragilidad también es el proceso al que exponemos a los músculos en el gimnasio: los estresamos levantado peso, rompemos las fibras musculares y estas, si continuamos entrenando, se recomponen más fuertes. Aumentan.
Para subir de nivel de la resiliencia a la antifragilidad deberíamos empezar por adoptar una postura filosófica diferente frente a la vida. Más estoica. Como decía Epícteto, “No pretendas que las cosas ocurran como tú deseas; desea, en cambio, que ocurran tal como se producen, y serás siempre feliz”.
Lo que dice Epícteto está totalmente alineado con la antifragilidad. El estoico, como el antifrágil, “desea” la incertidumbre, “quiere” exponerse al estrés, en el sentido de que desea aprender a sentirse más a gusto con el desorden y el error, con la volatilidad y el riesgo, porque, al fin y al cabo, así es la vida y hay que sobrevivir a la incertidumbre.
Por supuesto que no se trata de convertirnos en unos imprudentes, sino de animarnos a experimentar y a probar más cosas, de abrazar la posibilidad del fracaso como algo natural y de tomar pequeños riesgos controlados que nos ayuden a estar cada vez más cómodos mientras nos alejamos de nuestra zona de confort.
habilidades que se aprenden
Piensa en la antifragilidad como un conjunto de habilidades que se aprenden.
Por un lado, como aconseja Epícteto, aprovecha el fluir de las circunstancias para identificar la oportunidad que se esconde tras de cada contratiempo. Haz el ejercicio de buscar algo positivo en cada obstáculo. Sabemos que las personas que buscan oportunidades en situaciones negativas son más exitosas.
Por otro lado, puedes hacer este ejercicio que propone el emprendedor Vishen Lakhiani, fundador de Mindvalley, y que te alentará a mejorar. Se llama “Punto de ajuste”.
Elige uno o dos objetivos y establece un punto de ajuste, un umbral mínimo que te comprometes a no bajar. Por ejemplo, si tu meta es ser más disciplinado con tu entrenamiento físico, podrías poner como umbral mínimo de entrenamiento no ejercitarte menos de tres horas semanales. Si te ejercitas menos de ese tiempo deberás recalibrar el punto de ajuste hacia arriba, elevar la vara. No mucho, algo que puedas cumplir; por ejemplo, un 3% más. Eso elevará tu punto de ajuste a tres horas con nueve minutos.
De este modo, estarás siempre retándote a más, y eso te fortalece. ¿Cómo crees que puedes ajustar un poco las cosas hoy para elevar tu antifragilidad? @mundiario