Zelenski reaviva la diplomacia con Rusia: ¿puede el ultimátum de Trump marcar la diferencia?
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha relanzado esta semana una ofensiva diplomática destinada a reactivar el proceso de paz con Rusia. Lo ha hecho bajo nuevas circunstancias: la amenaza de sanciones más severas anunciada por el mandatario estadounidense Donald Trump, quien advirtió a Moscú que tiene 50 días para sentarse a negociar o enfrentará un incremento arancelario del 100%. En ese marco, Kiev ha propuesto formalmente al Kremlin una nueva ronda de conversaciones, e insiste en que el proceso debe pasar necesariamente por una reunión directa entre los presidentes de ambos países.
La iniciativa no es nueva, pero llega en un momento de estancamiento en el terreno y creciente presión internacional. Zelenski, en un mensaje transmitido por X, aseguró que “todo debe hacerse para alcanzar un alto el fuego” y que es “necesaria una reunión a nivel de líderes”. La invitación fue enviada oficialmente por el recién designado secretario del Consejo de Seguridad y Defensa, Rustem Umerov, quien ya participó en las rondas previas de negociaciones realizadas en Estambul. Aquellas reuniones lograron intercambios significativos de prisioneros, pero no acercaron posiciones respecto a un alto el fuego ni a una solución duradera al conflicto.
Zelenski ha reiterado que Ucrania está dispuesta a negociar, pero solo si Rusia abandona sus ataques por medio de una tregua. En las conversaciones anteriores, Moscú insistió en condiciones maximalistas, como la cesión territorial y el fin de la ayuda militar occidental a Kiev, lo que llevó al Gobierno ucraniano a calificar dichas exigencias como inaceptables.
La situación en el frente de batalla, sin embargo, contradice los gestos diplomáticos. Mientras Ucrania impulsa una vía política, Rusia mantiene su campaña ofensiva. El pasado fin de semana, más de 300 drones y 30 misiles fueron lanzados contra ciudades ucranianas, incluyendo la ciudad portuaria de Odesa, donde murieron al menos una persona y seis resultaron heridas. Los ataques continúan a pesar del mensaje público de Trump, quien, tras endurecer su discurso frente al Kremlin, apeló directamente a ambas partes para que se sienten a la mesa “ahora mismo, antes de que sea demasiado tarde”.
Desde Moscú, la respuesta ha sido cautelosa. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que el presidente Vladímir Putin está dispuesto a continuar el proceso negociador, pero subrayó que los objetivos de Rusia “siguen siendo claros” y que no se alcanzará ningún acuerdo que los contradiga. Peskov también relativizó el ultimátum de Trump, aludiendo al tono habitual del presidente estadounidense, que calificó de “duro pero familiar”.
La posición de Rusia, en esencia, no ha variado: mantiene su agenda estratégica y responde a los llamamientos internacionales al diálogo con un discurso dilatorio que acepta la posibilidad de negociar, pero sin modificar sus condiciones. Mientras tanto, la ofensiva sobre Ucrania continúa e intensifica.
En paralelo, Zelenski no ha dejado de presionar a sus aliados. Ha instado a que el 18.º paquete de sanciones aprobado por la Unión Europea se extienda a otros países no comunitarios que apoyan a Ucrania. También señaló que existen acuerdos bilaterales con Trump sobre armamento y exportación de drones que deberían implementarse con urgencia. Kiev vuelve a demostrar que el Kremlin no está dispuesto a frenar la guerra; sin embargo, esta vez Zelenski señala que el probable rechazo de Moscú podría ocurrir dentro del plazo establecido por Trump.
En este escenario, el nuevo intento de reactivar las conversaciones parece una jugada política para reposicionar a Ucrania como actor dispuesto a negociar, mientras se mantiene firme ante las exigencias rusas. La propuesta de Zelenski de una cumbre de líderes busca romper el bloqueo político que ha impedido avances significativos en rondas anteriores con las delegaciones que Rusia ha enviado, compuestas por representantes de menor jerarquía.
A día de hoy, la diplomacia parece un canal abierto pero no prioritario para el Kremlin. El reloj del ultimátum de Trump sigue corriendo, y aunque introduce una nueva variable en el tablero geopolítico, no ha alterado el cálculo estratégico de Rusia, al menos por ahora. Zelenski, por su parte, continúa apostando por una estrategia dual que combina la diplomacia internacional con la resistencia militar, en espera de que la presión externa logre lo que las armas aún no han conseguido: silenciar el frente. @mundiario


