Von der Leyen ante la moción de censura: grietas en el liderazgo de la cúpula de Bruselas
La moción de censura impulsada esta semana contra Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, no tendría posibilidades reales de prosperar. Requeriría una mayoría de dos tercios en el Parlamento Europeo, una barrera infranqueable dadas las actuales correlaciones de fuerzas.
Sin embargo, el solo hecho de que haya llegado tan lejos y generado tanta tensión interna en los grupos parlamentarios arroja señales preocupantes sobre el futuro político de la funcionaria más poderosa de la Unión Europea. Más allá del resultado, la tramitación de la moción, impulsada por el rumano ultra Gheorge Piperea que milita en el grupo Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), ha dejado al descubierto un liderazgo erosionado por la desconfianza de sus propios aliados, la presión de los extremos y una Europa que transita un nuevo equilibrio de poder.
El detonante visible de la moción fue el descontento de los grupos socialistas y liberales, molestos por la falta de compromisos firmes de Von der Leyen respecto al próximo presupuesto plurianual de la UE. En particular, cuestionan la posible reducción del Fondo Social Europeo, una herramienta clave para combatir la pobreza y apoyar a los colectivos más vulnerables del continente.
Pero más allá del desacuerdo presupuestario, lo que ha aflorado es una desconfianza más profunda hacia su estilo de gestión. La falta de transparencia durante la pandemia, especialmente sus comunicaciones privadas con el CEO de Pfizer, aún no aclaradas del todo, ha sumado al hartazgo de muchos eurodiputados.
Von der Leyen ha intentado contener la rebelión con concesiones, como garantizar que los fondos regionales se seguirán entregando directamente a las autoridades locales —y no a los Gobiernos nacionales—, una medida destinada a frenar la concentración de poder en manos de líderes como el primer ministro de Hungría Viktor Orbán. Sin embargo, la jugada fue vista por muchos como tardía e insuficiente.
El papel clave de los conservadores y las fracturas en ECR
Uno de los elementos más ilustrativos del actual panorama europeo ha sido la división interna en el grupo de los ECR. Aunque los polacos de Ley y Justicia (PiS) y los rumanos del partido Alianza por la Unión de los Rumanos (AUR) promovieron la moción contra von der Leyen, Hermanos de Italia —el partido de la primera ministra Giorgia Meloni— rompió filas y se posicionó en contra de la destitución. El eurodiputado Nicola Procaccini, copresidente del grupo, llegó incluso a ridiculizar públicamente a sus colegas conservadores por “regalar una victoria política” a sus adversarios.
Este enfrentamiento evidencia las tensiones entre dos almas del ECR: una corriente más euroescéptica y disruptiva, encabezada por los polacos y rumanos, y otra más pragmática y proatlántica, que Meloni ha encarnado desde su llegada al poder en Italia. La sintonía entre la primera ministra italiana y von der Leyen ha sido creciente, sobre todo en materia de política migratoria, defensa y alineamiento con la OTAN. Para Meloni, en este momento, mantener canales de cooperación con Bruselas es más rentable que desestabilizar el statu quo.
Orbán agita las aguas
En paralelo, el primer ministro húngaro ha aprovechado el revuelo para alimentar su narrativa contra la Comisión Europea. En sus redes sociales celebró el debate como el principio del fin de Von der Leyen, acusándola no solo de corrupción, sino de haber perdido la capacidad de liderar. Sus críticas se producen justo después de que la Comisión haya vuelto a presionar a Budapest con recomendaciones específicas, en el contexto del bloqueo de fondos europeos por violaciones al Estado de derecho. En la lógica de Orbán, desgastar a von der Leyen es una forma de debilitar el control de Bruselas sobre los gobiernos más díscolos.
Aunque la moción de censura será derrotada en términos formales, el precio político para Ursula von der Leyen es alto. Ha tenido que ofrecer concesiones y capear divisiones internas en su propia coalición informal.
La presidenta ha demostrado, una vez más, su resiliencia. Ha sobrevivido a escándalos, crisis geopolíticas y a una pandemia sin precedentes. Pero su liderazgo ya no descansa sobre una mayoría clara, sino sobre una geometría variable de alianzas que se tensan al menor contratiempo. @mundiario