Fuego sobre Igueriben: Annual sigue presente en la Historiografía y Literatura

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Libro de Dávid Gómez y lienzo de Ferrer-Dalmau. / Autora.
'Fuego sobre Igueriben' es un homenaje a Benítez, el heroico Comandante Benítez, que no abandonará un segundo a sus soldados, les dará ánimos y fuerza para continuar luchando hasta el final
Fuego sobre Igueriben: Annual sigue presente en la Historiografía y Literatura

El llamado Desastre de Annual fue una de las derrotas más dolorosas del ejército español, pero también una de las más páginas más gloriosas de nuestra larga historia militar. Un gran número de soldados españoles murieron como héroes: nombres relevantes que han sido olvidados, y otros que jamás fueron recordados. Junto a Salafranca, Primo de Rivera, Arenas, Flomesta, Escribano, Manella y Morales… muchos otros combatieron y nunca tuvieron su lugar en la historia. En concreto, la caída de Igueriben, fue uno de los episodios más dramáticos que cercenó las vidas de tres centenas de soldados, y en el que el valor y el empuje de los “soldados de levas”, junto a oficiales como Nougués, Ruiz Osuna, Cebollino, el ferrolano Alfonso Galán o el malagueño comandante Benítez brillaron con luz propia. 

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Las levas heróicas de Igueriben. / Ferrer-Dalmau.

Contexto histórico

El campamento de Igueriben se encontraba a 60 kilómetros de Melilla, al sur del pequeño poblado y valle de Annual, donde se concentraba el grueso de las fuerzas españolas. Desde el 14 al 21 de julio la posición, defendida por el comandante Julio Benítez y 350 hombres, sufrió un asedio extremo.

El 14 de julio los rifeños estaban bien armados, gracias sobre todo al material arrancado de las manos de nuestros compatriotas muertos, y especialmente espoleados por las arengas de sus jefes religiosos. Abd el-Krim, al frente de varias cabilas, iniciaba un ataque y bloqueaba la posición con dos objetivos: cortar los suministros de agua, víveres y munición e impedir que llegaran tropas de refuerzo. El pozo más cercano estaba a varios kilómetros y el asedio les impedía abandonar la posición para hacer el aprovisionamiento, popularmente conocido como “la aguada”. El día 17, mientras los obuses comenzaban a caer dentro del recinto y la carencia de agua se hacía insufrible, llegaba el ansiado convoy. Sería el último. Ya su única esperanza era que desde Annual llegaran tropas de auxilio que rompieran el cerco. El día 21 se revelaba la incapacidad de las fuerzas de Annual de socorrerlos, tras enviar sin éxito hasta cuatro columnas de rescate.

Los ataques del enemigo no sufrieron interrupción alguna, y el comandante Benítez no dejó de alentar a sus hombres, elevando el ánimo y dando ejemplo de virtudes militares. Pese a lo crítico de la situación, todos los defensores depositaron fe ciega en su jefe, sin conato alguno de indisciplina. Un infierno en el que, con un valor sobrehumano, decidieron pelear por mantener la posición hasta las últimas consecuencias. Sabían que era crucial resistir para poner a salvo la vida de los miles de compañeros acantonados en Annual. “Los de Igueriben mueren, pero no se rinden”, fue una de las frases de Benítez para la Historia. De poco serviría su encomiable resistencia, pero ellos entonces no podían saberlo.

El día 21 se revelaba la incapacidad de las fuerzas de Annual de socorrerlos, tras enviar sin éxito hasta cuatro columnas de rescate. Se les ordenó entonces destruir todo el material y unirse a las fuerzas del General Silvestre. Se repartieron los últimos cartuchos, se incendiaron las tiendas, se inutilizó el material artillero y se acometió la salida. Algunas fuentes de la época afirmaron que Benítez llegaría a pedir fuego amigo, en lo que se conoce como las legendarias «doce cargas» —“Solo quedan doce cargas de cañón… Contadlas, y al duodécimo disparo, fuego sobre nosotros, pues moros y españoles estaremos envueltos en la posición”—.

La evacuación se convertiría en una masacre. La mayoría de los oficiales permanecieron en la fortificación, intentando proteger la desesperada salida de sus hombres. El comandante Benítez la abandonaría con el último grupo, y murió tiroteado entre la alambrada y el parapeto. Menos de una decena de soldados lograrían escapar con vida y sufrirían un duro cautiverio hasta ser liberados.

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Fuego sobe Igueriben. / Almuzara.

Una creación literaria desde la óptica de un periodista

Como hemos comentado, pese a ser un capítulo muy doloroso, al aflorar en él situaciones de un heroísmo extremo, Igueriben se ha convertido en un episodio muy difundido, estudiado e incluso se creó en 2021 una gran iconografía. Ferrer-Dalmau, el conocido “Pintor de Batallas” pintaba 'Las levas Heróicas de Igueriben' que por su espectacularidad ha pasado a formar parte del top ten de los cuadros más valorados del artista y la iconografía definitiva del episodio.

