La UE mantiene su línea: transición pacífica en Venezuela y rechazo a la legitimidad de Maduro

Bruselas opta por un mensaje contenido, centrado en la defensa del derecho internacional y la llamada a la desescalada, sin mencionar de forma explícita ni la intervención de EE UU en Venezuela.
Kaja Kallas, Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. / Consejo Europeo
Kaja Kallas, Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. / Consejo Europeo

La Unión Europea ha reaccionado con cautela a la captura de Nicolás Maduro en una operación militar liderada por Estados Unidos. Bruselas ha optado por un mensaje contenido, centrado en la defensa del derecho internacional y la llamada a la desescalada, sin mencionar de forma explícita ni la intervención ordenada por Donald Trump ni la detención del mandatario chavista.

La respuesta comunitaria ha llegado de la mano de la alta representante para Política Exterior y Seguridad de la UE, Kaja Kallas, quien este sábado ha asegurado que la Unión observa “muy de cerca” la situación en Venezuela y ha subrayado la necesidad de respetar “los principios del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas”. En un breve comunicado difundido en redes sociales, la jefa de la diplomacia europea ha reiterado que la UE considera que Maduro “carece de legitimidad” y que siempre ha defendido una transición pacífica en el país sudamericano.

Kallas ha mantenido además una conversación con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en un contexto especialmente delicado para la política exterior europea, marcada por su dependencia estratégica de Washington en la guerra de Ucrania.

El factor Ucrania, clave en la prudencia europea

El énfasis de Bruselas en el respeto al derecho internacional no es neutro ni casual. Una acción unilateral como la emprendida por Estados Unidos en Venezuela puede ser utilizada por Moscú o Pekín para justificar sus propias aspiraciones territoriales en Ucrania o Taiwán. En ese delicado equilibrio se mueve la UE: evitar cualquier aval implícito a una intervención militar sin mandato internacional, sin romper al mismo tiempo con su principal aliado en suelo europeo.

Ese mismo tono ha sido replicado por el presidente del Consejo Europeo, António Costa, quien ha afirmado que sigue la situación “con gran preocupación” y ha instado a una solución que respete plenamente la legalidad internacional. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha difundido un mensaje idéntico, un cierre de filas poco habitual en la comunicación institucional europea que evidencia la sensibilidad del momento.

Bruselas trata así de conjugar tres objetivos: reafirmar su rechazo a Maduro, mantener su discurso normativo sobre el orden internacional y evitar un choque frontal con Estados Unidos en plena guerra de Ucrania.

Las capitales europeas, alineadas con la cautela

La mayoría de las capitales europeas han seguido una línea similar. España ha ido un paso más allá al reclamar explícitamente la “desescalada”, mientras que Italia y Bélgica se han limitado a señalar que siguen los acontecimientos con atención, sin entrar en valoraciones políticas ni jurídicas. Por ahora, no hay condena formal al paso dado por Washington, ni indicios de que vaya a producirse a corto plazo.

Este silencio relativo contrasta con la dureza de algunas voces en el Parlamento Europeo. La presidenta del grupo de Socialistas y Demócratas, la eurodiputada española Iratxe García Pérez, ha calificado la situación de “profundamente alarmante” y ha advertido de que “la democracia nunca se construye con bombas ni por la fuerza”. García ha reclamado que sea la Unión Europea la que lidere una eventual transición en Venezuela mediante el diálogo y la mediación.

La captura de Maduro coloca a la UE ante una de sus contradicciones estructurales: defender un orden internacional basado en normas mientras gestiona una alianza estratégica con una potencia dispuesta a actuar al margen de ellas. Por ahora, Bruselas ha optado por la prudencia, consciente de que cualquier palabra de más puede tener efectos que van mucho más allá de Venezuela. @mundiario

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