Albino Prada, autor de El regreso de China, conversa sobre retos globales y la influencia de las potencias
En una entrevista exclusiva para MUNDIARIO, Albino Prada explica la nueva realidad global y la influencia de China a través de su libro El regreso de China, edición de Mundiediciones.
El gigante asiático es una ficha clave en el tablero geopolítico mundial. China hoy en día es capaz de competir comercialmente con EE UU, y las recientes tensiones por las visitas de altos funcionarios norteamericanos a la isla autogobernada de Taiwán son muestra de que Washington lo piensa dos veces sobre sus relaciones con Pekín.
Actualmente ambos países luchan por el dominio de la región del Pacífico, un giro enfocado en la economía que el presidente Joe Biden dio meses después del fracaso de la Cumbre de las Américas en Los Ángeles, cuando evidenció que su influencia en el hemisferio occidental se ha visto erosionado a favor de relaciones más sólidas con China.
En una entrevista exclusiva para MUNDIARIO, el doctor en Ciencias Económicas y profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Vigo, Albino Prada, habla acerca de su libro El regreso de China: ¿Chimérica o telón digital?, una edición de Mundiediciones, explica la importancia de este país y su nueva posición global a través de repasar las claves y analizar la historia del gigante asiático.
– Considera que China es una superpotencia, ¿por qué?
– China es un país de unas dimensiones tan colosales que, aunque no actúe como una superpotencia –como sí hace EE UU y antes otros países occidentales– es determinante de lo que hoy sucede en el conjunto del mundo. Lo quiera o no, yo creo que de momento tiene mucho trabajo interno pendiente, es un actor global determinante.
– En su libro El regreso de China: ¿Chimérica o telón digital? resume las claves más actuales del gigante asiático, ¿cuáles podrían ser?
– Para mí la clave es la disyuntiva entre soberanía nacional y globalización. En los últimos treinta años primó lo segundo sin descuidar lo primero. Pero en los últimos años –y más desde la pandemia y sus dramáticas consecuencias– la globalización neoliberal en la que China veía acelerarse su crecimiento está en cuestión y es ya patente que no hay garantía de soberanía nacional sin una soberanía digital.
– ¿Qué podrán encontrar los lectores en su libro?
– Por un lado, una muy resumida, pero sustantiva, revisión de su historia reciente desde el siglo XV al siglo XX. Por otro lado, las claves que explican su entrada en este siglo XXI. No hay muchos textos que lo resuelvan –espero que bien– en mucho menos de doscientas páginas.
– ¿Qué le motivó como para redactar una obra dedicada a China y su papel mundial?
– Sin duda el observar en mi experiencia profesional como investigador que China era siempre un dato clave a tener en cuenta y sobre la que la información sistemática no abunda. Era el libro que a mí me habría gustado encontrar en una librería sobre el particular.
– Tras el confinamiento por la pandemia de la covid-19 muchos países sufrieron sus consecuencias económicas. ¿Cuáles ha sufrido China, de cuáles se recupera y cuáles tardarán en hacerlo?
– La peor consecuencia global fue el poner encima de la mesa que ningún problema está ya muy lejos. Las cadenas globales de valor y las multinacionales han abierto canales (marítimos y aéreos) en los que no hay compartimentos aislados. Esto es aún más verdad en lo físico que en lo digital. Y eso, como ya dije, cuestiona el encaje que China venía teniendo en la globalización.
– ¿Cuáles son las proyecciones económicas de China para la próxima década?
– En mi opinión China tendrá que combinar su aprovisionamiento global de recursos que no tiene en la medida necesaria (petróleo, cereales, etc.) con un mayor protagonismo de su demanda interna ante el menor dinamismo de la externa. Este año crecerá por encima de la media de los países más ricos y el año 2023 el FMI estima que cuadriplicará el crecimiento de esos países. Pero un 4,4 % para quién venía haciéndolo a tasas del doble obliga a ajustar la combinación de la que hablaba antes.
– ¿Qué papel juega la Nueva Ruta de la Seda en el tablero geopolítico mundial?
– Es una etiqueta de éxito mediático para visualizar el hecho incontestable de que ese inmenso país ya no puede vivir de espaldas al mundo como decidió hacer en el pasado. Su estabilidad política y social, su soberanía incluso, hoy dependen de contar con múltiples socios comerciales en todos los rincones del mundo. Claro que un socio tan gigantesco es difícil que negocie como si no lo fuese. Y otros pretendientes pueden molestarse por el recién llegado.
– ¿Cuál es el rol de América Latina y el Caribe en las relaciones económicas de China? ¿EE UU ha perdido totalmente su influencia sobre su propio hemisferio?
– Estados Unidos está en un momento de inflexión global. Sabe que en lo económico ya no será el actor determinante global en solitario. Y reordena sus piezas para no ser un imperio declinante. Está usando la OTAN en ese juego geoestratégico porque es en lo militar donde su papel global es más prominente. Pero sin duda en esas áreas del continente americano el modelo comercial y social que impulsó EE UU no es una historia de éxitos. No es extraño que vean en China una alternativa, una competencia favorable para hacer negocios.
– La región del Pacífico es un terreno que últimamente disputan Washington y Pekín, ¿a qué se debe?
– Dejando a un lado el tema de Taiwán que es una isla de gran importancia global, pero sin reconocimiento internacional y que debiera seguir los pasos de Macao o Hong-Kong, el estrecho de Malaca es un corredor de comercio global del que depende la seguridad comercial de China. Y es un espacio militarizado en toda esa franja desde Japón hacia el sur por parte de EE UU y sus aliados en la zona. No es extraño que China no esté muy relajada en todo este asunto.
– El Alto Representante de Asuntos Exteriores de la UE, Josep Borrell, hizo una dura crítica contra el club comunitario en la que alegó que la prosperidad europea “está basada en la energía barata de Rusia y las oportunidades de negocio con China”. ¿Cómo valora estas declaraciones?
– El señor Borrell tuvo cierta lucidez como responsable de Hacienda en el Gobierno de España, pero su actual papel en la UE es un lastre para definir un espacio internacional global de la Unión, autónomo de EE UU y de China. Si desde Alemania le ríen estos chascarrillos vamos listos. @mundiario