Sin embargo, el mundo literario apenas se ha acercado a esta contienda. De ahí la singularidad de la novela de David Gómez 'Fuego sobre Igueriben',  ópera prima premiada con la Novela Histórica de Pozuelo, y editada por Almuzara, es una novela que relega el abordar las responsabilidades de políticos, militares, empresas mineras, ciudadanos y hasta el propio Rey para “fijar el foco en los que murieron allí olvidados, aquellos cuyos nombres borró el tiempo como las arenas del desierto borran las huellas que deja el hombre. Por eso escribí 'Fuego sobre Igueriben', para que no se olvide el sacrificio de unos jóvenes soldados que murieron lejos de su hogar. Que fueron a morir a un lugar al que tal vez no querían ir pero que defendieron hasta el final. Que, pese a la mala salubridad, la escasa alimentación, el pobre equipamiento y el inadecuado armamento, ellos resistieron”, declara David Gómez. Y es que “acercarnos a la Guerra del Rif de 1921 al 1926 puede resultar un ejercicio molesto y doloroso. Sin embargo, es necesario”. 'Fuego sobre Igueriben' cuenta su historia, o mejor dicho las intrahistorias; de los hombres que allí lucharon y perecieron.

Para ello recurre a una visión atípica pero especialmente clarificadora: la óptica de un periodista, alguien ajeno al mundo militar que poco a poco va descubriendo que la guerra no se ve en las fotos de un periódic,o sino en los ojos de un combatiente; y acaba entendiendo que hay banderas, reyes e himnos en una guerra, pero también dolor, muerte, odio y soledad. Y junto a ello,  tres grandes valores: amistad lealtad y dignidad. David Gómez (Linares, 1975)., es ingeniero e investigador apasionado por la historia africanista,  y los últimos años del protectorado en Marruecos. 

Un protagonista singular

Luis Codrán es un joven estudiante de derecho que viajará a Melilla como periodista de La Crónica de España con la intención de enviar las crónicas de los combates en el Rif marroquí entre el ejército español y las cabilas rebeldes de Abd el Krim.«El protagonista procede de una familia burguesa y tiene un concepto idealizado de lo que es el conflicto de Marruecos, pero cuando llega allí se da de bruces con lo que es la realidad de una guerra», dice el autor.

Tomado bajo la protección de un grupo de corresponsales más veteranos, aprenderá el oficio rápidamente. En Melilla conocerá los entresijos de la vida militar: su corrupción, abandono, pero también a hombres íntegros y con honor. Gracias a sus amistades, consigue viajar al frente para poder enviar sus crónicas desde primera línea de combate. Su intención era estar presente en la deseada conquista de la Bahía de Alhucemas por el general Silvestre que iba a tener lugar – si nada lo impedía- el 25 de julio festividad del Apóstol Santiago.

Pero algo sí lo impidió. Abd el Krim tendría otros planes para el Rif. Ya había atacado y vencido a los españoles en Abarrán asestando así un duro golpe a Silvestre y a la moral española. Pero si Abarrán había sido la primera ficha en caer, Igueriben iba a ser la segunda. Luis se trasladará hasta el campamento de Annual, situado en pleno corazón de la cabila de Beni Urriaguel, donde el general está concentrando fuerzas y armamento. Desde allí partirá en un convoy de suministros con el comandante Benítez que tomará el mando de la cercana posición de Kudia Igueriben, una pequeña elevación pedregosa guarnecida por trescientos españoles que sirve de apoyo a Annual.

Allí, el periodista conocerá de primera mano las vidas de los soldados que luchan en el Rif por una España que les ignora, por una España que no conoce de sus sacrificios y penurias. Vivirá con ellos y será testigo del terrible sitio al que sería sometido el campamento español. En un momento dado, tendrá que decidir si debe escribir sobre la batalla o pelear, si escribir sobre la muerte o matar. Sitiados por el enemigo, sin agua, sin víveres, sin municiones, sin medicinas y con el mortífero sol del julio africano, los soldados españoles venden caras sus vidas en el pequeño fortín atrincherados entre sacos terreros y alambre de espino. Soportarán las acometidas de miles de rifeños que saben que Igueriben es la llave para expulsar a los españoles del Rif marroquí. Día tras día los muertos se hacinan en aquel reducto, el hedor a muerte lo invade todo, la locura, la sed, la desesperación y la espera al convoy de rescate hace que cada segundo sea toda una lucha por sobrevivir. El periodista, descubrirá la miseria y la dignidad humana, pero también el auténtico valor de la amistad, el honor y el sentido de la guerra. Con sus crónicas irá contando su viaje al infierno marroquí, pero el lector asistirá a su transformación interior. Pasará a ser parte protagonista de la noticia en vez de ser un testigo externo. Y Codrán llega a la conclusión de que, en las guerras, el hombre mata por sobrevivir y/o por lealtad al que lucha a tu lado.

Y por encima de todo, 'Fuego sobre Igueriben' es un homenaje a Benítez, el heroico Comandante Benítez que no abandonará un segundo a sus soldados, les dará ánimos y fuerza para continuar luchando hasta el final, por su bandera y por cada uno de los trescientos soldados que componen la posición de Igueriben. Siempre y en todo momento estará junto a ellos.@mundiario

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